Reveladora intimidad

Jun 30, 2025

Una estrella fugaz llamada Mari-Eli

© Fermín Rodriguez

Lugar: Festival Internacional de Música y Danza de Granada.
Formato: Concierto sinfónico
Intérpretes: Solista: Gerhild Romberger, mezzosoprano. Budapest Festival Orchestra. Dirección: Ivan Fischer.
Fecha: 27-06-2025.
Programa: Kindertotenlieder y Sinfonía nº 5 en do sostenido menor, de G. Mahler

Por: Alejandro Fernández

El palacio de Carlos V fue el escenario privilegiado para recibir a una de las orquestas más destacadas del panorama internacional, la Budapest Festival Orchestra bajo la dirección de una de las batutas más completas del momento, el húngaro Ivan Fischer quien, junto al conjunto sinfónico, debutaba en los festivales granadinos. En programa dos páginas íntimamente relacionadas, salidas del genio de Gustav Mahler. Ambas obras comparten año de creación (1901-1902), momento que corresponde con uno de los períodos más fructíferos del compositor creando los Kindertotenlieder y la Sinfonía en do sostenido menor.

Construido en un ciclo de cinco canciones indivisibles, con poemas de Friedrich Rückert que impresionaron al propio Mahler, quien los utilizó para el ciclo del mismo nombre Kindertotenlieder, estas cinco canciones se caracterizan por la estrecha relación entre las distintas canciones que lo organizan, tan sólo rota en la última donde el conjunto sinfónico adquiere una robustez plena, mientras que en los números anteriores se descubren originales agrupaciones instrumentales sobre las secciones de cuerdas y vientos que se relacionan íntimamente con el capítulo sinfónico del músico bohemio.

Una estrella fugaz llamada Mari-Eli

© Fermín Rodriguez

La mezzosoprano alemana Gerhild Romberger fue la encargada de defender en lo vocal el ciclo que agrupa a los Kindertotenlieder, partitura que ha paseado por numerosos escenarios internacionales, siendo una de los grandes especialistas en la obra. No es casual que con la sorprendente sensibilidad que derrochó la batuta de Ivan Fischer haya querido aportar al ambiente de hondos sentimientos como muy bien señala Arturo Reverter en las notas al programa de mano en la mágica noche del pasado viernes en el escenario del Palacio de Carlos V.

Gerhild Romberger encaró las canciones, especialmente volcada en la expresión y gusto musicales, orientada hacia una atmósfera íntima y reflexiva y cuidando especialmente el fraseo y la articulación que demanda Mahler en la lectura de los poemas seleccionados de la obra homónima de Friedrich Rückert. La mezzo dosificó junto a la Budapest Festival Orchestra el preciso arco emocional ideado por Mahler hasta culminar la última de las canciones In diesem Wetter con la que se descubre el tema de amor de la Tercera Sinfonía mahleriana.

La aparente sencillez de estos lieder oculta exigencias técnicas que G. Romberger atendió escrupulosamente como los pasajes graves del primer lied, la sorprendente capacidad para deambular desde la desesperación a la serenidad o el uso de la dicción para evocar la voz fracturada por el llanto de la última de las canciones. Emociones que quedan reforzadas por la idea de un todo indivisible y que G. Romberger desplegó junto a la sensible batuta de I. Fischer, quien sobre la idea del preciosismo de la orquestación plegó, en todo momento, el conjunto sinfónico a la sensibilidad y a las frágiles texturas sonoras de la interpretación de la cantante alemana.

Una estrella fugaz llamada Mari-Eli

© Fermín Rodriguez

Tras el descanso, la cálida noche granadina acogió uno de los monumentos sinfónicos del siglo XX: la Sinfonía nº 5 en do sostenido menor, que marca el inicio de la trilogía instrumental de Mahler (Quinta, Sexta y Séptima). Iván Fischer subrayó desde el primer compás la complejidad formal y emocional de la obra, destacando el dominio del color orquestal que Mahler utiliza para explorar la dualidad entre vida y muerte, oscuridad y luz. La Budapest Festival Orchestra ofreció una versión serena y cargada de sensibilidad, articulada en tres grandes bloques y cinco movimientos, con el Scherzo del tercer movimiento como centro neurálgico. Fischer retrató el viaje emocional de la sinfonía desde la oscuridad inicial hacia la esperanza final, leitmotiv recurrente en la obra mahleriana.

La interpretación destacó por su intimidad y sensibilidad, reflejo de la excelencia y compromiso de los músicos. La fanfarria de trompeta que abre el primer movimiento y la marcha fúnebre que le sigue dieron paso a la lucha entre desesperación y esperanza en el segundo movimiento. En el Scherzo, la dualidad entre alegría y sufrimiento se hizo patente con un recurso especial de Fischer: aproximar la trompa solista a la boca del escenario para crear un efecto revelador y envolvente. El célebre Adagietto constituyó uno de los momentos más emocionantes de la velada, donde Fischer y la orquesta desplegaron una expresividad contenida y luminosa. La sinfonía concluyó con un movimiento final interpretado con soberbia maestría, manteniendo la contención y profundidad que caracterizaron toda esta irrepetible lectura.

Una estrella fugaz llamada Mari-Eli

© Fermín Rodriguez

En suma, la combinación de la sensibilidad de Iván Fischer, la excelencia de la Budapest Festival Orchestra y la expresividad de Gerhild Romberger ofrecieron una velada memorable, donde la música de Mahler se presentó en toda su complejidad emocional y riqueza sonora, dejando una profunda huella en el público del Palacio de Carlos V.   

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