
© Adolfo Pérez Butrón – Foto para prensa
Lugar: Teatro Villamarta – Jerez de la Frontera
Formato: Recital.
Programa: Páginas de G. Donizetti, G. Verdi, F. Tosti, M. Ponce y otros.
Intérpretes: Ramón Vargas, tenor; Mzia Bakhtouridze, piano.
05 de octubre de 2024.
Por: Alejandro Fernández
El pasado sábado, el Teatro Villamarta de Jerez, con su aforo prácticamente al completo, vivió otro de esos grandes momentos que sólo es posible compartir desde la butaca y que sólo la experiencia en programar, la gestión sostenible y altas dosis de genialidad tienen como resultado veladas inolvidables como la pasada. En este sentido, la nueva gerencia del coliseo jerezano con su gerente a la cabeza, Carlos Granados, hizo posible que un artista de la altura internacional del tenor mexicano Ramón Vargas pisara un escenario tan especial como es el Teatro Villamarta.
Recital que abre el cartellone del coliseo jerezano por todo lo alto y que no ha hecho más que comenzar. Quedan por delante para esta temporada una gran producción lírica –Macbeth– o el paso por sus tablas de las cuatro orquestas andaluzas a las que se sumará la Orquesta Joven de Andalucía en el mes de abril y que nos llevará hasta el mes de junio con los Carmina Burana de la mano de La Fura dels Baus.
Con exquisita puntualidad el tenor Ramón Vargas hacía su aparición sobre el desnudo escenario del Teatro Villamarta acompañado del piano de Mzia Bakhtouridze para desgranar un recital que quiere repasar la extensa carrera del maestro, desde sus debuts como Edgardo de la Lucia di Lammermoor que lo catapultó desde ese instante hasta las orillas de los principales escenarios internacionales incluyendo España.
La serenidad y confianza que aporta la experiencia, el gusto en la selección del programa y altas dosis de técnica vocal resumen este recital que estuvo cargado de emoción y complicidad del maestro con el auditorio que no sin razón se levantó en varias ocasiones y esto no se improvisa. El gran maestro ha sabido cincelar en cada momento de su carrera el rico instrumento vocal que posee.
Programa elaborado por el propio Ramón Vargas agrupado en tres bloques; por un lado, varias arias del repertorio lírico sabiamente trabadas con canciones italianas en las que en ocasiones resultaba complicado establecer límites y si en cambio conexiones. Mientras que por otro lado el contraste vendría de la mano del tercer bloque de canciones que ocuparía un lugar destacado en la segunda parte del recital de Ramón Vargas de la mano de Manuel María Ponce, Agustín Lara, María Grever o el mismísimo Armando Manzanero.
Fue aquí donde el maestro manejó con soltura y credibilidad -no siempre estos acercamientos son exitosos y sí muy comprometidos- este repertorio que más que seguir una estela ya trazada por otros intérpretes optó por sumar su propia interpretación de un género que, con paso firme, ha ido ocupando espacio propio dentro del gran repertorio y en especial en la arriesgada forma del recital de canto y piano.
Tres canciones escritas por G. Donizetti coronadas por la emblemática aria Una furtiva lacrima abrían el frasco de las esencias que junto Rossini completaba la elaborada selección del período belcantista a ritmo de tarantela con la conocida La danza, ejemplo de agilidad vocal que Ramón Vargas fulminó sin dificultades. Dos compositores cara a cara en estilos que Ramón Vargas supo hilar y diferenciar en carácter y vocalidad como prueba la sensibilidad técnica desplegada en Donizetti frente a los marcados acentos rítmicos que impone Rossini que lo hacen tan especial. El contraste llegaría de la mano del verismo verdiano que a pesar de ser canciones escritas para voz y piano no ocultaban los vasos comunicantes con el catálogo operístico del que se nutren.

© Foto cedida para prensa por la agencia del artista
Tras el descanso de la segunda parte de este nada condescendiente recital del tenor mexicano llegaba el turno de otras cuatro canciones de F. Tosti, sin duda el corazón palpitante del recital sin sustraer singularidad, gusto musical (que casi siempre marca la diferencia entre cantantes) pero sobre todo el manejo del instrumento vocal asentado en el control del amplio registro medio del cantante que le permitió subir con facilidad al registro más alto con notas mantenidas a mezza voce en no pocas ocasiones dotando la interpretación de alma dramática e interpretativa. A ello se suma un óptimo fraseo y emisión generosa siendo los ingredientes principales para este inolvidable recital.
El broche oficial del concierto de Ramón Varga y la complicidad del piano de Mzia Bakhtouridze llegó de la mano Agustín Lara, María Grever y Armando Manzanero en lo que el maestro ha querido entender como un repertorio válido y con entidad artística para ocupar su atención e interpretación en la sala de conciertos.
Destacar Oración Caribe o la inmortal Cuando vuelva a tu lado hasta llegar al colofón con el arreglo de dos canciones míticas del mexicano Armando Manzanero que cerraba oficialmente el programa al que se sucedieron tres grandes propinas comenzando por Catarí, Catarí de Salvatore Cardillo, para continuar con la elegante lectura de Parlami d’amore Mariù, imposible no relacionarla con la lectura di Tino Rossi. Finalmente, la romanza No puede ser de la Tabernera del puerto del maestro P. Sorozabal servía al maestro Ramón Vargas para homenajear y defender nuestro gran género.
Alejandro Fernández
