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Habitualmente consideramos la música como el arte del disfrute y la diversión. Pero realmente, esta afirmación se queda corta. Para un mayor goce de la audición de las grandes obras maestras de la música necesitamos del mayor conocimiento y capacidad creativa posible.

El compositor norteamericano A. Copland en su libro “Cómo escuchar música” se formula dos preguntas, ¿el oyente oye todo lo que está pasando? y ¿es sensible a ello?

Para responder a estas preguntas hace falta subir un nivel, al nivel del conocimiento y de la creatividad, el nivel donde reside la expresividad, los sentimientos, los anhelos, etc. Y a esa tarea va encaminada la función de los musicólogos y divulgadores musicales.

El objetivo de la divulgación musical es el de formar un público entregado y dispuesto a entender lo mejor posible cualquier interpretación musical por medio de la escucha inteligente y dinámica a partir de comentarios y análisis de los aspectos más destacados encaminados a convertir la audición musical en una experiencia personal.

Hemos de conseguir poner a la misma altura las tres patas del banco de la comunicación musical: compositor, intérprete y público. Las obras de arte musicales son creaciones de grandes compositores interpretadas por grandes artistas que necesitan ser escuchadas por grandes oyentes. Por ello, el logro comunicativo de una buena obra musical es ser recibida por oyentes con una actitud y capacidad adecuadas. Actitud y capacidad que se adquieren mediante un aprendizaje experiencial. El conocimiento aumentará la intensidad del disfrute de la experiencia musical.

Al mismo tiempo, en palabras del filósofo y músico francés Gabriel Marcel “No hay creación que no sea al mismo tiempo una invitación a crear, y, efectivamente, el oyente verdadero recrea la música que escucha”. Necesitamos escuchar la música de una forma creativa, viviéndola desde su origen, como si fuéramos los compositores de cada obra y acogiéndola en nuestro propio mundo personal.

Si, como dice el filósofo Alfonso López Quintás, “jugar es ejercitar la creatividad”, juguemos a escuchar música, interactuemos con ella porque, ante todo, un juego es una actividad creativa libre que bajo unas normas nos permite descubrir posibilidades nuevas y cambiantes con la única intención de crear un “campo de iluminación” que resalte el sentido o el sinsentido de cada jugada.

Esta aproximación a la Estética creativa contempla sus tres dimensiones básicas: la espontánea o sensorial, la del sentimiento o expresiva y la puramente musical o inteligente. Para ello nos adentraremos en los tres planos de audición que a continuación paso a detallar:

Foto: Eric Nopanen

 

Plano sensorial:

Según la RAE el adjetivo sensorial: “Perteneciente o relativo a la sensibilidad o a los órganos de los sentidos.”

Es en este plano donde el oyente presta atención, pero simplemente por el puro placer que le produce oír sonidos. En este caso disfruta del sonido de la orquesta, de un piano, un coro…

Este plano no nos lleva más allá de la evasión, sin llegar a comprender la música.

Oímos la música, pero no pensamos en ella ni la examinamos. La mera audición musical nos lleva a un estado de ánimo placentero.

No sería conveniente abusar de este plano. Es decir, utilizar la música para desconectar, para no pensar en la vida cotidiana, como consuelo…. nos puede llevar al punto de desconectar de la misma música. Asistir a un concierto para este propósito es largarse a un lugar donde soñar a propósito de la música, pero sin escucharla nunca verdaderamente.

Este plano es muy importante en música, pero no constituye todo el asunto.

Sería conveniente tener en cuenta que en el atractivo sonoro de una pieza no está su valor artístico, ni que los mejores compositores son aquellos que han escrito las melodías más bellas. Es muy importante cuando escuchemos música asociar a cada compositor con su estilo, con la utilización personal que hace de los elementos de la música, con la época histórica en la que vivió…

Por tanto, a pesar de ser el plano primario, hemos de conseguir una actitud más consciente.

Plano emocional o expresivo:

Nos situamos en este plano cuando escuchamos música únicamente por las explosiones emocionales que nos produce en el subconsciente.

Es fácil dejarnos llevar por esas emociones y pretendemos que la música siempre signifique algo a lo que agarrarnos, un estado de ánimo, un paisaje…

No hemos de buscar constantemente esa imagen que nos transmite la música. La música tiene un poder de expresión, un significado, pero en la mayoría de los casos no se puede expresar con palabras.

Cuando escuchamos una melodía nos puede transmitir alegría, miedo, amor, sorpresa…. Pero si intentamos ahondar en cualquiera de estos sentimientos quizás no consigamos encontrar palabras que nos describan la calidad de cada uno de ellos. Si finalmente el oyente es capaz de encontrar esas palabras no quiere decir que los demás estén de acuerdo con él.

Lo importante es que cada uno encuentre la calidad expresiva de una pieza o tema musical. Si esa pieza es una obra de arte le transmitirá cosas diferentes cada vez que la vuelva a escuchar.

Foto: Lorenzo Spoleti

Plano puramente musical:

Estamos en el plano de la concentración sobre la música en sí misma. Es el que requiere de mayor esfuerzo por parte del oyente, pero al mismo tiempo el que aumenta nuestra capacidad de oír música.

Se trata de conocer un poco más la música en sí misma en cuanto a las notas y su manipulación. Por tanto, deberemos adentrarnos en los cuatro elementos que la constituyen:

Melodía
Ritmo
Armonía
Timbre

Escuchar en el plano puramente musical significa estar dispuesto a escuchar más conscientemente lo que le ocurre a la materia musical desde la perspectiva de los cuatro elementos antes mencionados, así como los principios formales que la estructuran.

Recuperemos pues, la capacidad de asombrarnos como un niño cuando descubramos un campo abierto de posibilidades creativas e imaginativas hasta en las composiciones más simples. Vivamos la audición musical como una experiencia personal.

Tal como dice Ph. Fauré Fremiet: “Nosotros no sentimos, comprendemos y amamos una obra de arte sino en la medida en que somos capaces de recrearla interiormente”.

Bernardo Mora-Fandos
Musicólogo y creador del proyecto de divulgación musical «Shhcúchame»

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