
Foto: David Ruano – Gran Teatro del Liceu
Lugar: Gran Teatre del Liceu (Barcelona)
Formato: Ópera
Programa: Madama Butterfly, de Giacomo Puccini.
Intérpretes: Saioa Hernández, soprano. Fabio Sartori, tenor. Thomas Mayer, barítono.Teresa Iervolino, mezzosoprano.
Dirección musical: Paolo Bortolameolli. Dirección de escena: Moshe Leiser y Patrice Caurier. Coro y Orquesta del Gran Teatre del Liceu.
Fecha: 10-12-2024
Por: Albert Mena
Esta es una de esas ocasiones en las que el segundo reparto termina brillando más que el primero. En el esperado regreso de Madama Butterfly al Liceu –ideal para un regalo navideño–, el talento mediterráneo superó al internacional con el solvente dúo protagonista de Saioa Hernández y Fabio Sartori. Hernández trajo su bella voz a Barcelona, de ancho registro y con colores de gran atractivo en toda su extensión. Con la amplitud generosa de su voz, en las numerosas escenas dramáticas supo resolver también en ocasiones los pianissimi con los que Puccini caracterizó a la joven adolescente japonesa. Sin ser representante de una italianità de raza, capturó numerosos matices en el exigente papel, tanto en su cuidada dicción como en el fraseo. También en lo escénico se entregó, tanto con sus bellos ojos ilusionados en la espera del coro A bocca chiusa como en los primeros encuentros con Pinkerton. Hernández es fiel a sí misma como artista y en sus personajes.

Foto: David Ruano – Gran Teatro del Liceu
Más unidimensional resultó el Pinkerton de Fabio Sartori. De generosos agudos y potente ejecución, de italianità innegable y conocedor del repertorio, pudo superar en todo momento la difícil orquestación pucciniana. Supo caracterizar, especialmente a nivel vocal, a un personaje poco elegante e irresponsable. Aunque la voz ha perdido algo de calidad, a sus 54 años sigue siendo Sartori un buen representante de un estilo difícil de encontrar. Si bien en varias ocasiones añade algo de “lágrima” afectada a su fraseo, que resulta difícil de justificar en el contexto, sí captura lo que otros cantantes, quizá más famosos, no pueden llegar ni a concebir.
Bastante insuficiente el barítono Thomas Mayer como Sharpless, con una voz sin armónicos e incapaz de llenar el ambiente escénico. Sin poder expresar mediante la música, intentó comunicar a través de efectos vocales que no son adecuados para una sala como la del Liceu. Mejor la mezzo, Teresa Iervolino como Suzuki, la atenta y dolida criada de Butterfly, con timbre digno y atención al detalle. Su voz empastó con la de Hernández en el dueto de las flores y, en todo momento, transmitió con su presencia escénica. Funcional el Goro de Pablo García-López, representando al interesado casamentero con numerosos efectos escénicos y obedeciendo, en todo momento, las directrices propuestas por el regista.

Foto: David Ruano – Gran Teatro del Liceu
La puesta en escena del dúo Leiser y Caurier sufre de notorios bajones de intensidad, lo que podría indicar una cierta falta de ambición. Si bien es preferible esto a las irresponsabilidades de direcciones que oscurecen la música y el libretto, algo más de atención y descripción del contenido emocional y musical de la ópera sería de agradecer. Tampoco es perdonable que la entrada de Butterfly, cantada fuera de escena, sea prácticamente inaudible desde las primeras filas de platea: no funciona como recurso estilístico ni es musicalmente recomendable. Faltaría que alguien dijera a los directores que la música es lo primero en la ópera. Hacer cantar a las intérpretes en el fondo del escenario tampoco ayuda, con una escenografía que favorece diseminar la voz en el espacio sin proyectarla. La bajada del telón en el intermezzo del tercer acto será necesario por motivos técnicos o de producción, pero termina siendo solamente un paso más hacia la ausencia de drama escénico. Los escasos instantes poéticos funcionan bien, como en la caída del muro a la llegada del bonzo o de las hojas al final de la función, representando el cierre de la vida de la protagonista.
La dirección musical de Paolo Bortolameolli tuvo un volumen elevado, a veces incluso excesivo, con ritmo vivo y maleable y con capacidad para adaptarse a los exigentes cambios de la escritura pucciniana. No transmitió una excesiva complicidad con los aspectos emocionales de la obra, así como tampoco sacó de la orquesta del Liceu una sonoridad excesivamente interesante. Orquesta y Coro funcionales.
