Un homenaje a Falla sin el voltaje emocional esperado

Ene 12, 2026

Lugar: Auditorio de Tenerife, Sala Sinfónica.
Evento: Inauguración en Tenerife del 42º Festival de Música de Canarias.
Artistas: Iván Martín (piano), Esperanza Fernández (cantaora), Raquel Lojendio (soprano), María Alba Cruz Batista (mezzo), Cristina Faus (mezzo), Airam Hernández (tenor), Juan Antonio Sanabria (tenor), Fernando Campero (barítono), Rubén Amoretti (bajo). Dirección musical: Christoph König. Orquesta Sinfónica de RTVE. Coro de RTVE.
Fecha: 9 de enero de 2026.
Obras: Noches en los jardines de España y La vida Breve, de Manuel de Falla.

Autor: Pablo Jerez

© Fiorella Licandro

La inauguración en Tenerife del 42º Festival Internacional de Música de Canarias se produjo con una buena entrada en el Auditorio y con un programa de fuerte carga simbólica. La conmemoración del 150 aniversario del nacimiento de Manuel de Falla otorgaba a la velada una dimensión histórica añadida, no solo como homenaje, sino como declaración de intenciones sobre el lugar que ocupa el compositor gaditano en el canon musical español y europeo del siglo XX. Precisamente por ello, el listón de exigencia debía situarse alto.

En Noches en los jardines de España, obra que marca el tránsito de Falla hacia una síntesis personal entre impresionismo francés y raíz andaluza, la interpretación de la Orquesta de RTVE adoleció de una falta de sutileza que resulta especialmente problemática en una partitura concebida como evocación y no como discurso virtuoso. El tratamiento del color orquestal, elemento central de estas “impresiones sinfónicas”, sonó mecánico, poco flexible, como ejecutado desde la memoria más que desde la escucha activa. Iván Martín, en cambio, pareció habitar con mayor naturalidad ese espacio intermedio entre precisión y sugerencia, comprendiendo mejor el carácter poético y no descriptivo que Falla exige.

La orquesta fue claramente de menos a más, alcanzando su mejor equilibrio en el tramo final de En el Generalife, donde empezó a respirarse una mayor integración entre piano y masa orquestal. Aun así, el conjunto no terminó de encontrar esa atmósfera suspendida que convierte esta obra en una de las grandes cumbres del repertorio pianístico-orquestal del siglo XX. En En los jardines de la Sierra de Córdoba se apreció un mayor empaste y una mejor respuesta al discurso del solista, con Iván Martín especialmente inspirado en el manejo del color y del matiz. El final, sin embargo, resultó algo descuidado, cerrando una versión correcta, bien armada técnicamente, pero incapaz de emocionar. No fue casual que los aplausos se dirigieran mayoritariamente al pianista y que, en una plaza tan propensa al entusiasmo como Tenerife, no se produjera la habitual cascada de “bravos”.

La segunda parte del programa, La vida breve, situaba el foco en el Falla más comprometido con la renovación de la ópera española, en diálogo con las tradiciones italiana, francesa y wagneriana, pero también con el ideario de Felipe Pedrell y la recuperación ética del folclore. Se anunció por megafonía la ligera indisposición de Raquel Lojendio, quien decidió actuar por tratarse de la inauguración del Festival en Tenerife. Su entrega al papel fue incuestionable y, más allá de alguna cautela comprensible, la indisposición no se tradujo en una merma evidente de su desempeño escénico y vocal.

El Coro ofreció un nivel muy sólido, elemento esencial en una partitura donde la dimensión colectiva y ritual es clave, aunque se percibieron pequeños desajustes en algunos solistas. El tenor y la mezzo cumplieron con solvencia, mientras que Airam Hernández volvió a confirmar el excelente momento vocal que atraviesa. Su presencia aportó seguridad, proyección y autoridad expresiva, recordando por qué se ha consolidado como uno de los tenores canarios de referencia. El bajo y el barítono completaron un reparto homogéneo y bien asentado.

La dirección de Christoph König planteó, no obstante, uno de los principales puntos de fricción de la velada. Su gesto es claro y preciso en lo técnico, pero su concepción pareció ignorar en varios momentos la lógica del teatro musical. En La vida breve, el director debe asumir un rol concertador, flexible, atento a la respiración de los cantantes y a la lógica dramática de una obra donde la acción es mínima, pero la tensión interna constante. Aquí dio la sensación de una cierta disociación entre foso (tarima en este caso) y escena (cantantes en primera línea, porque era versión en concierto), como si orquesta y reparto transitaran caminos paralelos.

El momento de mayor intensidad llegó, sin duda, con la danza, auténtico núcleo rítmico y simbólico de la obra, resuelta con una precisión impecable y convertida en el principal instante de lucimiento de la noche. Sin embargo, volvió a echarse en falta un mayor empaste de la cuerda, cuyo sonido opaco y falto de cuerpo lastró parte del discurso orquestal. La cantaora, correcta y bien integrada en el papel, mostró musicalidad y carácter, aunque con un volumen algo justo.

La velada se cerró con aplausos tibios, sin esa euforia que suele acompañar a las grandes noches del Auditorio de Tenerife. La pregunta resulta inevitable: ¿es esta la orquesta adecuada para abrir un festival como el de Canarias? Por repertorio y peso institucional, sin duda. Por resultado artístico, queda la sensación de haber asistido al inicio más discreto de los últimos años, en una edición que, por contexto histórico y simbólico, merecía un arranque de mayor altura.

0
    0
    Tu carrito
    Carrito vacío.Volver a la tienda