WAGNER: Un cofre musical maravilloso

Oct 9, 2025

Una estrella fugaz llamada Mari-Eli

Foto: Daniel Pérez-Teatro Cervantes

Lugar: Teatro Cervantes (Málaga)
Evento: Ópera
Programa: Tristán e Isolda, de Richard Wagner. Acción en tres actos Música y libreto de Richard Wagner. Estrenada en el Teatro Nacional de Múnich, el 10 de junio de 1865. Producción musical Teatro Cervantes de Málaga. Producción escénica Teatro de la Maestranza de Sevilla.
Intérpretes: Isolde: Lianna Haroutounian – Tristan: Michael Weinius – Brangäne: Clémentine Margaine - Rey Marke: marko mimica- Kurwenal: Markus Eiche - Melot/Marinero: Moisés Marín – Pastor: Luis Pacetti. Dirección musical: Pedro Halffter dirigiendo a la Orquesta Filarmónica de Málaga y al Coro Titular del Teatro Cervantes (dirección Santiago J. Otero). Audiovisuales: Arnaud Pottier; Vestuario: Jesús Ruiz; Iluminación: Luis Perdiguero.
Fecha: 25-28 de septiembre de 2025

Por: Jorge Muñoz Bandera

Como si de un cofre sumergido en el mar y revelado ante todos, lleno de misterios y joyas anegadas se tratara, así emergió este Tristán e Isolda con el que se inauguró la XXXVII Temporada Lírica del Teatro Cervantes de Málaga, asombrando a público y crítica.

Desde los primeros compases, el célebre acorde de Tristán abrió un océano sonoro envolvente, reafirmando la visión wagneriana dónde música y palabra se funden para comunicar los confines más profundos de la pasión humana. La batuta de Pedro Halffter guió con maestría esta historia de amor colmada de armonías líquidas y frases musicales de gran aliento, hasta alcanzar el ardiente y sublimado amor de los protagonistas. La Orquesta Filarmónica de Málaga ofreció un sonido pleno y envolvente al servicio no solo del relato, sino de la intrahistoria que Wagner comunica a través de los personajes que tejen el drama.

Una estrella fugaz llamada Mari-Eli

Foto: Daniel Pérez-Teatro Cervantes

Las joyas de este cofre marino brillaron en las voces de un elenco que logró un nivel superlativo ante los retos de una partitura extrema y exigente.

Destacó la suntuosidad del canto de Lianna Haroutounian, encarnando a una Isolda inmensa, capaz de llenar todos los espacios del sonido wagneriano y alcanzar el alma y el corazón. Su interpretación ofreció color y riqueza tímbrica, poder y resistencias suficientes para proyectarse sobre una orquesta densa y poderosa durante extensos pasajes. Su legato impecable abordó líneas emocionales que van desde la furia hasta el amor más puro. Su voz, autoridad y magnetismo únicos.

El otro amante de esta unión fue el Tristán de Michael Weinius, de timbre cálido y heroico. Demostró gran dominio del legato y la declamación, así como una proyección firme sobre la orquesta, ofreciendo un personaje de intensa carga dramática. Su canto épico se extendió hasta el tercer acto, desgarrado por el amor, el deber y la muerte. Tristán exige un tenor que combine heroísmo vocal, profundidad psicológica y resistencia sobrehumana.

La Brangäne de Clémentine Margaine aportó lirismo y nobleza, destacando su canto desde la torre en el segundo acto, con emisión clara, sostenida y flotante, sin perder intimidad. Fue uno de los momentos más significativos de la noche. Markus Eiche, como Kurnewal, ofreció una entrega vocal rotunda. Su voz, robusta y potente, otorgó al personaje el peso escénico justo. De especial mención fue la intervención de Marko Mimica como el Rey Marke, con un bajo noble, excelente legato y espléndido control del fraseo y la declamación, así como las intervenciones de los cantantes locales, Luis Pacetti (Pastor) y Moisés Marín (Melot), quienes sumaron con solvencia al conjunto, mostrando el nivel creciente de la cantera local.

Una estrella fugaz llamada Mari-Eli

Foto: Daniel Pérez-Teatro Cervantes

Así se completa esta revolución estética que nos legó Wagner: un abismo emocional y una meditación filosófica sobre el amor, el deseo y la muerte. Nos enseña que el amor verdadero no siempre es feliz, pero siempre es auténtico.

Este viaje sin retorno hacia lo más profundo del alma ha situado a Málaga y a su Temporada Lírica en el epicentro de la escena operística nacional, al presentar por primera vez este título que nos atraviesa sin medida y nos transforma, abriendo el camino hacia nuevas transfiguraciones.

Una estrella fugaz llamada Mari-Eli

Foto: Daniel Pérez-Teatro Cervantes

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