La Consagración de Jonathan Nott

Feb 17, 2025

La Sylphide: entre lo terrenal y lo etéreo

© Foto de Pablo Jerez Sabater

Lugar: Auditorio de Tenerife
Evento: Concierto final de la 41 edición del Festival de Música de Canarias en Tenerife
Artistas: Jonathan Nott (director), Midori (solista), Orquesta de la Suisse Romande
Fecha: 15 de febrero de 2025
Obras de Debussy, Stravinsky y Sibelius

Autor: Pablo Jerez

Todo apunta a que Vincent Van Gogh pudo haber recreado a la mañana siguiente la honda impresión que le causó la vista del paisaje estrellado contemplado desde la ventana de su habitación en el sanatorio de Saint-Rémy una noche de junio del año 1889. Lo que pudimos disfrutar este sábado en el Auditorio de Tenerife podría parecerse, en gran medida, al impacto de los astros celestes sentido por el pintor holandés. Jonathan Nott y su Orquesta de la Suisse Romande nos regaló una referencial interpretación de La consagración de la primavera. Pero vayamos por partes.

En primer lugar me llama la atención la propia disposición del programa: relegar la obra de Stravinsky a la primera parte y dejar como cierre el concierto de Sibelius es, cuanto menos extraño. No sé si se debe a colocar como broche final a una estrella del violín (luego abordaremos su interpretación) o a otra razón, pero sí creo que debió ser a la inversa. La Consagración de Nott habría sido únicamente un brillante cierre, sino que era El Cierre, así con mayúscula.

Jonathan Nott podría dirigir el mundo con su mano izquierda. Así lo hice notar en X tras haberle visto dirigir este pasado sábado. Y es que los matices, la articulación y la gestualidad del británico es hipnótica. La versión sinfónica del Clair de Lune de Debussy, orquestada por André Caplet, fue soberbia, etérea. Nott sabe dejar que la orquesta susurre, se expanda y se contraiga. La cuerda de la Suisse Romande es empastada, con unos metales en estado de gracia. Debussy reclama esa sutileza tan particular que la orquesta supo interpretar con un sonido hermoso y expansivo que hizo enmudecer al público que abarrotó el Auditorio de Tenerife, a pesar del colectivo de tosedores oficial que no pierde ocasión para romper la magia con sus crisis tusivas en pleno clímax.

Foto de Kazuo ota en Unsplash

© Foto de Pablo Jerez Sabater

Lo mejor de la noche fue su extraordinaria versión de La consagración de la primavera. Hacía mucho tiempo que no se escuchaba un Stravinsky de tal calado en la isla, y no fue para menos. Nott conoce a la perfección la partitura, ya grabada con la Bamberger Symphoniker en 2007 y eso se nota. Disposición de metales un tanto distinta a lo habitual y unas trompas en estado de gracia. Milimétrica versión. Rica en matices y en contrastes. El británico supo extraer de su formación lo mejor para convertir algunos instantes en memorables, como la Danza de las adolescentes o la Danza del sacrificio, verdaderos artificios de un director que, hoy en día -al menos para el que escribe- es una de las cimas de la dirección orquestal mundial.

Midori es una virtuosa de manual. Treinta años después regresó al Festival de Música de Canarias para interpretar uno de los conciertos para violín más exigentes, pero a la vez más hermoso, como es el de Sibelius. El sonido de la violinista japoneso – norteamericana es hermoso, claro y preciosista. Sin embargo, hay algo que me chirría constantemente y es en ocasiones su violencia en el ataque del arco y que me desconcierta. Nott acompañó con su fraseo habitual, claro y sutil, como en el arranque; vivo y expresivo en el allegro final. Fue una buena versión, pero creo que le faltó ese punto que convierte con bueno en extraordinario. Como propina, Midori interpretó Bach, para regocijo del público, entregadísimo a la causa en esta ocasión.

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