
Foto: OCG
Lugar: Auditorio Manuel de Falla, Granada.
Formato: Concierto sinfónico
Programa: Richard Strauss, Vier letzte Lieder, TrV296; Gustav Mahler, Sinfonía nº.1 en re mayor “Titan”.
Intérpretes: Chen Reiss, soprano. Joven Academia de la OCG. Lucas Macías, director.
Fecha: 5 de octubre
El pasado sábado 5 de octubre, la Orquesta Ciudad de Granada inauguró su ciclo sinfónico con un programa dedicado a dos de los grandes compositores de la Viena del fin de siècle: Richard Strauss y Gustav Mahler. Este programa postromántico se abrió con la destacada participación de la soprano israelí Chen Reiss, quien interpretó los Vier letzte Lieder, los cuatro últimos lieder de Strauss. Compuestos en 1948, solo un año antes de su muerte y basados en poemas de Joseph von Eichendorff y Hermann Hesse, estos lieder exploran temas como la naturaleza, el destino y la serena aceptación de la muerte. La riqueza armónica e instrumental con la que Strauss dibuja paisajes sonoros que evocan el paso del tiempo encontró su mejor interpretación en la Orquesta Ciudad de Granada, muy bien reforzada por cincuenta miembros de la Joven Academia. No estamos acostumbrados a la amplia textura instrumental que nos mostraba la orquesta el sábado. Lucas Macías extrajo una sonoridad densa y rica en ocasiones, delicada y transparente en otras, siempre en perfecto equilibrio con la voz de Chen Reiss. La soprano, con una precisión técnica y un deslumbrante timbre, quizá demasiado cristalino en el registro agudo, transmitió con una elegante y sensual expresividad la profundidad emocional de los textos poéticos.

Foto: OCG
El clima de serena melancolía que dejaron los últimos lieder de Strauss fue el anticipo perfecto a la Sinfonía nº 1 en re mayor, “Titán”, de Gustav Mahler. Compuesta entre 1887 y 1888, esta obra combina el uso expandido de la tonalidad, propio del postromanticismo, con innovaciones que anuncian el estilo único del compositor, como el empleo de melodías populares y evocaciones de la naturaleza o experiencias personales, ironizadas a través de un uso subversivo de la tímbrica instrumental. Sobrecogedor fue el inicio del primer movimiento (Langsam, schleppend), con el difícil pedal de las cuerdas en re mayor, acompañado por las intervenciones de los vientos de madera, perfectísimamente afinados. De este inicio espectral se dio paso, a través de la fanfarria de trompetas – situadas detrás del escenario – al jocoso tema inicial basado en la canción Ging huet’morgens übers Feld (Esta mañana fui a pasear por el campo), que fue pasando de una familia instrumental a otra con ligereza y fluidez, bajo la batuta de Lucas Macías. Con vigor, iniciaron el Ländler (danza campesina) del segundo movimiento, donde volvieron a destacar los vientos de madera y las ocho trompas, capitaneadas por Óscar Sala. Sobrecogedor fue el inicio del tercer movimiento, con el doliente solo de contrabajo (Frano Kakariji) cantando la melodía del canon Frère Jacques, convertida en marcha fúnebre. Destacaron los dúos de los vientos, así como las acertadas transiciones y cambios de dinámicas y tempi que llevó Macías con su gesto elegante de danza, que da la sensación de falta de precisión, pero que finalmente funciona a la perfección. Sin transición, se pasó del carácter doloroso del fa menor del tercer movimiento al último movimiento, todo un torbellino de emociones en el que Mahler alterna pasajes violentos y triunfales. Esta transición fue muy bien efectuada por Macías, quien condujo de forma eficaz a la orquesta a través de los casi infinitos cambios de texturas, dinámicas, tempi y caracteres del movimiento final, en el que destacaron nuevamente el excelente grupo de trompas y la percusión. La interpretación de la Joven Academia, arropada por la OCG, fue casi impecable desde el punto de vista técnico y expresivo en dos obras muy exigentes, especialmente en el caso de Mahler. Sólo se echó en falta un poco más de precisión en el registro agudo de las cuerdas en algunos pasajes; sin embargo, el conjunto de la interpretación fue, sin duda alguna, brillante. La unión de la experiencia de la OCG con el empuje y la vitalidad de la Joven Academia dio una nueva vida a la última obra de Strauss y a la primera sinfonía de Mahler. La fusión de lo viejo y lo nuevo, de lo joven y lo experimentado, nos proporcionó una apertura de temporada inolvidable.
Mercedes García Molina
