
Foto: Rafa Alcaide – Orquesta de Córdoba
Lugar: Auditorio Gran Teatro de Córdoba.
Formato: Concierto sinfónico
Intérpretes: Solista: Javier Comesaña, violín. Orquesta de Córdoba.
Dirección: Salvador Vázquez.Fecha: 21-01-2025.
Programa: Fantasía escocesa, Op. 46, de M. Bruch y Sinfonía nº 3 en la menor, Op. 56, “Escocesa”, de F. Mendelssohn.
Autor: Alejandro Fernández
Dos grandes páginas del repertorio romántico, en un arco temporal de casi medio siglo, han protagonizado el noveno abono de la temporada de conciertos de la Orquesta de Córdoba este pasado jueves, viernes y, por extensión, en Huelva el sábado. En los atriles, dos atalayas musicales singulares, articuladas y resueltas de forma magistral por los autores protagonistas de este último encuentro con el conjunto cordobés: M. Bruch y su Fantasía escocesa, construida sobre canciones populares de la región británica, y la que es la sinfonía más elaborada de F. Mendelssohn, la Op. 56, “Escocesa”.
Reconocido como uno de los talentos más sobresalientes de los intérpretes andaluces, el violín del sevillano Javier Comesaña protagonizó la primera parte del concierto, acompañado por el solista de arpa de la Filarmónica de Málaga, Miguel Ángel Sánchez Miranda. M. Bruch otorga al arpa el carácter evocador de las arpas celtas, aportando color y ambiente a una partitura rica en motivos temáticos, sin alcanzar la condición de concierto para violín del que el autor rehúye con la intención de construir una obra, musicalmente, de horizonte amplio y expansivo.
Articulada en una introducción y cuatro capítulos, la claridad y seguridad técnica distinguen la sustanciosa interpretación que solista y conjunto, todos ellos comandados por la precisa batuta del maestro titular Salvador Vázquez, ofrecieron en el auditorio del Gran Teatro.

Foto: Rafa Alcaide – Orquesta de Córdoba
El violín de Comesaña -un Guadagnini de 1765- se distingue por las delicadas sonoridades que el músico sevillano es capaz de extraer sobre la base de una técnica depurada, de sonoridades aterciopeladas que hablan de la asombrosa unión entre músico e instrumento, tal y como se pudo comprobar en el desarrollo de la obra. A todo ello hay que unirle la singularísima sensibilidad artística del violinista sevillano. Digna de mención la atención de los profesores de la Orquesta de Córdoba en lo que parecía un tour de force de la formación después de la brillante Traviata que desde el foso del coliseo cordobés firmaron la semana anterior junto a su batuta titular.
Desde la oscuridad de la introducción, el movimiento evoluciona hacia un cierto carácter lírico e irresistiblemente evocador, en un continuo diálogo entre solista, arpa y conjunto, destacando especialmente el papel de las cuerdas graves, el empaste de violines y la sensibilidad de maderas y trompas, estos últimos con gran protagonismo a lo largo de la fantasía y posteriormente en la sinfonía de Mendelssohn. Tiempo contrastante en el segundo capítulo de la Fantasía de Bruch, con un especial sentido orgánico, lo que contribuyó notablemente a dar carnalidad y expresión al violín de J. Comesaña. Tras el enmarcable andante, conjunto y solista abordaron la conclusión de la Fantasía, con un Javier Comesaña desplegando toda una suerte de recursos técnicos al servicio de un tiempo chispeante, plagado de dificultades, y que el intérprete abordó con maestría, genialidad y gusto musical.
Felix Mendelssohn fue el protagonista de la segunda parte de este destacado programa de la temporada de la Orquesta de Córdoba, con la única sinfonía que la imprenta conoció en vida del compositor, catalogada como Tercera Sinfonía con el sobrenombre de “Escocesa”. Una página que tiene su origen en un viaje que realizó el músico alemán por tierras escocesas en 1829. De los apuntes de aquel viaje cobraría forma, años después, el que es el trabajo sinfónico más elaborado y cuidado del compositor alemán.

Foto: Rafa Alcaide – Orquesta de Córdoba
Versión de referencia la leída por los profesores de la orquesta de la mano del maestro Salvador Vázquez, en lo que fue todo un ejercicio musical tanto en lo interpretativo como en el discurso y tensión que fueron desgranando a lo largo de los cuatro tiempos contrastantes en los que se organiza la Sinfonía en la menor. Nuevamente el sentido orgánico fue uno de los puntos fuertes de esta lectura coherente, bien tensionada y magistralmente resuelta. Aspectos que hablan del sustancioso momento artístico en el que se encuentran actualmente conjunto y batuta.
La orquestación cuidada en cuanto a color y arquitectura armónica del primer tiempo de gran lirismo y factura plástica permitió al conjunto abordarlo en un continuo diálogo entre secciones. El tono mayor del segundo movimiento construido sobre variaciones sinfónicas marcó el claro contraste entre el tiempo anterior y el soberbio scherzo que le sucede. Salvador Vázquez y la orquesta subrayaron el ánimo brillante y ágil de este tercer capítulo, con especial atención a la emisión iluminada por cuerdas y trompas antes de abordar el allegro final, resuelto con la misma coherencia técnica y artística.
Alejandro Fernández
