La Forza de lo bien hecho

Oct 30, 2025

Lugar: Euskalduna Bilbao.
Evento: Temporada de ABAO Bilbao Opera.
Artistas: Carmen Solís (Leonora), Angelo Villari (Don Alvaro), Juan Jesús Rodríguez (Don Carlo di Vargas), Ketevan Kemoklidze (Preziosilla), Manuel Fuentes (Il Marchese di Calatrava / Padre Guardiano), Luis Cansino (Fra Melitone). Dirección musical: Lorenzo Passerini. Orquesta: Euskadiko Orkestra. Dirección de escena: Ignacio García. Escenografía: Tiziano Santi. Vestuario: Ignacio García. Iluminación: Florencio Ortiz. Coro de Ópera de Bilbao, dirección de Esteban Urzelai.
Fecha: 25 de octubre de 2025.
Obra: La forza del destino, ópera en cuatro actos de Giuseppe Verdi.

Autor: Pablo Jerez 

© E. Moreno Esquibel

La ABAO inauguró la temporada con una Forza del destino de gran pulso musical, sostenida desde el primer compás por la batuta de Lorenzo Passerini. Lo que ofreció no fue solo una lectura limpia, sino una arquitectura dramática bien pensada, donde la orquesta respiraba con intención y los clímax no se forzaban: crecían. La Euskadiko Orkestra sonó con relieve, hondura y flexibilidad, logrando que la partitura se desplegara con una naturalidad que pocas veces se escucha en una primera función de temporada.

El reparto vocal estuvo a la altura del desafío. Carmen Solís firmó una Leonora intensa, contenida y noble, capaz de sostener línea y emoción sin desbordarse, y alcanzó uno de los momentos culminantes de la noche con un “Pace, pace, mio Dio” que arrancó una ovación franca en el teatro, tanto por volumen como por legitimidad expresiva. Angelo Villari dio un Don Alvaro de gran proyección y entrega, mientras Juan Jesús Rodríguez construyó un Don Carlo feroz y a la vez inteligible en su violencia interior. A ellos se sumó la magnética Preziosilla de Ketevan Kemoklidze, completando un cuarteto protagonista sólido y equilibrado.

Los secundarios reforzaron esa solidez dramatúrgica: Manuel Fuentes afrontó con solvencia su doble presencia como Marchese di Calatrava y Padre Guardiano, y Luis Cansino aportó un Fra Melitone con relieve escénico sin caer en el trazo grueso. El Coro de Ópera de Bilbao mantuvo un nivel sobresaliente, especialmente en los números más extensos, formando un conjunto solvente, donde la homogeneidad y la intención dramática se hicieron notar.

La propuesta escénica de Ignacio García presenta imágenes de gran impacto a través del doble plano ideado por Tiziano Santi —hospital de guerra en plano inferior y superficie como campo de batalla / convento—, pero el anclaje en la Guerra Civil española no termina de encontrar una correspondencia clara con la fatalidad metafísica que vertebra la ópera. La idea es sugerente, pero la traslación literal restringe el alcance simbólico en lugar de ampliarlo.

Aun así, la música terminó imponiéndose sobre cualquier duda dramatúrgica. El punto de comunión entre escena y foso llegó sin duda en el gran dúo “Solenne in quest’ora”, donde Villari y Rodríguez desencadenaron el aplauso -sincero, rotundo- inmediato, uno de esos momentos en que la tensión verbal y el empaste vocal confluyen y el público responde sin esperar al final. Fue allí donde la velada adquirió su temperatura verdadera: la del Verdi que se encarna, no solo se interpreta.

Por todo ello, esta inauguración de temporada dejó un poso memorable. Celebrada además en el Día Mundial de la Ópera, la función tuvo un significado añadido: lo que se escuchó no fue solo repertorio, sino presencia cultural. Y sí, mereció la pena volar tres horas desde Canarias para estar allí, porque hay noches en las que la ópera todavía justifica el viaje, la espera y la memoria.

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