Elegancia, frescura y emotividad de la mano del Trio Feixas

Feb 24, 2026

Lugar: Auditori Josep Carreras. Vila-Seca, Tarragona
Fecha: 20/02/26
Evento: Concierto de cámara
Programa: Tríos de Louise Farrenc, Germaine Tailleferre y Clara Schumann.
Intérpretes: Trío Freixas: Tatevik Khachatryan, violín; Laia Puig, violonchelo; Alba Ventura, piano

Autor: Luis Suárez
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© Luis Suarez

El Trío Freixas explora el legado de tres compositoras pioneras a través de sus tríos con piano. Desde la elegancia y el vigor del Trío de Louise Farrenc, pasando por la frescura y originalidad del Trío de Germaine Tailleferre, hasta la emotividad y profundidad del Trío de Clara Schumann, este programa ofrece una experiencia sonora única para celebrar el talento de las mujeres en la música. El Trio Freixas reúne a tres solistas con una trayectoria consolidada en el ámbito de la interpretación, unidas con la voluntad de profundizar en el repertorio camerístico y difundir el fascinante y desconocido repertorio de mujeres compositoras. Formado por la violinista Tatevik Khachatryan, la violonchelista Laia Puig y la pianista Alba Ventura, las tres intérpretes han colaborado habitualmente de forma conjunta ofreciendo conciertos y recitales en todo el territorio nacional.

Louise Farrenc (1804–1875) no fue solo una «excepción» en el París del siglo XIX. Fue una fuerza de la naturaleza. Mientras sus contemporáneas se limitaban a la música de salón, ella ocupó la cátedra de piano en el Conservatorio de París durante 30 años y exigió (y logró) cobrar lo mismo que sus colegas varones.

Sus tríos con piano son la prueba de que su talento no conocía de techos de cristal. Farrenc trabajaba desde una base profundamente austro-germánica. A diferencia de la moda parisina de la época, que estaba obsesionada con la ópera y el virtuosismo vacío, ella se refugió en las estructuras de Beethoven y Mendelssohn. Utilizó la forma sonata clásica con un rigor técnico impecable. No escribía «acompañamientos» para el piano. Sus tríos son conversaciones democráticas donde el violín y el violonchelo tienen tanto peso dramático como el teclado.

Su Trio nº2 en re menor, op.34 muestra una solidez estructural asombrosa. No hay notas de relleno. Cada motivo se desarrolla con lógica. Aunque respeta el clasicismo, tiene destellos románticos audaces, con modulaciones que recuerdan a Schubert. Sus finales (Scherzos y Final) suelen ser vibrantes, con un impulso rítmico que evita que la música se sienta «anticuada». Escuchar un trío de Farrenc es como entrar en un salón parisino elegante donde se está discutiendo de filosofía y no de cotilleos. 

El Trío para piano, violín y violonchelo de Germaine Tailleferre es una de las joyas más refinadas de la música de cámara del siglo XX. Aunque fue la única mujer del famoso grupo de «Los Seis» (Les Six), su música no es «eco de sus compañeros», sino una voz propia, ligera en apariencia, pero técnicamente formidable. Tailleferre comenzó a esbozar los dos primeros movimientos mientras estudiaba en el Conservatorio de París (1917/8). En esta época, ella estaba bajo la influencia directa de Maurice Ravel, quien admiraba su talento y la animaba a seguir componiendo. Durante décadas, la obra quedó incompleta o en forma de boceto. En la finalización, ya en su ocaso vital (1978), Tailleferre retomó los materiales de su juventud y completó el trío (especialmente el tercer y cuarto movimiento), siendo un ejemplo perfecto del Neoclasicismo francés. Huye de la densidad germánica (Brahms o Wagner) y, por ello, los movimientos son cortos, directos y sin adornos innecesarios. El piano nunca abruma. Las cuerdas cantan con una independencia melódica que recuerda al contrapunto del siglo XVIII, pero con armonías modernas. La Influencia de Ravel se percibe en el uso de armonías de séptima y novena, y en ese aire de «danza antigua» modernizada. Tailleferre apuesta por el placer auditivo. La música fluye con una naturalidad asombrosa, con un violonchelo que a menudo lleva temas muy cálidos y un violín que revolotea con agilidad. El Trío Freixas lo interpretó con una precisión rítmica absoluta, como la partitura. Si se retrasasen un milisegundo, la transparencia de la obra se rompería y se volvería pesada.

El Trío con piano en sol menor, op.17, compuesto por Clara Schumann en 1846, no es solo su obra maestra, sino uno de los tríos con piano más importantes de todo el siglo XIX. Durante mucho tiempo, Clara se vio a la sombra de los de su marido, Robert Schumann, pero la crítica moderna la sitúa a la par (o incluso por encima en términos de estructura clásica) de las obras de sus contemporáneos masculinos. La historia detrás de este trío es casi heroica. Clara lo escribió en un momento de crisis personal profunda. Estaba sumida en un caos familiar: tenía 26 años, estaba embarazada de su cuarto hijo y sufría graves problemas de salud. A ello se añadió el colapso de su esposo, Robert Schumann, que estaba sufriendo uno de sus peores episodios de deterioro mental y físico. Clara tuvo que asumir las riendas del hogar y de su carrera. Durante 1845, Robert y Clara se dedicaron a estudiar intensamente las fugas de Bach. Esa disciplina técnica se filtró directamente en el Trío, op.17, dándole una solidez arquitectónica inusual. La obra destaca por el equilibrio perfecto entre el sentimiento romántico y la disciplina clásica. A diferencia de muchos tríos donde el piano domina (siendo ella una virtuosa), Clara escribió una parte de piano integrada, transparente y que dejaba respirar al violín y al violonchelo. El último movimiento incluye una sección fugada (contrapunto) que dejó boquiabiertos a sus contemporáneos por su complejidad técnica. El primer movimiento te atrapa con un tema melancólico, pero decidido. No es música de salón: es música de auditorio. Hay una nobleza constante en el sonido, pero también momentos de gran tensión dramática. Lo que más sorprende es la madurez. No hay notas sobrantes, no hay demostraciones de virtuosismo gratuito. Cada giro armónico tiene un propósito narrativo. 

Incluso ella misma fue víctima de los prejuicios de su tiempo. En su diario escribió: «Una mujer no debe desear componer… ¿por qué debería esperar yo hacerlo?». Sin embargo, la crítica moderna desmiente su inseguridad: el Trío, op.17 «es una estructura de hierro revestida de seda». Es considerada una obra cumbre del género e, incluso, la crítica resalta que su desarrollo temático es más riguroso y lógico que el de su marido Robert, quien era más fragmentario y fantasioso.

El Trío Freixas no busca el virtuosismo vacío, sino la cohesión sonora. Sus interpretaciones suelen destacar por su equilibrio tímbrico. Logran que el piano no «pise» a las cuerdas, algo crítico en el repertorio romántico. Su interpretación se caracteriza por su capacidad para contar una historia en los movimientos lentos, manteniendo la tensión sin caer en el exceso de sentimentalismo, con una claridad de texturas que permite apreciar cada línea contrapuntística. Además, cabe destacar su valentía programática. Mientras otros conjuntos se quedan en los ciclos de Beethoven o Brahms, ellas han rescatado obras clave. El Trío Freixas es «música de cámara en estado puro». Su nombre rinde homenaje a la compositora y pianista Narcisa Freixas, lo que ya define su ADN: compromiso con el patrimonio y sensibilidad histórica.

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