CICLO “FRENTE AL MAR”: Programa 1 Temporada 25-26

Nov 14, 2025

Nachricht – Novosti

Lugar: Auditorio Edgar Neville, Málaga.
Evento: Concierto: música sinfónica
Programa: Sinfonía Concertante en Mi bemol mayor, K364 (W. A. Mozart) / Concierto Nº 2 para piano y orquesta en Do menor, Op. 18. (Sergei Rachmaninov)
Intérpretes: Violín: Martina Moliner. Viola: Pablo Beltrán. Piano: Carla Román. Orquesta Filarmónica de Málaga (OFM). Dirección; José María Moreno. Divulgadora; Ana Laura Iglesias. 
Fecha: 07/11/25

Por: Abraham Quero

© Cortesía Orquesta Filarmónica de Málaga

Dos son las novedades que incluía la apertura de esta nueva temporada de la OFM. Por un lado, el nuevo formato de las notas de programa, más reducido y sólido, y, por otro, y relacionado con este punto, la presencia de Ana Laura Iglesias, violonchelista y divulgadora, quien protagonizó una introducción hablada al concierto que situaba al oyente en el contexto de las obras. Tras proporcionar un apunte de los compositores y su música, dio paso a la música y sus protagonistas. En definitiva, si se trata de innovar, que sea al menos para sumar, y no al contrario.

Y puestos a escuchar novedades, la propia Sinfonía Concertante, en cierta medida, también lo es. Este género que usaba dos o más instrumentos como solistas, se conoció ampliamente en el siglo XIX como doble concierto. Es curioso como Mozart presenta la escritura de la viola en re mayor (medio tono por debajo de la pieza), lo que obliga al instrumento a afinar un semitono más arriba, confiriendo a éste un timbre más semejante al del violín y una presencia que deja a un lado el papel secundario de la viola. Mozart divide la sección de violas en dos, proporcionando diferentes melodías y en ausencia de instrumentos de viento o percusión, realza la creatividad del conjunto orquestal y dual de forma extraordinaria.

El Allegro, delicado a la vez que grandioso, comporta un engranaje de melodías que mantienen una atmósfera límpida y jubilosa. Mejorable la intervención inicial de la dirección, que quizás potenció el tempo más de lo debido, pero que logró mimetizar proponiendo una corporeidad más refinada. Desde los primeros solos y cadencias pudo apreciarse la templanza de ambos solistas, quienes mantuvieron un diálogo elocuente defendido con claridad. La culminación tuvo lugar en el Andante, donde Mozart resalta el amor y el dolor hacia una madre que ya no está y que le insufló lamento, angustia. Se trata de un abrazo instrumental en que la música casi alcanza la espiritualidad, llegando hasta el cielo y devolviendo una luminosidad para una mente clara y lúcida que es reconducida en el último movimiento. Se apreció en este punto una orquesta hecha a medida de los solistas. Ella (Martina Moliner) eléctrica, confiada y afinada en su propuesta; él (Pablo Beltrán), pura alma al servicio de lo musical, atento, afectuoso y cordial. El resultado final fue un bis a dúo del primer movimiento de la Sonata nº2 de Bruni.

La segunda parte comenzaba con la presentación de algunos temas principales del Concierto Nº 2 para piano y orquesta en Do menor de Rachmaninov, una de las obras que alcanzan otra dimensión más allá de lo estrictamente musical. Dedica este concierto al Doctor Nikolai Dahl, persona que lo apartó de una profunda depresión tras el estreno desastroso de su primera Sinfonía. Es suficiente la escucha del primer minuto y medio para comprender la fuerza desgarradora con que se desarrolla el concierto y el porqué de su trascendencia. 

Iniciaba el primer movimiento algo desajustado. Una orquesta, que en volumen comenzaba por encima de un piano al que se le puso un velo desde el principio por lo que la sincronía no era la misma y la orquesta iba ligeramente adelantada. Carla Román presentó un segundo movimiento más convincente, además de proponer una escucha original en la que quiso resaltar el registro central. Sugirió notas de contraste sobre la línea melódica principal, sobre todo en las partes de solo, lo cual denotaba un estudio inteligente y sutil. La atmósfera cambiaba y la música se depositaba en la butaca como una pluma sin rumbo. El sentimiento del oyente se estremeció, lo apasionado y la incertidumbre iban y venían, y su mezcla daba lugar a la disolución pretendida; el sosiego después de la inquietud y la duda. Como un torrente irreversible de notas, orquesta y piano mostraron mayor expresividad en el tercer movimiento con un tempo comedido, lo que favoreció un análisis en tiempo real, sin prisas. 

Tres fueron los jóvenes que pisaron las tablas este viernes pasado. Tres promesas nacionales que siguen agregando éxito a su carrera artística. Gracias, por tanto. 

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