
Mirella Freni y Micaela Magiera. © Archivo personal Micaela Magiera
- Nace la Associazione Mirella Freni. La soprano que fue persona antes que artista
- Micaela Magiera: “Mirella Freni enseñaba a sus alumnos a ser personas antes que cantantes”
Por: Alessandro Pierozzi
A lo largo de la vida se te presentan en el camino momentos, personas o emociones difíciles de explicar en palabras y, menos, de olvidar. Vivencias que quedan grabadas en los rincones más recónditos del cofre sentimental de uno mismo, sin necesidad de que ningún material gráfico, milimétricamente captado por alguno de los artilugios electrónicos de los que (de)penden nuestras vidas, o de que algún folio escrito e impreso –como este modesto retrato en palabras– aparezcan para recordárnoslo.
Lo que a continuación podrán ustedes leer es la transcripción de la preciosa conversación que pude tener –gracias a las gestiones de mi buen amigo Jordi Pujal– con Micaela Magiera, hija de la gran soprano Mirella Freni y del Maestro Leone Magiera. Con motivo del nacimiento y puesta en marcha de la Associazione Mirella Freni, desde la dirección de “Notas a medio tono” pensamos que sería una bonita oportunidad darle voz a esta iniciativa a la vez de poder integrar en nuestras páginas el honor y la emoción que Micaela Magiera desprendió en cada una de sus palabras hacia nuestro proyecto.
P. Comencemos por lo más actual: la creación de la Associazione Mirella Freni. ¿Por qué este proyecto ahora y cómo nace?
R. La verdad es que varias circunstancias se han alineado favorablemente y han facilitado cumplir este sueño. Cuando nació esta idea entre mis hijos, unos amigos –tengo que agradecer particularmente a Jordi Pujal– y yo, pensamos que crear una asociación podría ser un instrumento que tuviera como objetivo mantener vivo el legado personal y profesional de Mirella Freni, aunque quizás – y peco por no ser demasiado modesta en este punto– mi madre ha pasado a la historia por sí misma y no necesitaría de nadie ni de nada para ser recordada. Finalmente se decidió concretar esta idea –de la que ella estaría muy orgullosa y feliz si estuviera entre nosotros– en una fecha muy especial, 2025. Es en este año que mi madre hubiera cumplido 90 años y, además, se añade el hecho de que han pasado cinco años desde su fallecimiento y de que se celebran los setenta años de su debut operístico, con esa Micaela maravillosa que ella interpretó en Carmen… (el nombre de su hija, lo puso en honor al papel que tuvo como debutante). La Asociación somos aún un pequeño grupo porque no tenemos una gran organización, pero espero que la tengamos pronto y que cada día se vayan sumando a este proyecto más y más personas para poder llevar a cabo todos los objetivos que nos hemos propuesto. Se ha diseñado una página web www.associazionemirellafreni.com en la que se explican las líneas principales de la Asociación a medio y largo plazo, noticias y biografía de mi madre, así como material fotográfico, noticias y eventos que tenemos la intención de organizar y presentar.

Teatro Campoamor Oviedo 1995. ©Jordi Pujal. Archivo personal Jordi Pujal
P. Uno de los primeros proyectos y que más ilusión le hace hablar de ello ya se produjo el pasado 24 de mayo.
R. En efecto. Sí, es un proyecto precioso que pensé realizar cuando mi madre falleció. Ella tenía una villa, compuesta por tres casas y terreno en los alrededores de Módena. Desde hace un tiempo, hay una Asociación llamada Aseop, que se ocupa del cuidado y gastos de las familias de niños con enfermedades oncológicas que viajan a Módena y que, debido a sus largos ingresos, necesitan del afecto y cariño cercano de sus familias que soportan un gran desgaste psicológico-personal y numerosos gastos económicos. Por ello, Aseop ayuda y costea, en su totalidad, estas estancias y es ahí que se pensó en que una de las casas de Villa Freni se dedicara al alojamiento y apoyo a estas familias, además de ser un centro de conferencias y eventos de Aseop para también poder, en cierto modo, autofinanciarse y darse a conocer. Módena destaca por su excelencia en el tratamiento de ciertos tumores pediátricos relacionados con la leucemia y son muchos los casos que cada año visitan la ciudad en busca del «milagro de la vida». Pues bien, el pasado 24 de mayo se inauguró la Seconda casa di Fausta e Villa Mirella Freni. Para nosotros es maravilloso ayudar de este modo a mejorar la calidad de vida de las personas y un honor que el nombre de Mirella Freni se asocie a esa labor de voluntariado tan encomiable. Estoy segura de que desde donde ella se encuentre, su felicidad será absoluta al ver que una parte de su herencia se esté utilizando para un fin tan bello y humano como este.
P. Antes comentó el legado personal de Mirella Freni por delante del artístico. Siempre, en los mentideros musicales y de la ópera, el nombre de su madre ha estado asociado al de una persona con una belleza interior única e irrepetible. Siempre que alguien habla de un divo o diva, parece que se esté hablando de un ser inalcanzable, pero no siempre es así. Háblenos un poco de ello.
R. Quizás no soy modesta, pero es absolutamente demostrable que Mirella Freni ha pasado a la historia musical como una de las grandes. Pero ella siempre mostró un plus. Creo que lo que la diferenció de muchos otros artistas fue su lado humano, y es algo, que, entre los valores de la Asociación, quiero poner de manifiesto para que pase a ser un ejemplo de cara a futuras generaciones. Recuerdo que mi mamá, durante los últimos años, cuando enseñaba a sus alumnos, decía que debían ayudar y respetar siempre a las personas, a los demás porque si no, nunca llegarían a nada. Quien no siguiera estas enseñanzas y consejos, podría tener la voz más bella del mundo, pero eso no significaba nada. Visto desde el punto de vista actual en que la vida ha cambiado tanto, su posición podría considerarse excesiva, algo radical, pero ella solo quería mostrar que todo aquello era una pura y simple enseñanza de vida, de humanidad. Ella fue persona antes que artista.
Fíjese que he descubierto hace poco, vaciando su casa y revisando y ordenando todos sus recuerdos, que mi madre hizo mucha labor de voluntariado y beneficencia (conciertos, dinero…) sin que nadie lo supiera, con discreción. De vez en cuando me pregunto… pero «¿qué ha hecho esta mujer? Nunca lo comentó». Agradecimientos, por ejemplo, de Madre Teresa de Calcuta por la ayuda recibida en su comunidad…Pero siempre sin decirlo, sin hacerse publicidad. Solo con pensarlo, uno se emociona.

Manon Lescaut. Gran Teatre del Liceu 1990. © Antoni Bofill – Archivo personal Micaela Magiera
P. Esto habla de los valores humanos que ella tuvo y que contagió a toda la familia.
Su madre no fue una verdadera «diva», ¿verdad? En el sentido de la palabra «diva»
R. Ella nunca quiso mostrarse en el más sentido estricto del término “diva”. Recuerdo que cuando celebró los 40 años de carrera en Módena… Normalmente, una diva (indirectamente) se «autoproclama» como la gran protagonista, quiere «primar» (prima donna), pero mi madre, ese día, invitó a diferentes artistas, entre ellos Plácido Domingo. Sabiendo de la idolatría de los vecinos de Módena por ambos, no quiso quitarle el protagonismo en ningún momento, aunque ella fuera la homenajeada y la número uno esa noche. Ese tipo de actitudes de ser más que, de estar por encima de…no entraban dentro de su catálogo de respeto, admiración y compañerismo con los demás. Sus orígenes humildes, su esfuerzo por pagarse las clases –iba a planchar camisas para pagarse sus estudios de canto–, su constancia la llevaron a ponerse como objetivo principal hacer bien su trabajo, llevar su arte por los rincones del mundo, cantarnos la belleza de la buena música, siempre con el máximo respeto al público y al resto de personas que la rodeaban. Nunca olvidaba quien era, con las ideas claras de lo que era importante en la vida. Cuando le preguntabas «¿Cómo estás, mamá?», ella respondía, «¿cómo quieres que esté? Estoy muy bien, tengo una hermosa casa, hago el trabajo que siempre me ha gustado hacer. ¿Qué quieres que te diga? Mejor que así no se puede».
Quien la conoció puede testificar que cuando ya era la Señora Mirella Freni, siempre era la primera en llegar al teatro. Con el máximo respeto por todo el personal desde los sastres a peluqueras, desde los técnicos al personal de sala. Piense que cuando acababa sus actuaciones eran tan largos los minutos de aplausos que a veces se alargaba la función hasta la medianoche. Eso no retraía a decenas de personas que la esperaban para admirarla y saludarla a la salida y a las que ella atendía pacientemente quizás hasta la 1.30 de la madrugada. Era evidente que el teatro ya estaba cerrado, pero siempre debía quedarse un portero o alguien de seguridad, la persona a la que mi madre pedía diariamente disculpas por la tardanza y agradecía con un cariño y afecto que hasta los propios trabajadores se quedaban sorprendidos. Hay pocos que hacen estas cosas. Por ejemplo, uno de los recuerdos más emocionantes que recibí cuando ella murió, además de los testimonios de grandes personalidades, fue recibir unas notas de pésame de la sastra de la Ópera de Viena o de la peluquera del Teatro de la Ópera de París mostrando el maravilloso recuerdo de ella como ser humano.
La artista es grande y lo sabemos, basta escucharla. Pero la humanidad y los principios de honestidad, corrección y respeto creo que la hicieron más grande aún.

Teatro comunale Pavarotti-Freni di Modena. ©Arletti

Con Luciano Pavarotti ©Archivo personal Micaela Magiera
P. Como curiosidad. ¿Cómo fue la infancia de esa niña nacida a la sombra de la cultura, la belleza, el arte? Porque no solo fue su madre, sino también la presencia y educación de su padre, Leone Magiera, lo que contribuyó que su hogar rezumara un ambiente tan especial.
R. Una infancia particular, diferente, por nacer en un ambiente tan especial. Desde por la mañana llegaban los alumnos a estudiar a casa, a estudiar canto. Mi padre, que fue un gran músico, pianista y profesor, recibía a cantantes y yo, con cinco años, pues ya escuchaba arias, ejercicios vocales… Por ejemplo, Luciano Pavarotti venía todos los días a estudiar sobre las cuatro de la tarde. Aún no era ni medio famoso. Mi madre ya había despegado con su carrera, mientras él todavía seguía formándose con mi padre. Y yo recuerdo preguntarle a mi padre, con un tono ya de aburrimiento, «…¿pero viene Pavarotti hoy también? Siempre viene». Mientras ellos estudiaban, yo me subía por detrás del asiento a la espalda de mi padre o me escondía debajo del piano y escuchaba todo lo que allí se entretejía. Al finalizar, salíamos a dar una vuelta, a tomar un helado y lo pasábamos muy bien. Tengo unos muy bellos recuerdos de esos momentos.
Mi madre, no siempre estaba en casa. He de confesar que esto me creaba una dicotomía como a todo niño puede sucederle: por un lado, el mundo maravilloso, fantástico del teatro, las obras, los decorados, los trajes de las bailarinas… ¡Oh, era maravilloso! Pero, por otro lado, había carencias afectivas, había ausencia y nostalgia, sobre todo, cuando mi abuela, toda emocionada, llamaba por la noche a todos diciéndoles: «¡Venga, venga que canta la Mirella en la radio!» Y yo, mientras escuchaba, lloraba porque lo que quería era que mi madre estuviera ahí conmigo y no a través de un transistor. Por tanto, vivencias y recuerdos maravillosos, pero también algunas faltas que, obviamente, con el tiempo, se fueron superando.
P. Porque…su madre comienza su trayectoria estelar en 1955.
R. Sí, un año antes de que naciera yo. Tras mi alumbramiento, ella decidió parar un par de años para cuidar de mí y eso, a la larga, le creó dificultades en el campo profesional. No la querían ni siquiera en los teatros, porque se había quedado delgadita, frágil y su voz se había vuelto demasiado «pequeña» para los gustos de ese momento, en el que se estilaban voces más amplias y potentes. Por tanto, volver a confirmarse en el firmamento lírico le costó. Pero todo cambió y volvió a ponerse en marcha cuando una buena representante la aconsejó viajar a Holanda, a Inglaterra, a lugares dónde su timbre de voz y estilo seguro que serían muy bien recibidos y así fue. La voz de Mirella Freni se empezó a valorar nuevamente. A partir de ahí, la carrera resultó imparable. Cantar con Giulini, Alva o trabajar con nombres excelsos, como Zeffirelli dirigiéndola en Falstaff fue la señal que todo comenzaba de nuevo a ir por buen camino. Recuerdo que, a partir de ese momento, cuando se juntaban en casa mis padres con Pavarotti, que ya comenzaba a «sonar», comentaban alrededor de la mesa las diferentes experiencias con directores, con orquestas, con compañeros…Luciano contaba, por ejemplo, como se había quedado fascinado con la técnica de respiración de la Sutherland y decía «Oh, pero ella respira así, hace este movimiento: escucha, escucha mi diafragma…». Era como un verdadero trabajo en equipo, sin cortapisas, sin celos, repleto de amor y pasión por la música y con un respeto humano sin igual: por eso, ellos dos formaron un dúo tan maravilloso en escena durante años.

Con Nicolai Ghiaurov – Eugene Onegin. Lyric Opera of Chicago 1985 © Archivo Personal Micaela Magiera
P. ¿Cómo era Mirella Freni, como dicen en España, en las distancias cortas?
R. De tú a tú (risas). Sí, sí. Era una persona dulce, pero también sacaba sus garras cuando tenía que hacerlo. Por ejemplo, en su rol de madre, era bastante exigente, rígida. Mi padre, sin embargo, era todo lo contrario. Así que cuando ella volvía de alguna actuación o tournée tenía que poner un poco de orden porque me tras muchos días sin su «vigilancia» me había vuelto un poco displicente, rebelde y no estudiaba demasiado y, por eso, siempre me caía algún castigo (risas).
También con la gente era siempre muy amable, sonriente y afectuosa, pero si había algo que no le cuadraba, su actitud era directa e irascible en el enfado. Al igual que con su segundo marido, Nicolái Giaúrov: se amaban locamente, pero también se peleaban con la misma intensidad. Cuando se enfadaba era veraz, no escondía nada.
P. ¿Cuál fue el papel de los que interpretó que más amó y cual, de entre todos los compositores, admiró más?
R. No lo sé. A ella, por encima de todo, le gustaba toda la música. La sentía dentro. En mi opinión, el papel y el compositor favoritos eran los del momento, los que debía interpretar en ese determinado momento. Claro podría decir Puccini, pero también Verdi, Tchaikovsky y tantos otros. Ella vivía cada nota, cada momento con mucha pasión y emoción por su amor al arte musical. Recuerdo un día en casa, cuando ya no cantaba, ver juntas una retransmisión en televisión del Tríttico de Puccini y no se me borra su imagen ensimismada ante la pantalla y llorando a lágrima viva de emoción. Por eso es difícil quedarse con un personaje u obra. Es cierto que muchos creen que ha sido la mejor Mimí, pero si tuviera que quedarme con un papel destacado es el de Adriana de la ópera Adriana Lecouvreur de Cilea porque en ese rol demostró siempre que era auténticamente ella, que era Mirella Freni persona en las vestes de un personaje, pasional, celosa, bondadosa, humana…incluso pareció querer simbolizar ese papel en el momento de su fallecimiento…«come una colomba stanca nel suo chiaror».

Adriana Lecouvreur – Gran Teatre del Liceu 1989. © Antoni Bofill – Archivo personal Micaela Magiera
P. «La Mimí favorita de Karajan, La Desdémona predilecta de Kleiber, la Amelia favorita di Abbado»… cuantos papeles, cuantas noches estelares, cuantos teatros…pero también algunos momentos oscuros, poco exitosos. ¿Cómo gestionaba esos «fracasos»?
R. Ella tuvo un gran fracaso que fue La Traviata en la Scala en 1964. Creo que, desde el inicio, se gestionó mal ese proyecto: demasiado joven, no negarse a la propuesta de Karajan por el respeto que le debía al Maestro, cierta ansiedad emocional…, pero ella de las caídas siempre se levantó con nuevos aprendizajes y saliendo más reforzada aún. Recuerdo que, tras esa Traviata, comenzó a estudiar de manera casi enfermiza para perfeccionar su técnica y mejorar su (auto)control físico y mental. A partir de ahí hubo una nueva Mirella Freni. Incluso en días en que podía estar enferma o no al 100% apenas se le notaba en escena y en su voz porque ese bache la enseño a intentar no volver a tropezar. Y siempre brilló.
P. El papel de su padre también hay que destacarlo
R. Fue determinante en los primeros años de la formación de mi madre y de tantos otros cantantes. Siempre creyó en su talento desde muy joven. Prácticamente puedo afirmar que mi padre enseñó música a mi madre –lo mismo hizo con Luciano– y poco a poco la fue tallando como una escultura: técnica, interpretación, repertorio… Siempre estaba pendiente de la progresión de su canto y como artista, guiándola y aconsejándola, por ejemplo, cuando había algún papel o elemento técnico que no acababa de resultar, ir a las clases del Maestro Ettore Campogalliani, gran profesor del Conservatorio de Modena. Incluso en sus inicios la ayudó económicamente, ya que mi madre no podía sostener sus estudios, ya que la familia era de condición modesta. Mi padre fue como el gran director, benefactor, coordinador, cabeza pensante, asesor, confidente de la carrera de mi madre. Eso es evidente.

Con Maria Callas y Giuseppe di Stefano © Archivo personal Micaela Magiera
P. Estamos finalizando y quisiera volver al tema de la Asociación. He leído en la web de esta que quiere perpetuar valores como la música para todos, gestionar el archivo de Mirella Freni, divulgar la tradición del canto lírico italiano, el apoyo a los jóvenes artistas, colaboración con las escuelas y con la universidad.
R. Esperemos ir poco a poco cubriendo nuestros objetivos, que la gente vaya conociéndonos y quiera participar por el mero hecho de seguir un proyecto cultural con una base humana muy fuerte y sin ningún sentido comercial ni personalista. Sinceramente, es lo que más feliz haría a mi madre ahora mismo. Y es lo que pretendo.
Creo que la música como forma de educación también es un medio increíble, porque si te acostumbras a hacer música juntos, colaborar con los demás y escuchar a los demás es algo maravilloso. Sería precioso poder llevar adelante, por ejemplo, el proyecto didáctico con escuelas para que los niños empiecen a conocer y amar la ópera como si fuera un juego, de forma lúdica y proactiva. Pero para ello se necesita el apoyo de toda la sociedad, algo que no es sencillo. Pero vamos a luchar por ello metro a metro, minuto a minuto.

Mirella Freni con Jordi Pujal y Margarita, la madre de Jordi © Antoni Bofill – Archivo personal Jordi Pujal
Muchas gracias a Micaela Magiera por su tiempo, afecto y sabiduría. Deseamos a la Associazione Mirella Freni todo lo mejor para el futuro y nuestro agradecimiento a Jordi Pujal por hacer posible este encuentro.

