Ecos de dolor: La temporada 2025/2026 de la Orquesta Sinfónica de Navarra abre con fuerza

Nov 3, 2025

Lugar: Auditorio Baluarte, Pamplona, Navarra.
Evento: Primer concierto temporada 25/26. Curar las heridas.
Programa: Sinfonía concertante, Op. 125, de Sergei Prokófiev y Sinfonía número 6 en Si menor, Op. 74, “Patética”, de Piotr Ilich Tchaikovski.
Intérpretes: Solista: Nicolas Altstaedt (chelo), Orquesta Sinfónica de Navarra (OSN), Dirección: Perry So.
Fecha: 16/10/2025.

Por: Isabel Gracia Bernad.

© Fundación Baluarte

El 16 de octubre del presente año, la Orquesta Sinfónica de Navarra (OSN) inició su temporada 2025/2026. Resulta pertinente analizar el título del programa, Curar las heridas, el cual podría aludir al contexto biográfico de los compositores, cuyas obras, las últimas de su producción, fueron concebidas en medio de un profundo sufrimiento anímico. Experiencias como la depresión, la censura o la persecución influyeron decisivamente en sus procesos creativos. Aunque el contenido de las piezas parece justificar la elección del título, ello no basta para afirmar que las heridas hayan sido realmente sanadas. Más bien, el dolor se transformó en expresiones sonoras de carácter catártico que aún hoy comunican con fuerza la intensidad de sus emociones. Estas composiciones no solo evocan su contexto histórico, sino que también revelan las adversidades que enfrentaron y superaron mediante una maestría musical excepcional, legándonos un testimonio artístico de perdurable actualidad.

El concierto se inauguró con la Sinfonía concertante de Prokófiev, interpretada por el violonchelista alemán Nicolás Altstaedt. La obra, en tres movimientos, destacó por la cohesión y luminosidad de las cuerdas, con intervenciones especialmente notables de las violas y los violines, así como por la expresividad y clara musicalidad del oboe solista. El nivel interpretativo se mantuvo constante, con una intensidad y agilidad características del estilo de Prokófiev, sustentadas por el solista con un vibrato preciso y pasajes en dobles cuerdas de máxima precisión. Pequeños desajustes de afinación no empañaron una ejecución marcada por pizzicatos de gran claridad sonora que resonaron con potencia en la sala.

En el Allegro giusto, de carácter ágil y virtuosístico tanto para la orquesta como para el solista, se evidenció la notable maestría técnica y musical del conjunto, pese a leves imprecisiones en la afinación de la trompeta y cierta inseguridad en las flautas. La orquesta supo recuperarse mediante un fraseo bien conducido, brindando un sólido apoyo a Altstaedt, quien demostró una articulación ágil y minuciosa sin descuidar el fraseo. Destacó su impecable control en los diferentes golpes de arco, las dobles cuerdas y los acordes, así como la pulcritud de sus armónicos, cuyo timbre se acercaba al de la flauta y generaba una atmósfera cautivadora. 

Con el inicio del último movimiento, la orquesta desplegó una profunda sensibilidad y expresividad, realzada por los acertados solos del fagot y de la concertino, en un diálogo claro y efectivo con el solista. Este continuó evidenciando su impecable dominio técnico y musical, con una expresividad tan intensa que conmovió profundamente al público. Tras prolongados aplausos, el violonchelista alemán ofreció como bis una pieza de J.S Bach, interpretada con criterio historicista.

La segunda parte se inauguró con la Sinfonía Patética de Tchaikovski. Aunque la orquesta inició con cierta debilidad y falta de cohesión, logró recobrar consistencia gracias a un brillante solo de clarinete bajo, la solidez de los metales y un arrebatador diálogo entre clarinete y fagot. Asimismo, las cuerdas frotadas destacaron por su homogeneidad y expresividad, plenamente representativas del romanticismo tchaikovskiano. Los movimientos subsiguientes se desarrollaron con sutileza, precisión y claridad bajo la dirección del maestro, destacando especialmente el segundo movimiento, en el que sobresalieron las flautas y la uniformidad de los chelos. Los vientos madera, los metales y la percusión contribuyeron al claro carácter marcial y la magnificencia del tercer movimiento. Y en el cuarto se percibió con nitidez la pena de Tchaikovsky, reforzada por la emotividad conmovedora de los violines. Merece destacar la delicada expresividad del fagot y las trompas, generando una atmósfera envolvente que condujo a un final sutil y refinado.

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