
Foto: Cortesía de la Orquesta Filarmónica de Málaga (OFM)
CICLO “FRENTE AL MAR”: Programa 3
Lugar: Auditorio Edgar Neville (Málaga)
Formato: Género de concierto / Música orquestal
Compositor: Antonio Vivaldi / Astor Piazzolla
Dirección musical: Soyoung Yoon
Intérpretes: Orquesta Filarmónica de Málaga (OFM), Soyoung Yoon (Directora invitada), Soyoung Yoon (violín solista)
Por: Abraham Quero
En buena semana llegaba este tercer programa del ciclo Frente al Mar a cargo de la coreana Soyoung Yoon, justo en unos días en que el ambiente cambiaba por completo para tornase frío y gélido, y que de alguna manera, nos hacía recordar el cambio prematuro de estación al que nos abocábamos. Soyoung Yoon, esta vez a cargo de la OFM (Orquesta Filarmónica de Málaga), ostenta un reconocimiento internacional harto significativo. Además de colaborar intensamente con la Orquesta de Cámara de Corea alrededor la geografía internacional, ha actuado con asiduidad como solista en numerosas orquestas de Europa; Filarmónica de Praga, Deutsche Kammerphilharmonie Bremen, Orquesta Sinfónica Nacional Checa, Orquesta de Cámara de Ginebra, Orquesta Nacional de Bélgica, Sinfónica de Bilbao u Orquesta de Cámara de Zúrich, entre otras.
La plantilla reducida con la que combatió Soyoung comenzaba con desasosiego La Primavera de Vivaldi. El vacío en el escenario y la doble función que sostenía la violinista y directora, obligaba al músico de cámara a incrementar su conexión con el resto de integrantes, incluido el clave. Los primeros minutos, plagados de miradas entrecruzadas, fueron dominados por Soyoung, quien a golpe de cabeza imponía un ritmo tremendamente agitado, como si de un adiestramiento se tratara. El adormecimiento inicial se convertiría hacia el final del primer movimiento en un reguero de vitalidad, en una marcha consistente cuyo trazo perpetuaba el lazo musical entre el músico y el oyente, entre el compositor y el solista.

Foto: Cortesía de la Orquesta Filarmónica de Málaga (OFM)
Esta joya de Vivaldi, situada en la primera década de 1720, se sitúa en los albores de la música programática, y las alusiones a elementos estacionales en la obra no escasean; “goteo de la primavera” o “canto de los pájaros”, entre otros, pueden leerse a lo largo de la escritura. El pizzicato es la técnica que Vivaldi quiso escoger para representar “la lluvia” con la que empieza el Largo del último concierto (El Invierno), extremadamente comprometido. Una sección, que incluso despertó el agrado de algún espectador afinado, y que terminó de traslucir las entrañas de la orquesta. Implacable el último pasaje en fusas que resaltaba a una solista con un temperamento sobrecogedor y una corporeidad excepcional.
Escrita entre 1965 y 1970, las Estaciones Porteñas contienen ingredientes adquiridos de la música y estilos europeos de los que Piazzolla recibió influencia. El aire de tango domina una obra que deja verter un halo romántico por momentos, un estilo barroco en otros, y una sonoridad de vanguardia que confluyen a la perfección en este paralelismo vivaldiano. Si la solista hacía alarde de la complejidad técnica del anterior, ahora, con Piazzolla, las dificultades se multiplican al incluir técnicas contemporáneas en el instrumento. No solo ella, en sul ponticello, sino también el contrabajo, con un toque seco contra las cerdas al comienzo de la pieza. Un comienzo, que si bien es cierto, se afrontó con una incertidumbre que iba desmenuzándose al tiempo que avanzaba sobre sí misma. Esta obra efectista no deja a ningún intérprete ajeno a la distinción, pues violines y chelo también tuvieron sus momentos sobradamente resaltados. Poca partitura necesitó Soyoung en una pieza que se presta al golpe de arco de principio a fin, y que la solista propinaba con un virtuosismo magnífico que terminaría provocando una larguísima ovación en la sala. En definitiva, una orquesta unida y consistente, frente a un violín desafiante y con un empuje corpóreo digno de mención.
