El círculo perfecto de Villamarta: El amor brujo y La vida breve

Oct 6, 2026

El amor brujo © Fotografías realizadas por Esteban Abión

Lugar: Teatro Villamarta (Jerez)
Evento: Ballet y ópera
Programa: El amor brujo y La vida breve, de Manuel de Falla.
Intérpretes: Erica Leiva, cantaora; Eduardo Guerrero, coreografía. Maribel Ortega, soprano; Antonio Llíteres, tenor; Letizia Rodríguez, mezzosoprano; Alejandro López, bajo; Marta Benítez, mezzosoprano; Gregorio García, tenor; Alejandro Otero y Alfredo Tejada, cantaores. Coro del Teatro Villamarta. Orquesta Bética de Sevilla. Dirección musical de Carlos Domínguez Nieto.
Fecha: 2 de octubre de 2025

Por: Alejandro Fernández

Jerez volvió a ser el centro de la alta cultura el pasado viernes con el estreno de su última producción escénica y musical: el ballet El amor brujo y la temprana ópera La vida breve, dos páginas inmortales del músico andaluz más universal, Manuel de Falla. El Teatro Villamarta corona así una nueva revisión de estas dos obras en el ciento cincuenta aniversario del nacimiento del compositor. Y lo hace con un proyecto ambicioso que en escena superó las expectativas. Villamarta lo vuelve a firmar con grandes letras gracias a  la concisa propuesta escénica de David Bernués y Carlos Roó, que establecen una decidida continuidad dramática entre dos obras formalmente singulares, que en las tablas del coliseo jerezano funcionó gracias a la estrecha relación que se establece entre el ballet de la etapa parisina y el Madrid de comienzos de siglo en la evolución del lenguaje del gran maestro.

Bernués y Roó, que además asume la dirección escénica, despliegan una escenografía cercana a la ensoñación. La iluminación y esa segunda piel que es el vestuario de Jesús Ruiz construyen un contexto opresor que subraya las tensiones dramáticas que imprime Falla en su doble perspectiva sobre el amor. En ella, Candela rompe los hechizos, mientras que la Salud de Maribel Ortega se ve abocada por el destino.

Ambos escenógrafos dan continuidad y unidad a la propuesta con una línea dramática más que interesante, en la que Andalucía aparece en sus costuras más profundas y cada elemento y recurso escénico responde a un doble discurso que busca entrar en diálogo. En primer plano está el que nace de la propia producción musical en su sentido estrictamente artístico.Y en segundo plano, el drama sirve para reflexionar sobre algo que siempre ha estado presente en la ópera: la denuncia social, con la misma legitimidad con la que pudieron ejercerla Beethoven en Fidelio o Mozart en Don Giovanni, y que hacen de estas partituras obras maestras. 

Esta apuesta escénica ha servido para reunir un elenco que habla de intención, de ambición artística y de una idea muy clara de lo que supone la compleja gestión de un espacio como el Villamarta. Habla también de quien ha sido hasta ahora su gerente, Carlos Granados, que deja la dirección con una programación con coherencia y sentido. 

La vida breve de Falla © Esteban Abión

La idea de dos mujeres, Candela y Salud, unidas por un mismo destino exige dos artistas de altura. En la danza, la precisión de Lorena Moreno sobre la coreografía de Eduardo Guerrero. En lo canoro, la solvencia de una soprano de culto como Maribel Ortega, cuya trayectoria ha querido reconocer el Teatro Villamarta ahora que la cantante celebra dos décadas sobre los escenarios. Moreno y Ortega aparecen como dos grandes heroínas dentro de un gran díptico visual, dramático y musical. Un círculo perfecto para una idea que funciona y conmueve.

Gran presencia escénica la del Coro del Teatro Villamarta, a cargo de la maestra Marta Benítez, que ha logrado un conjunto empastado entre sus secciones y ha sabido marcar diferencias entre las intervenciones en escena y las que se producen fuera de ella. La vertiente figurativa del coro sobre las tablas contribuyó de forma decisiva a la ensoñación propuesta por Roó. Desde el foso, el maestro Carlos Domínguez Nieto la plasmó con una versión de acentos y contrastes, en una continua contención del conjunto sinfónico, con ritmos marcados y dinámicas ágiles que refuerzan la presión dramática y la empujan hacia su destino final. Imposible no destacar la guitarra de Abraham Lojo y el cante de Alfredo Tejada. Ambos se alejaron del tipismo y quedaron integrados en la idea orgánica que atraviesa toda la producción.

Maribel Ortega cuida sus gestos y los asume como parte de un todo actoral y canoro. Su sólida Salud se presenta como una víctima ya marcada por un fatum lorquiano de entrañas profundas. En lo vocal, resuelve el papel con autoridad en el fraseo, exprime el color de su registro central y convierte el agudo en un recurso al servicio de la escena. Así enriquece el plano sonoro de la orquestación de Falla, que en esta ocasión estuvo a cargo de la Orquesta Bética de Sevilla, un conjunto incipiente que cumplió con justeza.

Debut con solera el del tenor Antoni Lliteres como Paco. Asumió tanto la compleja dicción dialectal andaluza como la exigencia vocal del rol, sobre todo en la escritura aguda que pide Falla, en contraste con el color oscuro del Tío Sarvaor que ofrece con autoridad Alejandro López. Intensa en lo dramático, la Abuela de Leticia Rodríguez fue otra de las piezas clave en el equilibrio de fuerzas que ha dominado toda la propuesta. El barítono Gregorio García firmó un Manuel de referencia, acorde con su progresión vocal y correcta presencia en escena. Marta Benítez haciendo doblete como solista y directora de coro y Alejandro Otero completaban este primer elenco de una producción con grandes visos de seguir madurando. Jerez es una experiencia, y el Villamarta, su destino.

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