“Eterno verano inspirador”: Glazunov y Brahms convergen en Edgar Neville

Nov 15, 2024

Foto de Kazuo ota en Unsplash

Foto de José Báez

CICLO “FRENTE AL MAR”: Programa 2

Lugar: Auditorio Edgar Neville (Málaga)
Formato: Género de concierto / Música sinfónica
Compositor: Alexandr Glazunov, Johannes Brahms
Dirección musical: María del Mar Muñoz Varo
Intérpretes: Orquesta Filarmónica de Málaga (OFM), María del Mar Muñoz Varo (Directora invitada), Inés Maro Burgos Babakhanian (violín solista).

Por: Abraham Quero

La Orquesta Filarmónica de Málaga presentó el segundo programa del Ciclo Frente al Mar en el Auditorio Edgar Neville para enfrentarse de nuevo al género de concierto y al sinfonismo: el Concierto para violín y orquesta en La menor, Op. 82. y la Sinfonía Nº 4 en Mi menor, Op. 98. En esta ocasión y como colaboradora habitual, María del Mar Muñoz Varo lideró la propuesta y encauzó un programa que, por el engrosamiento de la orquesta, encierra obstáculos en toda su extensión. Obteniendo el título de Piano en 2003, Muñoz Varo completa su formación como directora en el Conservatorio Superior de Música de Málaga, y recibe instrucción directa de maestros como Miguel Romea, Jorma Panula, Jesús López Cobos entre otros. En 2013 obtiene el Primer Premio en la IIª edición del Concurso Internacional de Dirección de Orquesta de Moldavia, además de participar con la Orquesta Filarmónica de Craiova (Rumanía), o la Donegal Chamber Orchestra (Irlanda), entre otras. Ocupa desde 2021 el cargo de Directora Musical del Coro de Ópera de Málaga. La apertura del concierto contó además con una fulgurosa joven de 14 años, Inés Maro Burgos Babakhanian. Actualmente estudiando con Akiko Ono en Yehudi Menuhin School (Surrey, Inglaterra), debuta en 2019 con la Orquesta Filarmonía en el Auditorio Nacional de España. En 2022 consigue el segundo premio en el prestigioso Concurso Internacional Ilona Fehér en Budapest y en 2023 interpreta el concierto para violín de Mendelssohn con la Orquesta Nacional de Uzbekistán.

Foto de Kazuo ota en Unsplash

Foto cedida por la OFM

No debería resultar engorroso encontrar un nexo entre Glazunov y Brahms (obviando la de orden cronológico; 1904 y 1885 respectivamente), pues ambos tiñen de romanticismo sus propuestas orquestales y fueron concebidas en las residencias de verano. Por su parte, el ruso, se adhiere a las tendencias estilísticas centroeuropeas sin olvidar su papel como continuador del Grupo de los Cinco, siendo el mismo Rimski-Kórsakov su principal mentor e instructor en su proyección artística. El tema inicial del concierto, dubitativo y expresivo a la vez, es recurrente en toda la pieza y presentado en una amalgama de colores evocadores que denotan la nacionalidad a la que se adscribe Glazunov. El tono campestre, rústico y pastoral se dejan entrever con la presencia de la trompa, trombones y trompeta, aderezados por norma con el arpa, el timbal, el triángulo o el glockenspiel. Entretanto, un violín talentoso irrumpía una y otra vez implacable sobre las tablas, con resolución, firmeza, y una atracción que mantuvo al público en vilo hasta la última nota. El desafío de la solista frente al despliegue técnico de la obra no decayó, y en suma, Inés supo retar al instrumento en un duelo que provocó un aplauso resonador en el auditorio. Ha de advertirse que la puesta en escena resultó magnífica, lo que desembocó en dos obsequios por parte de la intérprete: un delicado Presto de la Sonata Nº. 1 en Sol menor para violín solista, BWV 1001 de J. S. Bach, y un acogedor agradecimiento verbal de la artista a los presentes.

Era el turno de Brahms, y para este momento, la directora ya no precisó de partituras en su atril. Después de las asperezas del primer movimiento, María del Mar lograba canalizar las adversidades de una imponente cuarta y última sinfonía del compositor, en la que el arribo de la serenidad para el Andante, iba a suponer una conjunción bien esperada entre orquesta y directora. El “culpable”, un pizzicato para la sección de cuerda que servía de cohesión e impulso hacia el resto de la pieza, plagada ésta de motivos y líneas melódicas de gran belleza.               En definitiva, una ejecución seria y responsable dentro de un programa contundente que, una vez al mes, acoge a un público agradecido y caluroso con el artista. 

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