¡Encantado, Harold!

Ene 20, 2025

La Sylphide: entre lo terrenal y lo etéreo

©Archivo OSCYL

Lugar: Auditorio Nacional
Evento: Concierto sinfónico
Programa: Harold en Italia, op.16 (Hector Berlioz) y Sinfonía Manfred, op. 58 (Piotr Ílich Chaikovski)
Intérpretes: Orquesta sinfónica de Castilla y León (OSCYL), Thierry Fischer (director) y Antoine Tamestit (viola)
Fecha: 19 de enero de 2025

Autor: Martín Pinillos Sáenz

Lord Byron sigue siendo hoy en día una figura polémica y tenebrosa. Su obra sigue viva y muestra de ello es el concierto que realizó la OSCYL bajo la batuta de Thierry Fischer y de la mano del violista Antoine Tamestit.

El concierto comenzaba con Harold en Italia sin el solista sobre el escenario. Ante un público expectante el solista aparecía por una de las puertas laterales. Antoine Tamestit no solo venía a tocar al viola sino a actuar sobre el escenario del Auditorio Nacional. El ambiente generado gracias a su magnífica actuación (considero la palabra más adecuada) ha permitido que el público pudiese encontrar aún más sentido a esta obra programática. Muy posiblemente, Berlioz hubiese aprobado esta valentía del solista, quien, sin inmutarse, viola en mano, se movía por todo el escenario. Subía al atrio del director, caminaba entre atriles, subía a la percusión y tocaba junto a la arpista. Realmente Antoine Tamestit ha elevado hoy en el auditorio el concepto de la interpretación y ha construido un vínculo tan fuerte con la música que ni las –fortísimas– toses de un público extremadamente ruidoso han podido romperlo. La interpretación de –su– Harold en Italia ha sido magnífica, así lo han demostrado los sendos aplausos recibidos al finalizar la obra. Como regalo al público ha interpretado el Preludio de la Suite nº1 para cello BWV 1007 de Johann Sebastian Bach.

Foto de Kazuo ota en Unsplash

©Archivo OSCYL

Tras un contemplativo descanso en el que todavía estaba masticando el reaprendizaje de una obra que creía conocer, tocaba volver a la butaca. Era el turno de la Sinfonía Manfred, que parece estar de moda en los auditorios madrileños este curso. No son pocas las voces que ven esta sinfonía con ojos críticos. Muchas de sus secciones parecen carecer de sentido entre sí. Su estilo lúgubre y denso, junto a una duración extensa, quizás no han ayudado para la fama de esta obra. La OSCYL, bajo la batuta de Thierry Fischer, ha sabido interpretarla de manera virtuosa, es decir, haciendo fácil lo difícil. Han hecho de una sinfonía densa una música elaborada pero fácil de escuchar y disfrutar. Dar mi enhorabuena a una sección de maderas que ha sabido hacer música de cámara en las secciones en las que Chaikovski demuestra su maestría de lanzar motivos a una velocidad endemoniada. Y como siempre con el compositor ruso la trompa ha tenido un papel protagonista hoy de la mano de José María Asensi que ha interpretado con gran maestría.

Foto de Kazuo ota en Unsplash

©Archivo OSCYL

Tras un bellísimo coral de órgano, que ha hecho girar las cabezas de los más despistados, ha terminado este concierto. Han sido muchos, y merecidos, los aplausos que ha recibido la OSCYL. A mi parecer, Antoine Tamestit con Harold en Italia ha acabado por eclipsar al gigante ruso. Sin embargo, la orquesta se ha mostrado dócil, siempre con sonrisas entre filas y muy competente. Hoy he vuelto a conocer a un gran amigo. ¡Encantado, Harold!

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