Salvador Vázquez y la Orquesta de Córdoba: Un hito de madurez sinfónica

Abr 14, 2026

 © Rafael Alcaide

Lugar: Gran Teatro de Córdoba
Evento: Concierto sinfónico 
Programa: Sinfonía nº 9 en re Mayor, de G. Mahler.
Intérpretes: Orquesta de Córdoba. Dirección musical: Salvador Vázquez.
Fecha: 10 de abril de 2026

Autor: Alejandro Fernández

De manera irresistible —como apuntaba el compositor Alban Berg al definir la esencia de la última gran sinfonía de Gustav Mahler— se resume el trabajo expuesto este pasado viernes por la Orquesta de Córdoba junto a su director titular, el maestro Salvador Vázquez. En un Gran Teatro de Córdoba que presentaba un nutrido auditorio, consciente del importante desafío artístico, se desgranó un trabajo sinfónico que conecta de forma orgánica y, por tanto, consecuente, con todo el catálogo de las sinfonías mahlerianas. Esta lectura puso de relieve el carácter en ocasiones camerístico de la partitura, una transparencia que favorece la comunicación esencial entre el compositor, el intérprete y el destinatario final: el oyente.

Su carácter íntimo y meditativo no es casual, ya que fija su origen en 1907 tras tres grandes golpes: la muerte de su hija María, la crisis en su matrimonio con Alma y la cardiopatía que terminaría por cegar su existencia. Estos eventos movieron al músico a reencontrarse con la soledad necesaria para levantar sus últimas creaciones: Das Lied von der Erde, la Novena Sinfonía y los esbozos de la Décima, obras que el musicólogo Hans F. Redlich definió como la «Trilogía de la Muerte» debido a su profunda interconexión temática y armónica.

La Novena Sinfonía de Mahler no solo representa la cima musical del genio; atesora, además, la que es la página más íntima del músico. A diferencia de la tetralogía de sus primeras sinfonías, plagadas de anotaciones programáticas, el compositor opta en esta redacción por prescindir de ellas en el que es su testamento musical. Una obra de despedida que atraviesa los cuatro capítulos que la articulan y que se conectan entre sí en un continuo emocional desde el Andante comodo de apertura hasta el desgarrado Adagio de cierre. 

Existen obras en el repertorio, como la Pasión según San Mateo de Bach o el Réquiem de Mozart, que demandan de forma imperativa un respetuoso silencio. La Novena de Mahler es, precisamente, una de ellas: un adiós de quien sabe que sus días llegan a su ocaso. Es inevitable recordar la versión del maestro Claudio Abbado en el Festival de Lucerna (2009), donde, tras las últimas notas diluidas en la nada, mantuvo casi dos minutos de un silencio sepulcral en la sala, prolongando la trascendencia de lo escuchado. Era precisamente lo que esperábamos tal y como aconteció en la lectura del día precedente.

Es precisamente en este arco dinámico entre el primer movimiento y el último donde reside la clave de su interpretación. En una versión que se extendió algo más de los ochenta minutos previstos —lo que nos habla de un trabajo maduro tanto de los profesores como de la batuta—, la Orquesta de Córdoba abordó este último abono mediante la versión para orquesta reducida de Ian Farrington. A diferencia de otras transcripciones, esta opta por trabajar exclusivamente sobre los instrumentos ya presentes en la plantilla original concebida por Mahler, preservando su esencia tímbrica.

En los extremos se apreció la singularidad de las dinámicas, contenidas y constantemente sostenidas por el maestro Vázquez, quien dosificó las intensidades, los acentos y las líneas de canto, haciendo aflorar el valor técnico de los profesores. La interpretación de esta última sinfonía es, sin duda, uno de los hitos de una temporada que no ha dejado de destacar por sus quilates. Acudir al Gran Teatro para escuchar a este conjunto es ya una parada obligatoria dentro de las propuestas de las cuatro orquestas andaluzas.

Sin la tensión dibujada por Vázquez en el Andante inicial —que parte del silencio—, habría sido imposible alcanzar el control de la emisión y las intensidades logrado, consiguiendo un sonido oscilante solo alterado por las continuas emociones encontradas que anota el músico. En los dos tiempos centrales, Mahler reflexiona en torno a la humanidad y el sentido de la vida en una mezcla de amor, ironía y nostalgia; todo un reto para los profesores, que debieron trasladar estos sentimientos al sonido compacto y bien definido con el que abordaron la partitura. La presencia de toda la cuerda aportó carnalidad y la densidad suficiente sobre la que se desarrolló el excepcional trabajo de las maderas y las sonoridades ácidas de los bronces, junto a una percusión ajustada y sensible.

Esta última propuesta de la Orquesta de Córdoba apetece un punto de inflexión al demostrar, en el caso de la versión de la Novena Sinfonía, madurez interpretativa capaz de transitar, con absoluta solvencia, por la complejidad técnica y la intimidad del testamento mahleriano. Bajo la batuta de Salvador Vázquez, la formación no solo ha asimilado el rigor de la versión de Farrington, sino que ha consolidado una voz propia, profunda y cohesionada. Una lectura, en definitiva, que trasciende la mera ejecución para situar a este conjunto en un estadio de excelencia donde el sonido y el silencio alcanzaron una dimensión plenamente artística, por no decir sublime.

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