
Foto: Dolores Iglesias Fernández – Archivo Fundación Juan March
Lugar: Fundación Juan March (Madrid)
Formato: Concierto didáctico
Programa: En el salón de una mecenas: clásicos y populares en el siglo XVIII
Intérpretes: Ana Hernández-Sanchiz y Anacronía
Fecha: 14 de diciembre de 2024
Por: Alessandro Pierozzi
No es sencillo hacer buena divulgación en cualquier terreno sobre el que nos movamos. En eso debemos aún aprender y practicar mucho respecto a culturas como la anglosajona, por ejemplo.
En el caso que aquí nos trae, el de la divulgación musical, sí hay que reconocer que se está avanzando mucho y bien. Es indudable que la progresión en el mundo de la interpretación y los estudios de musicología, así como en la difusión de todo lo relacionado con el mundo de la música están aportando mucho y bueno, algo que debemos celebrar y agradecer. Es una obviedad. Diferentes fórmulas e ideas se van sumando a este viaje: conciertos, festivales, jornadas, sesiones, publicaciones, grabaciones, congresos…cuanto más, mejor y si es de calidad, pues miel sobre hojuelas.
Un ejemplo fue, como rezaba en el programa de mano de la Fundación Juan March, la “fantasía anacrónica en cuatro jornadas”, titulada En el salón de una mecenas: clásicos y populares en el siglo XVIII. Un concierto didáctico “para todos los públicos” con un claro objetivo educativo –siempre muy necesario para “todos esos públicos” porque uno nunca acaba de aprender y siempre debe desear seguir aprendiendo––.
Con un formato sencillo, pero convincente en cuanto a mensaje y puesta en escena, Ana Hernández-Sanchiz (en el papel de María Francisca de Solís y Fresneda, duquesa de Campomayor) y el grupo Anacronía nos trasladaron desde el siglo XXI al mundo cultural del siglo XVIII, del mecenazgo, del amor por el arte, la música, la organización de unos juegos florales, el apoyo a nuevas propuestas artísticas…
Un asunto que no debería ser menor si pensamos que muchas de las propuestas culturales actuales se basan en periodos como el clásico. Quizás con sus semejanzas y sus diferencias, pero, en ambos casos, nada alejado del objetivo común que es y era hacer de las artes el escaparate perfecto para enriquecerse emocionalmente y mostrarse, de cara a los demás, con un mensaje bello y una actitud diferenciadora.

Foto: Dolores Iglesias Fernández – Archivo Fundación Juan March
Por ello, es muy loable e interesante la propuesta porque la calidad de los intérpretes y el repertorio elegido son la premisa perfecta para traernos en todo su esplendor ese siglo XVIII hasta nuestros días. A través de un guion bien hilado, entretenido y con mensajes muy claros (como el de la proyección de la figura de la mujer ante los atropellos de los hombres), introducido por la narradora Ana Hernández –quien mostró claridad, empatía y clase–, se van sucediendo una serie de obras y momentos musicales que giran alrededor de la órbita de la compositora hispano-vienesa Marianna Von Martinez (bonita propuesta la de convertirla en el núcleo discursivo como ganadora de un concurso de composición), incluyendo piezas de Haydn, los Bach (Johann Sebastian y Carl Philipp Emanuel), Handel, Petzold o Boccherini e, incluso, una selección de variaciones sobre el Cumpleaños feliz de un autor contemporáneo como Heidrich. El subtítulo de “clásicos y populares” ayuda a abrir claramente la puerta para interactuar con el público, interpelándole a la hora de tararear algunas estrofas sobre músicas de estos grandes genios y, en cierta medida, romper (popularizar) ese hielo que parece alejarnos en tantas ocasiones de la llamada “música clásica”.
Anacronía es un conjunto joven, muy joven y dinámico, pero con las ideas claras, muy claras. La formación es el convidado perfecto con su (bi)formación, barroca y clásica, y con las costuras bien remendadas –al igual que otros conjuntos de la nueva escuela interpretativa española que tantos triunfos está cosechando–, desde el violín barroco y viola da braccio hasta el clave y viola da gamba pasando por el traverso. Todos los solistas mostraron un altísimo nivel en una fiel lectura historicista de las partituras seleccionadas, terminando con la versión del conocidísimo Fandango del Quinteto para guitarra y cuerdas de Boccherini al que le sobró el acompañamiento, demasiado plano, de las castañuelas.
Son miles los conciertos que se han programado a lo largo de décadas en la Fundación Juan March. Un género tan necesario como inagotable. Un viaje musical de ida y vuelta entre periodos, géneros, temas y generaciones de intérpretes y oyentes. Quizás pase en ocasiones desapercibido, pero desde estas líneas solo queda agradecer y felicitarse porque la institución continúe por mucho tiempo con una apuesta tan fiel, amable y necesaria.
