CICLO “FRENTE AL MAR”: Programa 4

© Foto de Álvaro Serrano Sierra
Lugar: Auditorio Edgar Neville (Málaga)
Formato: Género de concierto/Música sinfónica
Compositor: Wolfgang Amadeus Mozart/Ludwig Van Beethoven/Franz Schubert
Dirección musical: Iván Martín
Intérpretes: Orquesta Filarmónica de Málaga (OFM), Iván Martín (Director y solista)
Por: Abraham Quero
El pasado viernes 21 de febrero tuvo lugar uno de los encuentros más sobresalientes del ciclo. Con una puntualidad germánica, la OFM interpretaba por primera vez el Concierto para Piano Nº13, K415. Efectivamente, a Mozart le sucedió Beethoven, con el Concierto Nº1 para Piano Op. 15, y seguidamente Schubert, con la Sinfonía Nº8, también llamada “Inacabada”.
El extenso y prolífico currículo de Iván Martín continúa acumulando líneas y consolidando una carrera que no deja indiferente a la crítica. En Europa, ha dispuesto su batuta en la mayoría de las orquestas españolas, así como en París, Londres, Praga, Estrasburgo o Milán, entre otras. EE.UU, Canadá y algunos países latinoamericanos son escenarios habituales de concierto, además de ofrecer encuentros en Hanoi o Macao.
Compuesto entre 1782 y 1783 durante su estancia en Viena, el Concierto para Piano Nº 13 de Mozart, supone uno de los tres conciertos de la serie que ideó bajo suscripción, huyendo en lo posible del mecenazgo imperante. Sobre las tablas, la posición del Gran Cola de espaldas al público, no riñó en absoluto con la puesta en escena del solista, quien, con una entrada discreta y precisa, comenzaba a gobernar desde el primer instante. La métrica férrea y las líneas melódicas exquisitamente compactadas en cada sección se sucedían desde el primer movimiento, brillante en la tecla, pulcro en la orquesta. Pareciera que Iván Martín hubiera encontrado una única y definida solución en Mozart, para la apertura del evento. Más aún, sin dejar lugar a preámbulos, disolviendo cualquier tensión preliminar y conversando con cada una de las partes, empleando una mesura, un afecto e incluso una hechizante simpatía.

© Foto de Álvaro Serrano Sierra
Aunque compuesto después del Op. 19, el Concierto para Piano Nº 1 Op. 15 de Beethoven, fue el primero en publicarse, y para cuando tuvo lugar su estreno en 1795, el público instruido no estaba preparado para enfrentarse a la revolución que supondría. Los contrastes armónicos y el tratamiento expansivo de los temas harían de esta obra la carta de presentación para los conciertos de Beethoven. No debiera considerarse como una continuación en líneas mozartianas, sino más bien como un modelo profundamente reflexivo y elaborado a partir de los procedimientos compositivos que regían su contemporaneidad. Los 126 compases de la cadenza para el primer movimiento terminaron de eclipsar la intervención del solista, quien supo conmover a diletantes y versados. La singularidad del genio florecía en cada cuerda, arrojaba luz y entusiasmo en cada flujo de aire, aquí y allá eran racionadas las dedicatorias del solista, el cual procuraba una sonrisa o gesto para cualquier ápice emotivo. En suma, eran delicadamente racionados los pesos a cada tecla, consumando matices particulares y originalidad en la textura.

© Foto de Álvaro Serrano Sierra
Por su parte, la “Inacaba” de Schubert apareció en un momento crucial, con una orquestación engrosada en metales y maderas, y con una plantilla que realzaba su valía en esta obra madura del compositor. Más de cuarenta años transcurrieron desde su composición (1822) hasta su estreno (1865); dulce y contemplativa, como reza el primer tema para oboe y clarinete, al tiempo de temperamental y dramática, como demuestra el balanceo súbito recurrente. Una obra sensible y suspicaz que desvela las sutilezas de cada sección, incluidas las del timbal, a propósito, plausible en todo su recorrido. La última dirección, por cierto, sin pódium, denotó cercanía y tradujo entusiasmo especialmente entre violines y violas, sensación que de alguna manera fue depositada en cada butaca del salón, para poner fin a una velada verdaderamente placentera.
