Una joya llamada Lucía Tavira

Mar 27, 2025

Javier Comesaña seduce Córdoba

Foto: Nathanael Ospina

Lugar: Sala María Cristina-Fundación Unicaja (Málaga).
Evento: Recital Lírico
Programa: Obras de Verdi, Puccini, García Abril, Chapí, Giménez y Torroba.
Intérpretes: Lucía Tavira (Soprano) Blanca Trabalón (Piano)
Fecha: 19/03/2025

Autor: Jorge Muñoz Bandera

Se abre la voz de Lucía Tavira como un rayo de luz en medio de la oscuridad, para iluminar cada rincón de nuestro ser. La voz humana, hecha arte absoluto para conmover y emocionar el alma, es la definición para este recital de plena brillantez; cual joya que brilla en la penumbra, cual diamante sobre un terciopelo negro, que irradia una nueva esperanza en los corazones de aquellos que pudimos contemplar tanta belleza.

Como punto de partida se inauguró esta delicia lírica con el inmenso Puccini, quien sondea las profundidades del alma en Composiciones para canto y piano, contemporáneas de sus icónicas Manon Lescaut (1893) y La Bohème (1896). De aquí el sentido lógico en la elección de las partituras que demuestra la gran inteligencia musical por parte de la intérprete a la hora de elegir qué piezas pueden resultar idóneas en un recital y cómo abordarlo.

Destacó Sole e amore con la singularidad en la dicción, la claridad de un timbre puramente dramático y una voz amplia y suntuosa, de magnifica sutileza en el fraseo, una antesala melódica de La Bohème, donde Puccini ya iba probando sus emblemáticas melodías para comprobar el calado público. Tavira continuó con otras dos breves canciones de este ciclo donde igualmente las dotes dramáticas e interpretativas fueron más que evidentes ante los textos del propio Puccini y Fucini.

Llegó el momento de la delicada aria Donde lieta usci, del IIIer acto de Bohème, donde la soprano demostró una hermosura poética, única en el fraseo y en la homogeneidad y una amplitud del registro vocal, uniforme y equilibrado a lo largo de toda su extensión, con un timbre puro para resaltar a esa Mimí melancólica, introspectiva, resignada y conmovedora.

Y para finalizar el bloque pucciniano, Tavira escogió la desgarradora aria Sola, perduta, abbandonata de Manon Lescaut con la que la cantante reflejó la desesperación y resignación de la protagonista al enfrentarse a su destino trágico y donde destacó el bellísimo registro medio de pecho con agudos brillantes en su ascenso al momento más álgido, el la bemol. Acompañada al piano por Blanca Trabalón, quien con una extraordinaria elegancia en el toque y ajustándose en todo momento a los momentos líricos de la cantante, supo otorgar esa sensación sonora de soledad y abandono descritas en la partitura.

Las Canciones de Cámara rescatan al Verdi más íntimo. Con Stornello, Tavira capturó perfectamente el aire de espontaneidad y picardía típico de esta pieza vivaz y alegre, con una línea vocal ágil que la soprano logró dotar de una estructura elegante y expresiva.

Javier Comesaña seduce Córdoba

Foto: Nathanael Ospina

La metáfora del «mar de aflicciones« (Mar d’affanni) nos evoca una visión pesimista, pero profundamente humana de la existencia. La voz de Tavira, a través de un acompañamiento de piano cuidadosamente compuesto, destacó por su intensidad emocional con un canto suave y melancólico que se movía entre la abnegación y la esperanza.

Como punto culminante de esta Iª parte, las interpretes nos transportaron a la Leonora de La Forza del Destino, con el aria Pace, pace mio Dio. La voz pareció flotar, sin esfuerzo aparente, dotando el aria de una brillantez y morbidez únicas en suavidad, delicadeza y redondez en el timbre vocal.

Ya en la IIª parte, Tavira nos regaló otras perlas como el Ciclo de las Canciones de Valldemosa, la apasionada Trilogía de Antonio Gala y Dos poemas de Federico García Lorca, con las que irradió una luz de vibrante romanticismo y sutileza.

Una joya llamada Lucía Tavira

Foto: Nathanael Ospina

Para finalizar, llegaron tres romanzas de zarzuela, dónde el canto de Tavira fue virtuoso y ágil, lleno de floreos y ornamentaciones: Carceleras de Las hijas del Zebedeo de Chapí, Sierras de Granada de La Tempranica de Giménez, y la Petenera de La Marchenera de Moreno Torroba. Lucía Tavira mostró una vez más su preciso control técnico, especialmente en los matices dinámicos y en la transmisión del dramatismo contenido en cada frase logrando transmitir una fuerza magnética y una confianza arrolladora.

Y todavía quedaba energía para un broche final excepcional: el recitado de El pescador de El amor Brujo de Manuel de Falla.

En definitiva, la Sala María Cristina se convirtió en un joyero fabuloso, donde la joya a brillar fue la gran Lucía Tavira junto a la magnífica pianista Blanca Trabalón. Gracias por tanta música entregada y compartida con tanta pasión.

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