Lugar: Teatro Campoamor
Evento: Ópera
Programa: Romeo et Juliette, de C. Gounod
Intérpretes: Génesis Moreno, soprano; Olga Syniakova, mezzosoprano; Sandra Pastrana, soprano; Ismael Jordi, tenor; Carlos Cosías, tenor; Emmanuel Faraldo, tenor; Régis Mengus, barítono; José Manuel Díaz, barítono; Julien Ségol, bajo; David Lagares, barítono y Juan Laborería, barítono. Orquesta Oviedo Filarmonia, con la dirección musical de Audrey Saint-Gil
Fecha: 18 de octubre de 2025
Autor: Alejandro Fernández
© Iván Martinez
El universo de Shakespeare —que inspiró numerosos títulos operísticos— protagonizó, con Roméo et Juliette de Charles Gounod, el segundo título de la temporada de Ópera de Oviedo, posiblemente la historia de amor más célebre de todos los tiempos. Estrenada en el Théâtre Lyrique de París en 1867, la obra llega a Oviedo en una nueva coproducción con ABAO Bilbao Ópera que sustituye la recordada puesta en escena de los años ochenta.
La escenografía de Federica Parolini plantea una estructura central versátil que se transforma según el desarrollo del drama, permitiendo al espectador situarse en los distintos espacios donde transcurre la acción. El empleo de infografía refuerza la ambientación sin distraer la atención, destacando la elaborada escena nocturna en la que participa incluso la propia sala. La dirección escénica de Giorgia Guerra cuidó el movimiento del coro y la comodidad interpretativa del elenco, aunque la escena final, con un cambio de decorado a telón cerrado, interrumpió parcialmente el clímax del desenlace.
En contraste con la grand opéra de Meyerbeer y la opéra comique, Gounod se adentra en lo íntimo y sentimental, siguiendo la senda de Massenet. En Roméo et Juliette transforma la tragedia shakespeariana en un canto al amor romántico, centrado en la emoción más que en la acción o el conflicto social. Conserva el núcleo pasional del mito y lo convierte en una partitura de gran lirismo, como prueban los cuatro dúos amorosos que articulan la obra, suprimiendo personajes y episodios secundarios en favor de la fluidez dramática.
El Coro Titular de la Ópera de Oviedo ofreció una emisión compacta y bien definida bajo la dirección de Pablo Moras. Destacaron las cuerdas de bajos y contraltos, que aportaron densidad, y las de sopranos y tenores, por su luminosidad y precisión. Brillaron especialmente el prólogo Vérone vit jadis deux familles rivales, la intimidad del matrimonio secreto y la vitalidad del baile de los Capuletos, donde se alcanzó la grandiosidad propia de la ópera francesa.
La dirección musical de la francesa Audrey Saint-Gil —quien dirigirá próximamente Werther en Málaga— evidenció un conocimiento profundo de la partitura. Supo expandir la sonoridad del conjunto sin eclipsar a los solistas, logrando un equilibrio poco frecuente. Su lectura destacó por la expresividad de violas, cellos y maderas, admirables por su empaste y calidez. La Orquesta Oviedo Filarmonía respondió con lirismo y precisión a lo largo de los cinco actos, ofreciendo pasajes de gran refinamiento tímbrico.
La pareja protagonista, el tenor jerezano Ismael Jordi y la soprano mexicana Génesis Moreno, ofrecieron una interpretación irresistible. Su química escénica y musical conquistó al público, logrando un equilibrio ejemplar entre técnica y emoción. Desde la pureza de Ange adorable hasta el dramatismo de Nuit d’hyménée / Va! je t’ai pardonné… il faut partir, hélas!, su canto fue ascendente y sincero, sustentado en una técnica impecable y una emisión generosa. Moreno brilló con autoridad en el aria Je veux vivre mientras Jordi firmó un Ah! lève-toi, soleil de intensa musicalidad y elegancia.
Del resto del elenco destacó el barítono David Lagares como Frère Laurent, sólido y convincente en su papel mediador. Excelente también la soprano Olga Syniakova como Stéphano, que resolvió con maestría el aria Que fais-tu, blanche tourterelle, gracias a su holgada técnica y dicción clara. Menos convincente resultó el Duque de Verona de Juan Laborería, al que se echó en falta mayor proyección. Notable, en cambio, la Gertrude de Sandra Pastrana, de voz poderosa, expresiva y bien timbrada, con una seguridad escénica admirable.
En conjunto, esta producción de Roméo et Juliette ofreció una experiencia sólida y equilibrada, con una escenografía funcional y una dirección musical de refinado equilibrio entre orquesta y voces. Ismael Jordi y Génesis Moreno firmaron una pareja ideal, técnicamente impecable y emocionalmente intensa. Coro y orquesta aportaron coherencia y brillo a un montaje que, más allá de algún detalle escénico, se erigió en un homenaje memorable a la ópera francesa inspirada en Shakespeare.
