
Foto: ofunam_mx
Lugar: Ciudad de México, México, Sala Nezahualcóyotl, UNAM.
Fecha: 27/09/2025
Evento: Segundo programa de la tercera temporada 2025 de la OFUNAM. Concierto dedicado al Instituto de Investigaciones estéticas de la UNAM por su 90 aniversario.
Programa: Ludus autumni de Joaquín Gutiérrez Heras, Concierto de otoño de Arturo Márquez, Labios vermelhos de Pacho Flores (estreno en México) y Sinfonía número 6 en re mayor, op. 60 de Antonin Dvořák.
Intérpretes: Solista: Pacho Flores (trompeta), OFUNAM, Dirección: Darrell Ang.
Por: Isabel Gracia Bernad
La Orquesta Filarmónica de la Universidad Nacional Autónoma de México (OFUNAM) presentó un concierto que representó fielmente la línea temática del ciclo: la relación entre la música, el medio ambiente y la naturaleza. La velada tuvo un significado especial, ya que sirvió también para celebrar los 90 años de trayectoria del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, pionero en la investigación musicológica de México.
Ludus autumni de Joaquín Gutiérrez Heras sirvió de evocadora bienvenida. Esta obra no estrictamente programática alude al otoño a través del lenguaje personal y libre del compositor. La interpretación destacó por el protagonismo de la sección de viento que creó un rico y constante contraste con el resto de la orquesta. La OFUNAM desplegó una fina paleta tímbrica, realzada por los solos de oboe, clarinetes, flautas y trombones, todos ejecutados con una depurada fineza rítmica y una fraseología musical de gran expresividad. El delicado juego de timbres y el complejo contrapunto entre secciones, manejado con gran coherencia por Darrell Ang, dejaron entrever la maestría de la partitura y la calidad de la orquesta.
Concierto de otoño de Arturo Márquez mantuvo el hilo otoñal con el aclamado trompetista venezolano Pacho Flores como solista. Tras preparar los cambios de trompeta en do, re, fiscorno y corneta en fa, Flores atacó Son de luz con un sonido firme, seguro y limpio, mientras la orquesta asumía la esencia rítmica del son mexicano. En Balada de Floripondios, Flores demostró su dominio expresivo para fusionar el carácter popular de la balada con un virtuosismo académico de altísimo nivel, sin perder las sutiles alusiones al tema principal del primer movimiento. El tercer movimiento, Conga de flores, rinde homenaje a la danza mexicana. El virtuosismo pulcro y enérgico de Flores, junto al dinamismo del director, se impusieron con toda su fuerza, fusionando lo jazzístico con lo popular en un diálogo rítmico contagioso.
La cadencia final fue un claro derroche de alma latina: además de retomar la conga de Márquez, Flores incorporó con ingenio y humor el tema Tequila de The Champs, otorgando un toque satírico y festivo que provocó que todo el auditorio coreara al unísono: “¡tequila!”.

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El Concierto de otoño no marcó la despedida de Pacho Flores, quien ofreció como novedad el estreno en México de su obra Labios vermelhos. Compuesta originalmente para trompeta y guitarra, en esta ocasión se presentó en una versión para trompeta y orquesta. La pieza evoca, a través de los ritmos característicos de la samba, un recuerdo de la infancia del trompetista cuando escuchaba la radio brasileña junto a su padre.
El arreglo para formación sinfónica resultó sorprendentemente afortunado y colorístico, potenciado por una ejecución vital por parte de la OFUNAM. Destacó especialmente el sincretismo musical logrado en los pasajes de estilo jazzístico, donde la batería y los vientos metales emularon la energía contundente de una big band de swing, todo ello integrado con la tradición académica de una sección de cuerdas pulcra, expresiva y de sonoridad robusta, tan característica de la orquesta mexicana. Al concluir, Flores se despidió no solo con un alegre obrigado sino también con un bis para trompeta sola: el merengue A mis hermanos, del compositor venezolano Aquiles Báez.

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Cerraba el concierto con la Sinfonía No. 6 en re mayor, Op. 60 de Antonin Dvořák. Escrita en solo siete semanas, en 1880, es emblemática del periodo eslavo del compositor, donde el espíritu y la naturaleza de su tierra se funden con la identidad nacional. La orquesta inició con un lirismo claro y suave que exigió un manejo minucioso para sostener la continuidad. El segundo movimiento logró un tempo más adecuado para mostrar las amplias líneas melódicas y el contrapunto entre cuerdas y maderas que crearon una atmósfera sutil y melancólica. El vibrante tercero mostró el marcado carácter eslavo de la obra, evocando las Danzas eslavas del compositor. Si bien la OFUNAM demostró la fuerza rítmica esencial, la articulación exigida se vio algo desdibujada en las cuerdas, restándole claridad a la melodía. Sin embargo, con el Finale, la orquesta remontó de forma notable con un pulso enérgico, una articulación nítida y una fuerza rítmica contagiosa. Un concierto inolvidable que dejó el mejor de los sabores en la noche otoñal de la capital mexicana.
