Elegí la guitarra por descarte, ya que mi hermano había elegido el piano

Abr 15, 2025

Fascino italiano

© European Music Foundation (Liz Isles)

Rafael Aguirre es uno de los músicos españoles más reconocidos a nivel internacional. Desde los inicios en su Málaga natal a su formación internacional, el extraordinario guitarrista lleva a este instrumento a las máximas cotas en cada una de sus interpretaciones, en cada una de sus grabaciones, en cada uno de sus conciertos. Desde su nueva residencia en Ciudad de México ha atendido amablemente a Notas a medio tono, lo que agradecemos de manera especial porque, además, con sus palabras inauguramos la sección de entrevistas.

Por: Alessandro Pierozzi 

Para quien no lo conozca, ¿quién es Rafael Aguirre?

Un malagueño que empezó a tocar la guitarra con 8 años más allá de que su pasión por la música clásica, que sí sonaba en casa, no estaba entre sus prioridades. Recuerdo escuchar con gusto Pedro y el lobo de Prokofiev o algunas obras de Mozart, pero, por ejemplo, Beethoven no me gustaba nada. Ya con quince, dieciséis años la pasión por la música fue en aumento hasta el punto de escuchar cualquier vinilo que rondara por casa…de la Filarmónica de Berlín, la de Israel, el Concierto de violín de Beethoven a cargo de Christian Ferras, grabaciones de Anne Sophie Mutter, Daniel Barenboim… discografía que, he de reconocer, me marcó muchísimo. A partir de ese momento mi universo musical se fue ampliando más allá de la música clásica, hacia otros géneros como el flamenco, el jazz o la música latinoamericana. Es evidente que, todo ese crisol, me ha ayudado a ser el músico que soy hoy en día.

¿Cómo llega ese chico de Málaga a la guitarra? Aunque la figura de tu padre es especialmente importante en tu carrera, ¿quiénes son las personas (profesores, familiares, artistas) que más han marcado a Rafael Aguirre en su formación?

Mis comienzos en el mundo de la música se dieron porque mis padres querían que yo tuviera una buena educación musical, algo que consideraban fundamental para mi formación como persona. Digamos que elegí la guitarra por descarte y para no pelearme con mi hermano, ya que él había elegido el piano (risas). A ello se unía que mi padre había tocado la guitarra y eso, para mí, significaba entrar en una zona de seguridad en el caso me asaltaran dudas o problemas con el instrumento. A partir de ahí, mucha gente influyó en mi carrera: los comienzos con mis profesores en Málaga, Teresa García de Cándido, Manuel Jesús Pérez Vela, Miguel Tójar, Chamizo…la figura de Joaquín Clerch en Alemania, Michael Lewin en Londres, las masterclass con los grandes maestros de la guitarra como Pepe Romero, David Russell, Manuel Barrueco…A día de hoy sigo admirándolos en sus grabaciones, si bien debo confesar que, a partir de los dieciséis años, dejé de escuchar música para guitarra para centrarme en otros géneros, intérpretes, cantantes, directores de orquesta y así obtener una perspectiva más amplia de todo el panorama musical que me ayudara, finalmente, a valorar mejor todo lo relacionado con el mundo de la guitarra.

Ganador de concursos, actuaciones por todo el mundo, grabaciones, viajes, entrevistas… ¿Cómo se gestiona a nivel humano una trayectoria tan brillante? No debe ser sencillo…

Han pasado 24 años desde mi primera gira tocando el Concierto de Aranjuez por toda Andalucía y por ciudades de Marruecos. Desde entonces son muchas las vivencias y recuerdos: giras por 47 países, concursos, grabaciones, entrevistas… experiencias todas ellas maravillosas. A nivel humano se puede gestionar gracias al apoyo de mi familia, de mi esposa…siempre intentando mirar lo que falta por conseguir más que durmiéndome en los laureles de lo conseguido, que es muchísimo y que ahora –¡uno se va haciendo poquito a poco más mayor! – es cuando verdaderamente lo valoro y lo disfruto de verdad. También es muy importante mucha de la gente que me rodea y que siempre está ahí para recordarte de dónde vienes y los inicios de ese niño cuya máxima ilusión era ser concertista y parecerse a los grandes maestros de la guitarra. Todos ellos son como símbolos de ilusión y humanidad que hacen que te mantengas en alerta.

Una de las características que más sobresalen es ese ir y venir vital que te lleva por todo el mundo. Has vivido en Alemania, en Londres, ahora en México, tu madre es francesa…Se podría decir que eres un auténtico nómada cultural. Eso enriquece mucho a uno como persona y cómo artista, ¿verdad?

He vivido en Berlín, en Londres, en Madrid y ahora en Ciudad de México. Todos los viajes que he realizado desde pequeño y el hecho de vivir en estas ciudades y hablar inglés y francés, gracias a mi ascendencia francesa por parte de madre – quien también me enseñó alemán –, me ha ayudado mucho y es cierto que me siento, en cierto modo, un nómada cultural. Hay veces que me ha dado la sensación de sentirme extranjero en cada sitio, incluso en España, por tener esa visión social y vivencial tan internacional, pero es cierto que es una realidad que te enriquece a nivel personal, por la cultura que te aporta, y como artista, por la cantidad de experiencias y personas, músicos y no músicos, con los que he coincidido y coincido. Ver las visiones humanas y artísticas de cada persona o de las diferentes sociedades son siempre experiencias interesantes. Por ejemplo, la diferencia que hay entre la actitud del pueblo alemán cuando va a escuchar una sinfonía de Mahler un domingo por la mañana – algo que pude comprobar en Düsseldorf con apenas 19 años – y que parece casi un ritual en comparación a otros países, o el silencio y respeto del público de Japón, o el planteamiento más festivo de algunos pueblos a la hora de acercarse a la música, posiblemente porque el folclore tiene más peso en sus tradiciones, son experiencias que me han marcado muchísimo.

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© Dani Klasične Gitare / Classical Guitar Days in Split (Croatia)

Con tu guitarra has tocado en escenarios tan consagrados como el Carnegie Hall de Nueva York, el Concertgebouw de Ámsterdam, la Sala Tchaikovsky de Moscú… ¿Cuál ha sido el lugar en el que al salir al escenario has pensado aquello de que esto “Uauuu, este lugar quita er sentido y las cuerdas de mi guitarra van a hablar y van a llorar aquí, delante de este público”?

Me ha pasado en diferentes lugares, ya sea por la calidad técnica y lo especial del lugar o por la importancia del Festival en el que estaba participando, como me sucedió en el Festival de Verbier (retransmitido en directo por streaming) en el que toqué con muchísima emoción. Recuerdo igualmente con mucho afecto el auditorio de la ciudad de Nishinomiya, en Japón, que posiblemente ha sido la sala con mejor acústica en la que he tocado en mi vida, o bajar las históricas escaleras del Concertgebouw de Ámsterdam o el nerviosismo que me produjo actuar por primera vez en la sala pequeña del Carnegie Hall, algo que me sirvió para disfrutar muchísimo en las siguientes ocasiones que he tocado en la sala general. La sala Tchaikovsky es otra de las experiencias impactantes porque era la primera vez que tocaba solo en una sala enorme y eso me causó tal respeto que solo pude disfrutarlo a partir de que, pasados unos minutos, recordé la frase de Paco de Lucía que decía que “cuando él pisaba el escenario, dejaba de ser Francisco Sánchez y se convertía en Paco de Lucía”. Fue algo único.

¿Cuáles son tus sensaciones cuando tocas con orquestas de la talla internacional de la ONE, la Sinfónica de Tokio, la Filarmónica de Praga u otras, bajo la batuta de directores como Leonard Slatkin, Lorenzo Viotti o algunos, tristemente desaparecidos, como Jesús López Cobos o Miguel Ángel Gómez Martinez y junto a solistas de la talla del pianista Lang Lang, la soprano Fatma Said o la chelista Nadége Rochat?

Las sensaciones a nivel humano y artístico son muy enriquecedoras porque siempre intento ver la música a través de los ojos de esas orquestas, directores o solistas de talla internacional con los que toco a la vez que ellos te están pasando su energía. Ahí se produce una confluencia maravillosa, ya que, sin perder tu esencia, estás participando de un momento mágico y enriquecedor. Nunca olvidaré, por ejemplo, cuando toqué con la Orquesta de la KBS, de la Radiotelevisión coreana, que el concertino invitado fue Rainer  Küchl, concertino de la Filarmónica de Viena durante más de cincuenta años que había trabajado con Leonard Bernstein, Herbert Von Karajan, Carlos Kleiber…y en la entrada del tutti del adagio del Concierto de Aranjuez, me dejó paralizado por un impulso y una fuerza tal que nunca había sentido hasta ese momento, aunque me confesó posteriormente que el Concierto del Maestro Rodrigo no formaba parte del repertorio de la Filarmónica. Ahí se demuestra el verdadero liderazgo. El caso de López Cobos también es muy especial. Tengo un enorme recuerdo de él a nivel humano y musical, ya que fue él quien me recomendó para participar en el Festival de Verbier, algo que nunca podré olvidar, y con Lang Lang o Nadége Rochat (con la que toco desde 2012), cada encuentro es una maravilla porque son músicos con los que es muy fácil tocar y enseguida surge la química. La verdad es que tengo mucha, mucha suerte. 

Imagino que para ti tocar en Málaga, en casa debe ser algo muy especial, ¿verdad?

Sí lo es. Allí empecé a tocar en público y ahí supe por primera vez lo que es un escenario, los nervios, la responsabilidad. No me creerá el lector, pero cuando vuelvo a mi ciudad, con las expectativas que se crean antes de los conciertos, debo reconocer que aparecen los nervios de un primerizo y siento como un nudo, pero tras los primeros compases, todo se convierte en un disfrute absoluto porque un concierto con público – estoy convencido de ello – debe ser considerado como un acto festivo, una celebración de la música y de la vida, por encima de cualquier dramatismo.

Tu repertorio es inmenso y poliédrico: más de treinta conciertos para guitarra, compositores que van desde Bach a Lorenzo Palomo, pasando por Mendelssohn, Schumann, Ravel, Gershwin o Joaquín Rodrigo, sin olvidar nuevas propuestas como el Concierto de Joan Valent, estrenado en 2022, y otras músicas como la brasileña o la portuguesa en el ámbito popular ¿En qué repertorio te sientes más cómodo y qué significa para un guitarrista clásico ampliar a una visión más transversal relacionándola con otros campos de la música?

Tengo la suerte de tocar la guitarra. Y digo la suerte porque alguien, con una visión negativa del instrumento, podría pensar que, si Beethoven o Schumann u otros compositores no escribieron para este instrumento es porque quizás no se atrevieron o porque la falta de volumen de las guitarras de la época no ayudaba en absoluto o porque la técnica no había evolucionado al nivel, por ejemplo, de la actual – la cantidad y calidad de los intérpretes es indiscutible hoy en día –, entonces es que la guitarra no es el instrumento más adecuado para ser el elegido a la hora de introducirse en la música. Pero si lo miras desde otro prisma, vemos que la guitarra es el instrumento más popular del mundo y su presencia tanto en la música clásica como en la popular es más que evidente en la mayoría de las culturas y países. Por eso, intento mostrar siempre la versatilidad del instrumento, eligiendo repertorios de todo tipo, buscando nuevas propuestas como en el caso del disco con obras de Mendelssohn, Schumann, Ravel y Gershwin, un trabajo muy aclamado en Alemania y Austria. Y, como no, conectando con las profundidades de la música folclórica como en el caso de la brasileña o la portuguesa que me fascinan.

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© Miguel Barreto

¿Qué guitarristas tienes como referentes?

Muchísimos. Desde Paco de Lucía hasta John Williams pasando por Narciso Yepes, Andrés Segovia…o en la actualidad, por ejemplo, el brasileño Yamandu Costa.

¿No te da la sensación de que la guitarra clásica, como instrumento solista tiene un poder absoluto, pero que cuando toca en conjunto, tiene siempre como que “asomar la cabeza” y demostrar que es un instrumento con un repertorio tan amplio y bello como los demás?

Es verdad que cuando la guitarra suena sola, es cuando más bonita es. Es un instrumento íntimo y, por tanto, cuando suena junto a un ensamble pierde muchos de los colores innatos a su sonido. Cuando se toca en conjunto, lo ideal es que el sonido esté trabajado, tenga buen volumen y el solista cuente con las estrategias necesarias para hacerse oír y para integrarse y fundirse (no competir) con el resto de los instrumentos. Recuerdo cuando la chelista Nadége Rochart me comentó que era junto a la guitarra cuando conseguía timbres y sonoridades que, quizás, junto a un piano podían llegar a perderse y no valorarse.

De todos modos, cuando toco, en mi cabeza parece que tengo un piano o una orquesta y eso me ayuda a conseguir realizar todas las ideas interpretativas que tengo en mente y expresarlas de la mejor forma para que lleguen a los oyentes en forma de arte.

A nivel organológico, ¿cómo son las guitarras que tocas? Porque imagino que utilizarás varias. ¿Cómo las definirías y qué sonido quieres encontrar entre sus cuerdas?

Manejo diferentes tipos de guitarra. Desde las tradicionales que provienen de la escuela de Antonio de Torres hasta guitarras más modernas, de la escuela australiana, con la fibra de carbono como material predominante. Sinceramente, no sé con cual quedarme. Las tradicionales poseen un timbre muy bonito, repleto de colores y las más modernas tienen más pegada, más alcance, resultando muy adaptas para tocar, por ejemplo, en salas grandes.

Si mi información no me falla, tu padre es luthier y es el que te hace las guitarras. ¿Qué significa trabajar codo con codo con él?

Así es. He estado tocando muchos años con guitarras construidas por mi padre y, desde hace un tiempo, he añadido guitarras de un luthier, de Atenas, que se llama Andreas Madimenos. Lo que es evidente es que es muy enriquecedor trabajar con mi padre, compartir opiniones, sugerir evoluciones hasta encontrar el mejor de los sonidos, la guitarra más versátil. Por ejemplo, con una de sus maravillosas guitarras toqué el Concierto de Aranjuez en el Festival de Verbier, un video que en Facebook ha alcanzado, nada menos, que la cifra de tres millones de visitas. Él ha sido guitarrista, pero, sobre todo, es mi padre y para una carrera como la mía eso significa muchísimo porque puedo compartir prácticamente todo con él.

Una pregunta-reflexión final. Desde el punto de vista de un artista de tu talla y conocido a nivel mundial que vive por, para y de la música, ¿como ves el desarrollo cultural de las sociedades ahora que parece que el mundo está en plena descomposición a todos los niveles, la tecnología desbordada, las malas políticas, la irascibilidad humana, el poco entendimiento entre pueblos…? ¿Crees que la cultura puede ayudar a arreglar esta situación?

Es cierto que el mundo se está decantando, claramente, hacia políticas más de desarrollo científico y tecnológico, inteligencia artificial…y que, a pesar de las circunstancias políticas, sociales, culturales que estamos viviendo, pero pienso que, cuando uno tiene la oportunidad (suerte) de sentarse con su guitarra ante cientos, miles de personas, en un teatro, y a veces millones, a través de las redes sociales, y consigue llevarles y enseñarles de forma honesta lo que la música significa y lo que un instrumento como la guitarra puede hacer para encenderles la curiosidad y nutrirles el espíritu, es lo más bonito que se puede hacer para sentirse bien e implicado en la consecución de objetivos positivos. Por tanto, cuando lo que pasa en el resto del mundo es tan complejo que no depende de uno la solución, lo mejor que se puede hacer es aportar tu propio granito de arena con lo que uno mejor sabe hacer: tocar la guitarra de forma continuada y con un mensaje global que llegue a entusiasmar al mayor número de personas de igual forma que me entusiasma a mí cada vez que interpreto una obra. Con la música, con mi guitarra he conocido y sigo conociendo personas maravillosas, lugares y culturas distintas, otras formas artísticas bellas y eso mismo es, exactamente, lo que pretendo ofrecer y transmitir a los demás para intentar hacer un mundo mejor. 

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