Una Aida de bravura

Mar 17, 2025

La Sylphide: entre lo terrenal y lo etéreo

Foto: Daniel Pérez – Teatro Cervantes

Lugar: Teatro Cervantes (Málaga)
Evento: Ópera
Programa: Aida, de Giuseppe Verdi. Ópera en cuatro actos, con música de Giuseppe Verdi y libreto de Antonio Ghislanzoni basado en la versión francesa de Camille du Locle de la historia propuesta por el egiptólogo francés Auguste Mariette. Estrenada en el Teatro Vice-Real de la Ópera de El Cairo el 24 de diciembre de 1871. Producción escénica Associazione Musicale Suoni del Sud, edizione Busseto.
Intérpretes: El rey: Luis López (bajo) – Amneris: Olesya Petrova (mezzosoprano) – Aida:  Rocío Ignacio (soprano) – Radamés: Jorge de León (tenor) – Ramfis: Rubén Amoretti (bajo) – Amonastro: Carlos Álvarez (barítono) – Un mensajero: Francisco Arbós (tenor) – Una sacerdotisa: Laura Orueta (mezzosoprano). Dirección musical: Oliver Díaz dirigiendo a la Orquesta Filarmónica de Málaga y al Coro Titular del Teatro Cervantes de Málaga. Director del Coro: Pablo Moras. Directora de escena: Vivien Hewitt. Escenógrafo: Franco Zeffirelli – Diseñadora de vestuario: Anna Anni – Iluminador: Gianni Mirenda
Fecha: 7 y 9 de marzo de 2025.

Autor: Jorge Muñoz Bandera

Se presentó en el Teatro Cervantes de Málaga este grandioso tercer título para la vigente 36º Temporada de Lírica malagueña como es la Aida, con un reparto absolutamente estelar y con el debut de La Ignacio en el rol protagónico y homónimo de esta composición, convertida en el punto culminante de la obra verdiana y de la grand opéra romántica.

Para esta ocasión, además, se ha contado con una propuesta escénica, ideada por el histórico y legendario Zefirelli para el Teatro Verdi en Busseto, localidad natal del compositor italiano y que encajaba a la perfección con el hilo argumental de la historia y las dimensiones del Teatro Cervantes,

Una composición llena de un exotismo melódico, muy propio de la segunda mitad del Siglo XIX, con todos los resortes del género romántico en juego, como la gran majestuosidad en los números de masa coral y una serie de dúos concertantes de tremenda belleza, además de las arias, unas joyas que inundan de radiante luz este hito verdiano.

La Sylphide: entre lo terrenal y lo etéreo

Foto: Daniel Pérez – Teatro Cervantes

Comienza esta producción de la Aida con un ajuste escénico realmente coherente por parte de la propuesta de Vivien Hewitt, y ofreciendo veracidad en un libreto que, aún a pesar de incoherencias y hechos pocos creíbles en algunos momentos, contribuye a una belleza artística sin igual.

A esta propuesta contribuyó la fantástica entrada del Preludio orquestal por parte de la OFM bajo la batuta de Oliver Díaz, quien fue desarrollando un diálogo perfecto y equilibrado entre las voces y el acompañamiento orquestal, construido por Verdi de manera magistral, dando lugar a la singularidad melódica, al misterio, a la carga teatral y a la pasión escénica de cada momento narrativo sin sobrepasar al canto. Esta proporcionalidad sonora ayudó a que los cantantes y el coro pudieran desarrollar toda su sabiduría vocal en una partitura nada fácil de abordar ni en lo puramente canoro ni en lo dramático. Lo mismo ocurrió con la presencia de la masa coral, que destacó especialmente con el “Gloria all’Egitto” o en los coros internos, donde el sonido era compacto y brillante, si bien es cierto que cabe buscar un mayor empaste que pueda dar una homogeneidad aún más cristalina al sonido coral. No obstante, el trabajo de Pablo Moras ha sido encomiable.

La Sylphide: entre lo terrenal y lo etéreo

Foto: Daniel Pérez – Teatro Cervantes

Entre el reparto ocupa comentar la intervención de Jorge de León como tenor lírico, altamente experimentado en este rol. Su voz es grande y brava, aunque en ciertos momentos pueda ser necesaria la dulzura o ductilidad vocal para no forzar demasiado ciertos pasajes que no precisan de tal fuerza y ofrecer un fraseo cálido y límpido. El control vocal fue realmente inteligente, dotado de color y ajustado al dramatismo. En Celeste Aida, de León demostró que conoce muy bien el rol, si bien fue en el Acto IIIº donde el tenor demostró una gran destreza interpretativa en su dúo con la esclava etíope para llegar al final del IVº Acto con un vibrante y emocionado O terra addio.

A pesar de los nervios y la tensión iniciales y de lo que supone debutar un rol como este, Rocío Ignacio, como Aída, logró defender toda la gama de sentimientos encontrados de esta esclava con una voz de timbre realmente hermoso y cálido, de suavidad aterciopelada en las situaciones dramáticas así requeridas, sobre todo en el registro medio-agudo, junto con unos pianissimi de extraordinaria belleza en los momentos más culminantes como en las arias del Ritorna Vicintor y O Patria mia.

La gran rival de Aida en esta trama de amor y celos, la princesa egipcia Amneris, estuvo interpretada por la mezzosoprano rusa Olesya Petrova, capaz de concentrar en su voz los celos, el amor y la sensualidad con una arrolladora fuerza interpretativa y vocal, ajustadas a la intensidad del personaje. Una auténtica revelación con un canto arrebatador, sugerente y lleno de claroscuros.

Culminamos con la crucial entrada en escena del barítono malagueño Carlos Álvarez, quien demostró sobre las tablas su gran y dilatada experiencia, más concretamente en Verdi, que siempre ha sido su compositor fetiche y el que le ha llevado a sus grandes éxitos por todo el mundo.

Su Amonastro supo descargar la rabia interior dando el juego brillante en lo vocal y en lo dramático, como artista total que es Álvarez, capaz de entregarse totalmente a la escena. Su timbre sonó realmente fulgurante, sobre todo en el encuentro con su hija y el posterior con Radamés. El público malagueño agradece que Álvarez siempre busque un momento para regresar a “su teatro”, que es “su casa”.

A destacar las actuaciones del Sacerdote encarnado por un Rubén Amoretti de timbre rotundo e intenso en cada una de sus actuaciones. Al igual que el bajo, también malagueño, Luis López en el rol del Faraón, con una línea de canto realmente entusiasta y excitante. Una voz que va ganando en todos los aspectos y que estoy plenamente seguro nos dará grandes interpretaciones. Por último, hay que destacar la intervención de Francisco Arbós en el papel de mensajero, con un canto resuelto y puro.

En suma, una Aida para recordar por mucho tiempo. ¡Gloria al gran Verdi hoy y siempre!

La Sylphide: entre lo terrenal y lo etéreo

Foto: Daniel Pérez – Teatro Cervantes

0
    0
    Tu carrito
    Carrito vacío.Volver a la tienda