D’Melon y Fernández en los albores del romanticismo

Oct 28, 2025

Lugar: Gran Teatro de Córdoba
Evento: Concierto Sinfónico
Programa: Obertura en Do Mayor, F. Mendelssohn; Concierto para violín nº 3 Straßburg, en Sol Mayor, K.216, de W. A. Mozart y Sinfonía nº 1 en Si bemol Mayor, Op. 38, de R. Schumann.
Intérpretes: Ellinor D’Melon, violín. Orquesta de Córdoba
Dirección: Beatriz Fernández
Fecha: 23 de octubre de 2025

Autor: Alejandro Fernández 

© Rafael Alcaide

La segunda cita de la Temporada de Abono de la Orquesta de Córdoba llevó al Gran Teatro un programa que exploraba el tránsito del clasicismo al romanticismo, encarnado en la cada vez más reconocida obra de Fanny Mendelssohn y en un joven Robert Schumann. En el corazón del concierto, subtitulado Destellos de juventud, se situó la plenitud formal y expresiva de W. A. Mozart.

No fue un programa complaciente para los profesores de la Orquesta de Córdoba, que afrontaron tres visiones de marcada personalidad, con exigencias técnicas y expresivas notorias. Ante un teatro lleno hasta la bandera, el conjunto cordobés propuso un diálogo entre tradición y modernidad, sustentado en la idea de que la forma musical es un organismo vivo, capaz de transformarse al compás del espíritu romántico que definió el siglo XIX.

El violín de Ellinor D’Melon, principal artista invitada de la Temporada, y la batuta de Beatriz Fernández, maestra valenciana que regresaba al podio de la Orquesta tras sus colaboraciones con la Orquesta de Córdoba en la provincia y su colaboración con la Filarmónica de Málaga en la temporada pasada, fueron los protagonistas de esta nueva cita sinfónica. Para la ocasión, Fernández diseñó una propuesta exigente para los atriles y reveladora para el público, apelando a la memoria sonora del primer romanticismo, aún fiel a la estructura clásica. En este contexto, donde los detalles, acentos y relieves tímbricos son esenciales, volvió a evidenciarse la necesidad de una sala con una acústica más sensible.

Abrió el concierto la Obertura en Do mayor de Fanny Mendelssohn, obra tripartita construida bajo el modelo sonata y con instrumentación clásicamente definida. Más que un ejercicio académico, la partitura despliega un refinado dominio del color orquestal y del diálogo entre secciones, que la maestra B. Fernández realzó con un tratamiento lírico y equilibrado. Destacaron el empaste de las maderas, la precisión de las cuerdas graves y la transparencia general del conjunto, en un fraseo claro que anticipó la impronta mozartiana de la velada.

El núcleo del programa estuvo ocupado por el Concierto para violín nº 3 «Straßburg», en Sol mayor, K. 216 de Mozart, compuesto en 1775, cuando el autor servía a la orquesta del arzobispo de Salzburgo. En el violín de D’Melon, la partitura cobró vida con un fraseo luminoso, donde el equilibrio entre virtuosismo y lirismo reveló la madurez de una intérprete dueña de su estilo. El Giovanni Baptista Guadagnini que empuña la joven solista ofreció un sonido carnoso, de brillo chisporroteante. En el Allegro inicial, los diálogos entre orquesta y solista fluyeron con naturalidad hasta una cadenza resuelta con elegancia y precisión. El Adagio central, suspendido en lirismo, dio paso al rondó final de carácter danzante, donde Mozart conjuga gracia popular con refinamiento formal. La Orquesta de Córdoba respondió con ductilidad y un sonido compacto en las cuerdas y maderas.

Tras el descanso, la Sinfonía “Primavera” de Robert Schumann ocupó íntegramente la segunda parte. Primera incursión sinfónica del compositor, esta partitura conjuga frescura melódica y rigor estructural en una síntesis ya plenamente romántica. La lectura de Fernández fue contenida y poética, subrayando los contrastes dinámicos y la progresión modulante de los tres últimos movimientos, enlazados sin solución de continuidad. Su enfoque, de trazo flexible y fraseo respirado, iluminó el carácter germinal de una sinfonía que dibuja el despertar artístico del alemán.

El trabajo de Beatriz Fernández al frente de la Orquesta de Córdoba fue minucioso, equilibrando de calculada precisión técnica y sensibilidad poética. Su gesto, más depurado que enfático, sostuvo la arquitectura dramática schumanniana y propició el lucimiento de atriles solistas destacando la sonoridad de cornos y metales. El Gran Teatro celebró una velada que reafirma el compromiso del conjunto con la calidad, la coherencia estética y la emoción sonora. La Orquesta de Córdoba es sin duda una máquina perfectamente engrasada tanto en lo técnico como en su contínuo ascenso artístico. Dejar que el conjunto respire y se exprese es sin duda un signo de madurez.

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