Pensamientos en torno a la educación musical (actual)

Ago 23, 2024

Foto de Kazuo ota en Unsplash

Foto de Kazuo ota en Unsplash

Sirvan estas breves líneas a modo de reflexión sobre una cuestión que, más allá de tópicos, es capital: la educación musical en los jóvenes. Tuve la oportunidad, hace algunas semanas, de asistir al ensayo general de un programa de abono de una de las orquestas profesionales de nuestro país.

Aquel día se consideraba ensayo abierto por lo que un nutrido grupo de estudiantes de diversos institutos de dicha capital acudieron para presenciar el trabajo previo a la representación por parte de este conjunto.

Lo que esperaba que fuera una experiencia enriquecedora para el nutrido grupo de estudiantes que acudió como público – como se pretende que ocurra siempre en estos casos –, terminó revelando un desafío mayor: la falta de interés no solo de los jóvenes, sino también de sus profesores, quienes tampoco mostraron el compromiso necesario para guiar a sus alumnos en la apreciación de un hecho tan capital como es la escucha en vivo de la música… Esta situación, me lleva a reflexionar que todavía existe una urgente necesidad de contar con docentes que comprendan y promuevan la importancia de la música en el desarrollo integral de su alumnado.

Durante el ensayo, los docentes mostraron una clara desconexión con lo que sucedía en el escenario. Murmullos, risas y una actitud de desinterés generalizado rompían con la solemnidad que se espera en un ambiente cultural de esa naturaleza. Sin embargo, lo que más me llamó la atención fue que los profesores que los acompañaban no mostraron mucho más interés por corregir estas actitudes. En lugar de actuar como guías y modelos a seguir, también parecían “ausentes”, más preocupados por mantener el orden superficial u observar su teléfono móvil que por fomentar una verdadera admiración y respeto ante lo que estaba ocurriendo sobre las tablas. Esta podría ser una de las tantas anécdotas que se repiten una y otra vez en situaciones similares a esta.

Foto de Austrian National Library en Unsplash

La importancia de la música en la formación de los jóvenes no puede ni debe subestimarse: la educación musical va más allá de la simple instrucción en técnica vocal o instrumental. Es una herramienta poderosa para el desarrollo emocional, cognitivo y social. Por todos es sabido que la música como disciplina, a grandes rasgos, fomenta la creatividad, la empatía y la capacidad de trabajar en equipo. Sin embargo, para que la juventud pueda beneficiarse de estas enseñanzas, es esencial que los profesores (del ámbito reglado o específico) sean conscientes del valor de esta y actúen como facilitadores de dicho aprendizaje.

Los docentes tienen un rol fundamental en la transmisión de valores y conocimientos. Si un profesor muestra desinterés o falta de conocimiento, es probable que sus pupilos adopten la misma actitud. Por el contrario, un profesor que valora y entiende la importancia de la música, puede y tiene la capacidad de inspirar a sus alumnos a explorar y apreciar este noble arte.

Qué lejanos quedan aquellos fantásticos y geniales sábados por la mañana en los que, los chicos de la ahora llamada “Generación Z”, desayunábamos viendo y aprendiendo del gran Fernando Argenta al frente de su “Conciertazo”… ¿verdad?

En mi humilde opinión, pienso que, para que la educación musical sea efectiva, es necesario que los docentes no solo estén capacitados en técnicas pedagógicas generales sino también en la importancia de la música como parte del desarrollo integral de la persona (a priori, se da por hecho). Ello implica que los educadores deben recibir una formación adecuada que les permita entender cómo la música, por ejemplo, contribuye al bienestar emocional, la mejora de las habilidades cognitivas y la cohesión social entre los estudiantes. Una formación que debe de ir más allá de la aportada durante la época de formación y que debería “reajustarse” continuamente por parte del sistema educativo.

Además, pienso que el propio sistema debe generar y potenciar el hecho de lo que significan unos modelos de conducta en entornos culturales. Asistir a un ensayo de una orquesta sinfónica, por ejemplo, debería ser una oportunidad para que los docentes guíen a sus estudiantes en la observación respetuosa, el disfrute y la reflexión sobre lo que están experimentando. De esta forma, los jóvenes aprenderán no solo a apreciar la música sino también a comportarse de manera adecuada en diferentes contextos culturales, ya que muchos de ellos el único contacto que tienen con estas experiencias tan enriquecedoras e inspiradoras es a través de estas oportunidades que sus centros educativos y las instituciones musicales pueden ofrecerles.

Foto de Robert Katzki en Unsplash

Foto de Robert Katzki en Unsplash

A modo de resumen, se podría afirmar que solo a través de un compromiso serio, genuino y profundo por parte del sistema educativo, los jóvenes podrán desarrollar una verdadera apreciación por la música y, con ello, enriquecer su desarrollo personal y académico. Todos sabemos que la música, como arte, tiene el poder en sí misma de transformar vidas, pero para que eso suceda necesitamos, además, educadores que entiendan y valoren su impacto en la formación integral de nuestros jóvenes.

Santiago J. Otero Vela
Director de orquesta

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