
© Michel Tonneau
- Jordi Savall dirige el Canto del destino (Schicksalslied, op. 54) y Un Réquiem alemán (Ein deutsches Requiem, op. 45) de Johannes Brahms dentro del ciclo «El sonido original», que se presenta en Madrid (19 de octubre), Barcelona (21 de octubre) y París (23 de octubre).
- «La música te habla. La relación entre músico y música es como la de entre dos personas que se aman»
- «Bramhs con su Réquiem quiso hablar en la misma lengua que su pueblo»
Autor: Alessandro Pierozzi
Comencemos por el final, es decir por el estreno que está a punto de ver la luz oficialmente a partir del 19 de octubre en Madrid. ¿Qué supone para un músico con una trayectoria tan inmaculada como la suya seguir ampliando el repertorio romántico, una vez más con instrumentos de época y con criterios revisados históricamente? ¿De ahí la elección del título del ciclo «El sonido original»?
Exactamente. Es una lucha que llevo desde hace muchos años para que se reconozca que la historia de la música no es una historia cerrada e inamovible, sino que es muy bonita, viva y que en cada época hay sonidos, colores y un estilo distinto en cada compositor. Ese esfuerzo se centra ahora en que se pueda comprender que un Réquiem de Brahms es una propuesta muy innovadora porque todas las orquestas del mundo suelen proponer conciertos con un estilo, una articulación y una manera de hacer música que no corresponde para nada a lo que se hacía en la época del compositor. Claro, para mí es un trabajo que llevo haciendo con la orquesta durante más de treinta años, paso a paso, empezando con las las primeras músicas de Lully, Rameau, Couperin, Haendel, Bach o Gluck, por citar algunos; también Beethoven, Schubert, Schumann y Mendelssohn forman parte de ese universo y ahora llegamos a Brahms como un destino natural. Y lo mejor es que llegamos preparados porque llevamos una mochila que es la misma con la que aprendieron los músicos de la época de Brahms que, a su vez, habían aprendido de Mozart, Haydn o Beethoven, eso sí con sus propias formas de entender la partitura, estilo, articulaciones, manías...
Hay un motivo común que une tanto a El canto del destino, en el que Brahms trata sobre la esperanza de que los sufrimientos de la humanidad deben abrir paso a la luz divina, como en el Réquiem alemán, que es una pieza llena de alegría porque su propósito es consolar a los vivos, más que rogar por las almas de los difuntos. En este instante de la historia que estamos viviendo, ¿ha pensado que es el momento adecuado para transmitir ese mensaje de bien y belleza por encima del destino del hombre?
Exactamente es lo que pienso. Cuanto más vivimos en la incertidumbre como pasa hoy con la vida de las personas que tienen problemas para poder estudiar, encontrar un trabajo, o vivir en un sitio decente, más convencido estoy. Cuanto más complicada es la vida, más necesitamos el alimento de la música que nos pueda dar fuerzas para seguir, para tener esperanza y dar consuelo a nuestras frustraciones. Yo creo que la música siempre ha servido, en un 90%, a darnos esperanza y ayudarnos a sobrevivir a todas las dificultades. Y por eso creo que en estos momentos presentar unas obras de este calibre y darlas a conocer es muy importante porque necesitamos encontrar el consuelo en las músicas que no solamente influyen por su belleza, sino que nos llegan profundamente al alma y, por lo tanto, nos dan un refuerzo espiritual maravilloso.

© Eric Altimis
Precisamente, usted decía en un vídeo que esta música que va a interpretar representa al lenguaje común de Europa y que...
Es un tema que olvidamos. Estamos hablando de Europa, una realidad que tiene un mercado único, que puedes transitar por los países, que hay muchos factores positivos para el bienestar, pero que no tiene una cultura común. Porque cuando se creó Europa, la excepción cultural se guardó para que cada país gestionara sus propias decisiones. La inmensidad de la música europea no está valorada lo suficiente porque nadie se ha ocupado ni se ocupa de ella, esto es así. En España no nos ocupamos ni de las Cantigas, ni de Juan del Encina, ni de Tomas Luis de Victoria, ni de cualquier otro compositor maravilloso que tenemos y en Europa pasa lo mismo: estamos en un mundo que vivimos el presente, lo que se nos ofrece, los teatros de ópera, las grandes orquestas sinfónicas…, pero la historia de la música es mucho más que todo eso.
Relacionado con este aspecto aparece un precioso proyecto que va a ser protagonista en el concierto dedicado a Brahms. YOCPA 2.0 que reúne a 107 integrantes de veinte nacionalidades y que, junto al Concert des Nations y la Capella Nacional de Cataluña, a la soprano Lina Johnson y al baritono Matías Vincler, interpretarán La canción del destino, Op. 50 y el Réquiem alemán, Op. 45. ¿Nos puede contar sobre esta iniciativa que muestra esa línea de unidad, de esperanza en la humanidad de la que hablábamos?
Se trata de la Academias de Interpretación Orquestal y Coral para Jóvenes Profesionales. Una serie de encuentros de seis días de duración con jóvenes, con más de seis horas diarias de trabajo muy intenso. Es maravilloso ver cómo los jóvenes de hoy en día tienen un nivel extraordinario y cómo se adaptan y, al mismo tiempo, ayudan a que consigamos una mayor riqueza porque ellos traen impulso, entusiasmo. Y, al mismo tiempo, invita al profesional a insuflar en los jóvenes la seguridad y experiencia necesarias. No solo se crea un acto musical, sino un acto humano de solidaridad, aprendizaje y amistad. Cada día para nosotros es un evento único porque se crea una especie de ambiente mágico y los músicos saben que es algo que quizás no vuelva a repetirse. Ahora toca concierto en Madrid, Barcelona y París que serán experiencias únicas. Y después veremos de abordar nuevos proyectos.
Intuyo que usted además de un maravilloso músico es un excelente gestor. Lo digo porque para poner en marcha proyectos de esta envergadura, en los que cada día se van sumando factores internos de todo tipo, no debe ser labor baladí. La música, claramente es el impulso, el desarrollo y evidentemente el objetivo final, pero el viaje para llegar a la meta requiere de mucho esfuerzo, estructura, coordinación...
Así es. Le voy a confesar un secreto. Mi padre me puso a trabajar a los 14 años hasta que me fui a la mili. Fueron cinco años aprendiendo a gestionar una empresa, a trabajar, a llevarlo todo. Toda esa parte de gestión administrativa me ha ayudado siempre en la vida porque fue un aprendizaje extraordinario e increíble para mí.

© BlondinBD
En cuanto al programa que va a presentar, el Canto del destino, op.54, desde luego, no se debería tildar de aperitivo, ya que es una partitura de gran calado. ¿Qué nos puede contar sobre ella?
Es una de las obras más bellas que se hayan podido escribir porque es una partitura de una profundidad, de una riqueza musical y de un desarrollo extraordinarios, tanto en el lirismo como en la fuerza que transmite. Es una composición, yo diría, indispensable que hay que conocer porque nos interpela mucho. Todos estamos marcados por nuestro destino, es decir que sus notas siempre deben ayudarnos a afrontar ese destino humano.
A veces lo llaman el pequeño Réquiem. Un musicólogo alemán, Josef Sittard, comentaba que, si Brahms no hubiera escrito nada más, esta obra hubiera sido suficiente para clasificarlo entre los mejores. ¿Está de acuerdo con esta afirmación?
Absolutamente. Toda la obra está pensada con una inspiración y una emoción únicas y el resultado final nos lleva a un momento especial. Yo lo interpretaría al final, como un regalo, pero creo que quedaría un poco deslucido después del gran Réquiem alemán.
Y llegamos a ese gran monumento musical que efectivamente es el Réquiem alemán que nos lleva a la muerte de Robert Schumann, por un lado, y de la madre del propio Brahms, por otro.
No está del todo claro que estos sean los verdaderos motivos de inspiración que llevaron a Brahms a componer tan magnífica obra, ya que llevaba un tiempo trabajando la idea de un Réquiem dirigido a los que hablasen la misma lengua que la gente de su pueblo (alemán) y no solo para una aristocracia delimitada. Él mismo buscó los textos que quería trabajar musicalmente, excluyendo los latinos, sin referencias a la unidad de la Iglesia ni a elementos secundarios. Su fijación era que todo estuviera dirigido al hombre como protagonista central. Es un Réquiem pensado para el ser humano y su principal característica es que su musicalidad es de una sensibilidad profundamente humana. Eso es lo realmente impresionante y conmovedor.
¿Cuál es la mayor dificultad que le ha planteado el ensamblaje de esta partitura? ¿Cuánto tiempo ha tardado en concluir este trabajo?
Como sabrá, he interpretado muchos Réquiems desde los de Morales, Guerrero…al de Mozart ––una obra gracias a la cual me convertí en musico–– pasando por las músicas fúnebres de Schütz y del siglo 17… Por lo tanto, no debe extrañar la prioridad que le doy a esta música. La mayor dificultad ha sido el tiempo durante el que he estado trabajando este proyecto: entre cuatro y cinco años. Pero verá. Yo he dirigido a muchas orquestas modernas. ¿Cuál es el problema? Que podemos ensayar dos o tres días, entre dos y tres horas diarias. Es evidente que no hay tiempo de profundizar. Una de las cualidades que diferencia a nuestro proyecto es que ensayamos seis horas diarias a lo largo de seis días, y eso es maravilloso porque cuando estás concentrado, «en faena», hay momentos en que la música te dice que es lo que quiere que hagas. La música te habla y te dice: «no, esto que haces no está bien…eso es demasiado lento…». Es maravilloso. La relación entre un músico y la música es la misma que entre dos personas que se aman. Debes escuchar siempre lo que la persona te quiere decir.

© Philippe Matsas
Con su capacidad de trabajo y optimismo, ¿tiene en mente seguir avanzando en nuevos proyectos? Quizás un Tchaikovsky, Ravel, Stravinsky, Bartok…
Este año he dirigido en París músicas maravillosas de Tchaikovsky y Grieg. Próximamente dirigiré Mi patria de Smetana y el próximo año tengo programado el Lazarus de Schubert, una obra poco conocida, pero de gran envergadura y dramatismo. Y si los años me lo permitirán, quisiera tratar La infancia de Cristo de Berlioz… ¡me he puesto como límite pensar en proyectos hasta 2031, cuando cumpla 90 años!
Por último, ¿qué les diría nuestros lectores y lectoras para convencerles que vayan a escuchar «su» Brahms?
Que no se pierdan la oportunidad única de escuchar una de las grandes obras maestras de toda la historia de la música y, quizás, la más importante del siglo XIX.