Sí, pero no así.

Abr 23, 2025

Fascino italiano

© Javier del Real. Teatro de la Zarzuela

Lugar: Teatro de la Zarzuela
Evento: Zarzuela
Programa: El Bateo, de Federico Chueca; La Revoltosa, de Ruperto Chapí
Intérpretes: Gerardo Bullón, barítono; José Manuel Zapata, tenor; María Rodríguez, soprano; Milagros Martín, mezzo / soprano cómica; José Julián Frontal, barítono; Lara Chaves, soprano; Sofía Esparza, soprano; Blanca Valido, soprano: Ricardo Muñiz, tenor.
Fecha: 13 de abril de 2025

Autor: Pablo Jerez Sabater

Valga por delante que considero un acierto absoluto el haber programado dos obras de género chico en una misma función. Tanto El Bateo como La Revoltosa son dos de esas joyas que forman parte de la memoria zarzuelera, aunque a la primera el paso del tiempo la haya relegado a un segundo plano, mientras que la segunda conserva ese halo mágico que sobrevivirá incluso a nuestra época gracias a la genialidad musical del maestro Chapí.

Ahora bien, vayamos a lo que aquí nos interesa que es la función programada para el domingo 13 de abril y a la que pude asistir. He de reconocer que venía con las expectativas altas y que prescindí de leer cualquier crítica previa para no prejuzgar algo que, a priori, debía de ser extraordinario, ya que ambas obras están entre mis preferidas de nuestro género lírico. Sin embargo, fue un sí a medias; un sí, pero no así.

La producción escénica de Juan Echanove fue un fiasco. Y lo del diseño de vestuario de Ana Garay, casi un insulto. No se entiende qué tiene que ver el Lavapiés donde transcurre El Bateo con esa escenografía aparatosa como si de una obra de construcción se tratara. Pero es que la puesta en escena, con esa ropa colorida, deconstruida y sin sentido, rozaba el mal gusto. Si a eso le sumamos la ingente cantidad de personajes que subieron al escenario, entre coristas y bailarines, el resultado visual fue confuso. Mejor La Revoltosa, más coherente en lo escénico y en la ambientación. Sin embargo, hubo aciertos, como la pelea entre Lolo y Pamplinas en las sombras en el sainete de Chueca, o la recuperación del terceto perdido en la obra de Chapí, como gran novedad.

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© Javier del Real. Teatro de la Zarzuela

En lo estrictamente musical, permítanme primero elogiar al director, Óliver Díaz, quien dejó verdaderos destellos de musicalidad en dos partituras extraordinarias, moviéndose como pez en el agua en este repertorio, acompañado por la ORCAM, titular del teatro y un coro extraordinario (cada vez mejor). Un director que ha crecido hasta convertirse en una de las batutas más sólidas de la actualidad y a quien el repertorio escénico le viene como anillo al dedo.

En cuanto a la parte vocal, Gerardo Bullón fue un Wamba convincente, pero un mejor Felipe. Su voz, tanto en parte cantada como narrada, funciona perfectamente en este repertorio. Igualmente, José Manuel Zapata fue un extraordinario Virginio y Candelas. Milagros Martín aporta ese gracejo y picardía tan propicio para este repertorio (a pesar de estar irreconocible tras ese vestuario que le endosaron en El Bateo) y que atrajo los aplausos del numeroso público, quien confirmó -todo sea dicho de paso, en los pasillos-, su absoluta incredulidad sobre lo que se estaba viendo en escena. Sofía Esparza fue una Mari Pepa creíble, vocalmente sobrada de facultades, y actoralmente soberbia. Un auténtico lujo de reparto para una doble función que musicalmente fue un acierto, pero que en lo escénico no será, para nada, recordada.

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© Javier del Real. Teatro de la Zarzuela

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