
Bajo el título, se ofrecen arias de óperas tempranas del genio austriaco, no muy programadas por estos lares, salvo Idomeno, K.366. El tenor uruguayo, Edgardo Rocha con el Concerto Málaga, a las órdenes de Juanma Parra, conforman una parrilla de lujo para este disco, con opciones bastante atrevidas para mostrarnos a un Mozart alejado sus hits operísticos. Varias son las llamadas partituras escritas por encargo, en las que Rocha captura el elemento de exhibición lúdica que un cantante de la época habría buscado. Mozart establece cuidadosamente un vuelo inesperado hacia los registros agudos, que en estos casos resulta deliciosamente natural. La combinación de gracia en los agudos y originalidad en la selección musical, y el sencillo título de este lanzamiento parece prometer precisamente eso. Las arias de cada ópera están agrupadas: Mitridate, re di Ponto, K.87; La Clemenza di Tito, K.621 (la excepción de ser la última ópera mozartiana por cronología, que no el estilo alejado de sus más grandes clásicos en la lírica); Lucio Silla, K.135; Zaide, K.344; Apollo et Hyacinthus, K.38 y Il Re Pastore, K.208. Todas presentadas en arias individuales que dan a Rocha la oportunidad del lucimiento total en su timbre brillante y cálido, acompañado de su vivaz coloratura y luminosos agudos, demostrando asimismo una gran fluidez mostrando un continuo cambio de ritmo.
Quizás el Concerto Málaga se podría haber lucido más de haber intercalado alguna de las oberturas de las óperas a modo de intermedio, sin embargo, se nos ofrece como epílogo el delicioso Rondó, K.373 para violín solo y orquesta, compuesto en abril de 1781. Una creación compacta y sin pretensiones, ofrecida por el concertino Gil de Gálvez. Su enfoque del fraseo es nítido, priorizando la perfección en los detalles técnicos sobre la expresividad. Este estilo encaja a la perfección con las arias juveniles centradas en la elegancia y el sentimiento. Toda una delicatessen.



