Como músicos, debemos ser conscientes de las necesidades de los nuevos públicos y saber adaptarnos

© Tom Bangbala
Jon Malaxetxebarria ha desarrollado su carrera como director en Inglaterra y España. Recientemente ha dirigido el estreno de la ópera Saturraran, del compositor Juan Carlos Pérez y de la zarzuela Mari-Eli, del compositor Jesús Guridi. Ambos proyectos se han caracterizado por el afán de promover nueva música que suene en la villa de Bilbao. Agradecemos su disposición a realizar esta entrevista.
En menos de un año has dirigido en el mismo escenario una ópera de estreno, Saturraran, y el reestreno de una zarzuela, Mari-Eli. ¿Cómo es tu proceso de estudio para poder enfocar la dirección de cada una?
A priori, el proceso de estudio para ambas obras es bastante similar. El primer paso con una obra escénica siempre es construir la escena a través del libreto. Así se le da carácter a cada momento y, además, se construye la psicología de cada personaje. En el plano musical, la preparación de Saturraran fue bastante ardua porque la partitura era muy difícil de memorizar. Las voces se basaban en series de doce tonos que se repetían constantemente y el texto no se correspondía con ellas. Además, las partes eran independientes entre sí, la parte orquestal estaba unida al subconsciente y la escena, mientras que la parte vocal se desarrollaba de forma independiente.
Mari-Eli era totalmente opuesta. La parte melódica está doblada en la orquesta como es habitual en muchas zarzuelas por lo que el estudio y la memorización de la música iban de la mano. Después, siempre viene un trabajo en profundidad en el que busco el sonido de cada momento. Evidentemente, hay un trasfondo de investigación muy necesario en el que se contextualiza la obra también dentro del catálogo del compositor y del contexto histórico-social.
Ambos proyectos parecen tener un enfoque similar, ya que se trata de una obra de estreno y de una recuperación de repertorio. Sin embargo, son obras que a nivel sonoro son radicalmente distintas. ¿Cómo describirías cada una?
La orquestación de Guridi se acerca más al estilo wagneriano con un sonido más pleno. Sin embargo, la característica principal en Guridi es la introducción de elementos folclóricos. Su objetivo es llevar el folclore a un nivel sinfónico. Es por ello por lo que no se deben banalizar los motivos de hacerlos sonar «populares». Saturraran tiene un sonido más percusivo, en la línea de Stravinsky o de la Segunda escuela de Viena, mezclado con otros muchos estilos de escritura. Es una obra muy interesante en su concepción puesto que el trabajo sonoro era muy grande, uniendo directamente las ideas escénicas con la producción sonora. Y también es una obra muy efectista.
Hablabas del estudio del libreto para construir la psicología de los personajes, ¿consideras que se deben reinterpretar las obras?
Por supuesto, Mari-Eli es un claro ejemplo. Su personaje está totalmente desfasado hoy en día y, además, es un libreto profundamente machista con chistes sin gracia por su carácter ofensivo. En vez de entender a Mari-Eli como una mujer poco inteligente que no sabe elegir –como parece expresar el libreto–, la reinterpretamos como una mujer obligada a casarse con alguien a quien no ama.
En el caso de Saturraran, el libreto es bastante más cercano a nuestro tiempo por lo que no se hace ninguna reinterpretación. Su historia cuenta el efecto de las drogas en los pueblos costeros donde se perdió una generación entera. Con Juan Carlos Pérez tuve mucha facilidad, porque al final tenía línea directa con el compositor, lo que me ayudó a entender mejor a cada uno de los personajes. Pero tuve libertad para desarrollar mi idea musical.

© Tom Bangbala
En el reestreno de Mari-Eli la orquesta tocó sobre el escenario. La apuesta parecía casi metafórica al situar a la orquesta en el centro de la escena. Viendo la complejidad de la escena, ¿cómo fue salir del foso?
Sin duda es una puesta en valor del sonido sinfónico. Calixto Bieito conoce bien el teatro y apostó por utilizar parte de la concha acústica. Fue consciente de que gran parte del valor estaba en la partitura orquestal y al situarla en el escenario, elevada y con la concha, ayudó a realzar el sonido. Claro que para mí suponía un gran reto, ya que no tenía contacto con los cantantes. Contaba con un pequeño retorno, pero esto no me permitía ofrecerles demasiada libertad interpretativa. Obligó a realizar un mayor trabajo de conjunto. Pero la tarea más difícil cayó sobre los cantantes, porque en vez de nosotros ir con ellos, tuvieron que adaptarse a nosotros. Es cierto que, al final, el resultado fue muy positivo, ya que realzó el sonido de la orquesta y le dio más sentido y colorido.
Después de haber comentado sobre el estreno de una ópera y el reestreno de una zarzuela, sorprende que la recuperación de repertorio o el estreno de obras nuevas sean una novedad. ¿Cuáles sientes que son los retos de la escena musical actual?
Estamos en un momento de transición en el mundo sinfónico. Por una parte, muchas orquestas de este país están experimentando un cambio generacional, y, en la actualidad son más jóvenes de lo que eran hace unos años. Son músicos muy preparados. También está cambiando la gestión de las orquestas. En su mayoría son entes públicos, y así deben seguir siendo, pues garantizan el acceso universal a la cultura. Y es cierto que quizás debería ser más accesible. La gestión debe buscar la manera de mover a la orquesta, sacar a la orquesta a nuevos espacios.
El reto principal será mantener la continuidad de las orquestas puesto que su política está derivando hacia un modelo capitalista, influido por países anglosajones y americanos. Este modelo se basa en justificar las orquestas únicamente por un criterio económico. Al final, hay que justificar la existencia de la orquesta por el enriquecimiento cultural que ofrece a la sociedad. No me preocupa la supervivencia de la música sinfónica. Llevamos lamentándonos por la falta de gente los últimos 50 años. Los números no son fantásticos, pero no decaen. Como músicos, debemos ser conscientes de las necesidades de los nuevos públicos y saber adaptarnos.

©Tom Bangbala
