
© Fran Parrado
Lugar: Motril (Granada). Teatro Calderón
Fecha: 26-07-2025.
Evento: XVII Festival de música Rey Balduino. Recital canto y piano.
Programa: Canciones de E. Toldrá, E. Granados, J. García Leoz y M. de Falla.
Intérpretes: Pablo García López (tenor) y Edoardo Barsotti (piano)
Por: Alejandro Fernández
Apenas una década separa la construcción del Teatro Calderón de la Barca de Motril del Teatro Cervantes de Málaga. Ambos espacios responden a modelos muy similares a nivel socioeconómico y cultural. algo que motivó la construcción del Calderón en el último tercio del siglo XIX gracias a una burguesía incipiente y sensible a aquella industria cultural que comenzaba a calar —con mayor o menor éxito— por todo el territorio nacional. Este fenómeno se explica gracias al éxito económico de la zafra en el caso de Motril y a la excelencia de los caldos malagueños, que llegaron a alcanzar tal renombre que su huella traspasó el Atlántico.
El Teatro Calderón de Motril fue protagonista el pasado día 26 de julio del segundo programa del Festival Rey Balduino, protagonizado por el tenor español Pablo García López, acompañado al piano por Edoardo Barsotti. El evento consistió en una retrospectiva a vuelapluma de la canción española, un género que también ha sufrido los vaivenes del tiempo. Este género hunde sus raíces en la tradición popular, a la que se debe —como prueba el interés de Manuel de Falla en sus Siete Canciones Populares— y que músicos como Pablo García López han convertido en parte fundamental de su carrera artística.
No es la primera vez que Pablo García López se adentra en este género, perfectamente conectado con el lied europeo y que, sin embargo, da la sensación de estar en un plano inferior en lo artístico. Todo lo contrario. En primer lugar, porque bebe de la excepcional lírica del Siglo de Oro y de la Edad de Plata de nuestras letras. En segundo lugar, porque ha sido un género al que se ha vinculado la escuela de música española y sus compositores. Y, finalmente, porque ha sido defendido por los grandes nombres de la escena nacional.
No es casual que el tenor cordobés haya querido aportar su propia visión artística del género. Lo hace con claridad de ideas tanto en lo vocal como en lo dramático, hasta conseguir que cada canción sea un pequeño universo singularizado. Esto ya lo demostró con oficio y talento hace apenas dos años en el Teatro Góngora de Córdoba, con el montaje, concebido por el director de escena Paco López, de La Tarara, un espectáculo que combinaba lo visual, la danza, la recitación y el canto en un todo orgánico. Este enfoque conecta con la especial atención que Pablo García López tiene sobre el género.
Con exquisita puntualidad y con el Teatro Calderón prácticamente lleno, Pablo García López y Edoardo Barsotti abrieron la primera parte del programa, titulada Raíces y claridad, comenzando con la anónima Confiado Jilguerillo, una canción barroca que puso a prueba el registro grave del tenor cordobés sobre notas picadas del piano de Edoardo Barsotti. Seis canciones castellanas de Eduard Toldrá y Tres canciones de Enrique Granados conformaron un juego de espejos donde los recursos desplegados por los autores convergen en la línea de canto. Es aquí donde la alquimia de Pablo García López alcanza su máxima expresión.
El tenor español, en primer lugar, fija el texto y el valor del mismo, lo que se refleja en la dicción casi quirúrgica que lo distingue. En este punto, el fraseo, el apoyo y la emisión son determinantes para distinguir la lectura tan personal y artísticamente reseñable con la que Pablo García López se relaciona con estas canciones. De los ciclos de Eduard Toldrá y Enrique Granados, cabe destacar Mañanitas de San Juan y Después que te conocí, en las que el músico catalán continúa la línea modernista en el tratamiento armónico de los textos.
Tras una brevísima pausa, la segunda parte del programa —bajo el epígrafe Nocturnos y pasiones— continuó con sendos ciclos de canciones de la mano de Jesús García Leoz y su Tríptico de canciones, al que le siguió el monumento musical que constituyen las Siete canciones populares españolas del universal Manuel de Falla, con Conchita Badia en el ambiente. El piano de Edoardo Barsotti y la voz de Pablo García López destacaron en el Tríptico de Jesús García Leoz por la fuerza expresiva y plástica de los poemas de Federico García Lorca, fechados en el año 1937, siendo a su vez uno de los primeros acercamientos de los compositores españoles a la obra del poeta granadino. Destacó por su viveza y frescura la versión De Cádiz a Gibraltar, por su ánimo ágil y vibrante, donde el piano de Barsotti completó los acentos e inflexiones de la línea de canto de Pablo García López.
Cerraron este completísimo recital las Siete canciones populares de Manuel de Falla. Escritas en París y estrenadas en 1915, el músico toma una selección de canciones de la tradición oral andaluza, a las que eleva artísticamente gracias al filtro de la música culta, en la que no sobran imitaciones y se respetan los patrones rítmicos que atesoran cada una de las canciones. Destacaron por su fuerza interpretativa El paño moruno y Polo – que cierra el ciclo –, lo que corroboró el iluminado trabajo artístico que Pablo García López y Edoardo Barsotti han volcado con tanta intuición en este precioso programa.
