“La transición de Beethoven”: La OFM comienza con firmeza en el auditorio Edgar Neville

Oct 16, 2024

CICLO “FRENTE AL MAR”. Programa 1

Foto de Kazuo ota en Unsplash

© Archivo OFM

Lugar: Auditorio Edgar Neville (Málaga)
Formato: Género de concierto / Música sinfónica
Compositor: L. V. Beethoven
Dirección musical: Brian Liao
Intérpretes: Orquesta Filarmónica de Málaga (OFM), Brian Liao (Director invitado), Pablo Amorós (piano solista).

Por: Abraham Quero

Seis son los programas que presenta la Orquesta Filarmónica de Málaga en un ciclo paralelo a la temporada habitual de conciertos en su ciudad natal. La OFM inicia “Frente al Mar” con un contundente Beethoven; la Sinfonía N.º 6, Op. 68 (“Pastoral”) le sucede al refinado Concierto para Piano N.º 5, Op. 73. Al frente y como conductor, Brian Liao, taiwanés, director emergente formado en Salzburgo y condecorado en múltiples ocasiones en lo que llevamos de década. Se sitúa como un joven prometedor recibiendo el 1er Premio en el II Concurso Internacional de Dirección en la ciudad de Llíria, Valencia. Por su parte y como solista, se sitúa Pablo Amorós, un renombrado intérprete en las salas nacionales que capitanea la reciente fundación del Concurso Internacional de Piano “Ciudad de Málaga”. Su propuesta sincera y firme en el instrumento, le lleva a ejercer en auditorios de China, USA o Emiratos Árabes, entre otros, además de participar en variadas grabaciones con el sello NAXOS e IBS Classical.  

En un atisbo de despedida, en diciembre de 1808 (Theater an der Wien, Viena), Beethoven protagonizaba un maratoniano concierto de cuatro horas en el que se estrenaban grandes obras; entre ellas, la emblemática Sinfonía N.º 5, la Sinfonía N.º 6 y el Concierto para Piano N.º 4. La sexta sinfonía sonaba el mismo día en que Beethoven empezaría a separarse de la interpretación, y de hecho, sería ésta la última vez en la que el compositor interpretara uno de sus conciertos para piano en una gran sala de concierto. A partir de este momento y hasta su retirada, las interpretaciones se reducían a eventos menores, siendo el Quinto Concierto el único que él mismo no pudo interpretar, pues las complicaciones de su audición ya no le permitirían enfrentarse a obras de tal envergadura.

No sabemos cuál fue la espera inicial de aquella noche memorable en Viena, pero al menos, en Málaga, esta espera en el comienzo puede que influyera en los primeros minutos de una velada que se antojaba algo árida en su inicio. La dicción de Liao iba a provocar que después del segundo solo de piano, las piezas encajaran con mayor seguridad; el tempo encontraría la uniformidad dentro del espacio y con ello se alcanzaría la concreción y minuciosidad con que Beethoven concebía esta obra, en la que, por cierto, ya no permitiría una cadenza improvisada, obstáculo que Amorós resolvió con garantía momentos antes del Adagio un poco mosso. El lirismo y la sensibilidad caracteriza este segundo movimiento en el que la cuerda y la tecla se abrazan mutuamente en búsqueda de la consolación, de la curación del alma, en un ambiente que ya distaba de la sequedad inaugural y que conducía al conjunto hacía el clímax, encandilando al oyente hacia una resolución triunfal. En concreto, un Allegro ma non troppo que constituyó el movimiento más compacto, por las interacciones entre director – solista y por la claridad entre solos y tutti, acentuando así el brío orquestal que terminaría en manos del timbal, antes del súbito final.

Foto de Kazuo ota en Unsplash

© Archivo OFM

La exquisita Canción N.º 6 de Mompou, fue el obsequio que Pablo Amorós daba al público para dar paso a la “Pastoral”, en la que la plantilla en maderas a dos se mantiene y, que en contraste con la quinta, se muestra más desenfada. Los largos paseos en los campos a las afueras de Viena instaban a Beethoven a idear sinfonías como ésta, que lejos de lo pragmático, lo que pretendía era plasmar los sentimientos que ésta le suscitaban. La orquesta, ahora ya en plenitud, se rendía ante un director que ocupó un papel fundamental en la consecución de los cinco movimientos; la gestualidad iría in crescendo y hacia el segundo movimiento la conexión con la orquesta era completa. En ese momento, la batuta quedaba en el atril, en virtud de acrecentar el dinamismo enérgico y la interacción con cada rincón de las secciones. Todo se había preparado para la “Tormenta”, el movimiento adicional incorporado que hacía romper el modelo más clásico de tan solo cuatro movimientos. Lo desgarrador se convierte en sublime, en estos minutos en que todas las secciones aportan consistencia y que, necesariamente tendría que concluir en una acción de gracias por parte del espíritu humano hacia la naturaleza, el quinto movimiento. Trompas, oboes, fagot y especialmente la flauta, defienden con creces la exigencia de la obra en un espacio que de por sí, encierra dificultades, dada la proximidad del público sobre el escenario.

El argumento de este programa es tan profundo como significativo, subrayando una época de transición en la que Beethoven asumía sus dolencias de la manera más humilde posible, e incluyendo algunos elementos que más tarde serían postulados del Romanticismo. El llenado, casi absoluto, espera repetirse el próximo 8 de noviembre.

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