
Foto: Pablo Asenjo
Málaga. 24-10-2024
Sala de Conciertos María Cristina
Recital
Margarita Domínguez, piano
Programa: páginas de F. Schubert, F. Chopin, F. Liszt, T. Carreño, C. Wiek y otros.
Por: Alejandro Fernández
Tras el primer programa de la Temporada de Conciertos de la Sociedad Filarmónica de Málaga que arrancaba con una suculenta y no menos atractiva versión para orquesta de cámara de la Cuarta Sinfonía de Mahler a cargo de la Orquesta Sinfónica de Málaga y la batuta de José Luis López Antón el pasado tres de octubre, este jueves veinticuatro tocaba el turno a uno de los formatos más divulgados del camerístico como es el recital a piano solo.
Para la ocasión, esta nueva sesión de la SFM contaba con el adelanto en primicia del primero de los trabajos discográficos de la maestra, docente e investigadora malagueña Margaríta Domínguez bajo el título Diálogos para piano. Cuatro pares de páginas que concentran una retrospectiva amplia, en perspectiva y dialogante del corazón de la literatura pianística, especialmente en su edad de oro, el siglo diecinueve. Y todo ello bajo una perspectiva históricamente informada. Recital que servía también como adelanto del lanzamiento del primer registro fonográfico de M. Domínguez bajo el sugerente título de El Canto de Diotima. Disco producido en colaboración con Argonauta Estudio que lidera Miguel Ángel Vera. Trabajo que verá la luz el próximo veintidós de noviembre.
Margarita Domínguez, en este privilegiado escenario que es la Sala María Cristina, rememora la formalidad de cómo se desarrollaban esta clase de repertorios en las numerosas salas de concierto que cuajaban el viejo continente como forma de difusión y divulgación ante una burguesía urbana que comienza a demandar y consumir este tipo encuentros musicales trascendiendo a los salones aristocráticos y eclesiásticos.
Época de cambios radicales que casan con uno de los siglos más convulsos como fue el siglo XIX. Empresa comprometida en la que el piano de M. Domínguez se adentra además en cuestiones teórico-filosóficas que contribuyen a clarificar a través de la figura de Diotima el orden entre lo concreto y lo trascendente en una constante relación entre orden natural, pensamiento y música. Y todo ello cuajado de puntuales contextualizaciones a cargo de la pianista malagueña.
Una cuidada selección que retrata estilos, formas y figuras de una época imprescindible, en la que conviven el gran formato concertístico con la intimidad y experiencia que aportan estas pequeñas páginas donde se concentran las mismas ideas de los autores que las encarnan en desigual relación. Margarita Domínguez reclama -no sin razón- el valor formal y artístico de compositoras como la venezolana Teresa Carreño, a la que el propio Liszt quiso acoger como alumna; Clara Wiek, imprescindible para entender la dimensión de R. Schumann; o la figura de la francesa Cécile Chaminade, uno de los pocos ejemplos de mujeres que pudieron desarrollar una carrera pública como compositora e intérprete.

Foto: Pablo Asenjo
El encuentro se iniciaba con el diálogo de dos de los nombres de oro del repertorio y relacionados por la atracción del repertorio vocal. Schubert y Chopin en sus páginas de salón trasladan al piano a solo esta especial inclinación. En este sentido, M. Dominguez subraya la sutil línea melódica sobre la que el compositor austríaco articula su Impromptu nº 3 que contrasta con las ornamentaciones que la pianista, docente e investigadora abordó en la lectura de ambos autores.
Compositores que lejos de constituir esferas independientes se relacionan y aprecian como singulares como ocurre en el segundo de los diálogos encarnados por la altura y peso del piano de F. Liszt que supo reconocer el caudal artístico de Teresa Carreño. En este singular par M. Domínguez contrastó la línea grave y movida de Un sueño en el mar de Carreño con la complejidad melódica y en ocasiones irresistiblemente lírica del tercero de los nocturnos de Sueños de amor de F. Liszt.

Foto: Pablo Asenjo
En el corazón del recital el piano de Margarita Domínguez condujo al auditorio en la estrecha relación de J. Brahms y Clara Wiek una compositora e intérprete que rigió la obra de Brahms y la de su esposo R. Schumann del que fue editora de su obra. La solidez del Scherzo nº 2 de C. Wiek quedó reflejada en la riqueza de ideas destacadas por M. Domínguez que contrastaba con la seguridad del fraseo y dominio técnico que la pianista malagueña despliega en los comprometidos Tres intermezzi de J. Brahms.
A pesar de no existir una línea ascendente en el planteamiento teórico de las páginas seleccionadas, el cuarto de los diálogos que cerraban este programa fue protagonizado por el último gran romántico S. Rachmaninov con la no menos apreciada C. Chaminade resultó el más complejo y redondo desde el punto de vista interpretativo. Parte de la interpretación de M. Domínguez se centraría en trascender de las dificultades técnicas que plantea Rachmaninov en su Preludio nº 4 y centrar la atención en el color y complejidad caleidoscópica del compositor ruso al que M. Domínguez confronta con el revelador Estudio de Concierto de C. Chaminade que cerraba la velada.
