Tras las conquistas de Don Giovanni

Oct 22, 2025

Lugar: Teatro de la Maestranza
Evento: Ópera
Programa: Don Giovanni, de W. A. Mozart
Intérpretes: Jan Antem, barítono; Luis López Navarro, bajo; Bryndís Guðjónsdóttir, soprano; Pablo Martínez, tenor; Karen Gardeazabal, soprano; Daniel Noyola, barítono; Monserrat Ser, soprano; Yoshihiko Miyashita. Dirección musical: Mariano García Valladares. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla
Coro Teatro de la Maestranza (dirección, Íñigo Sampil)
Fecha: 12 de octubre de 2025

Por: Alejandro Fernández

Fotos: Guillermo Mendo

La habilidad de W. A. Mozart para fusionar de forma plástica y magistral lo cómico y lo trágico tuvo en el estreno de Don Giovanni, a finales de octubre de 1787 en Praga, uno de los grandes éxitos del compositor salzburgués en vida. Para ello, el músico se sirvió de la experiencia de Lorenzo Da Ponte para reformular el mito de Don Juan, inspirándose en El burlador de Sevilla y convidado de piedra. El protagonista —Don Giovanni— aparece como un libertino capaz de escandalizar incluso a las propias fuerzas sobrenaturales encarnadas en la figura del Comendador. Esta dualidad entre el bien y el mal sostiene toda la trama y exige a los intérpretes una notable capacidad actoral, al tener que alternar constantemente entre la comicidad y el drama.

La producción de la Ópera de Colonia, con dirección escénica de Cecilia Ligorio, destacó por su atención al detalle gestual y al movimiento de los solistas. La escenografía, abierta y despejada, giraba en torno a una estructura móvil que favoreció la agilidad del desarrollo dramático, permitiendo rápidas transiciones entre los distintos espacios de la acción. Entre los aciertos de Ligorio, cabe mencionar la escena de danza que acompaña a la obertura, un recurso de fuerte plasticidad que introduce al espectador en las andanzas del galán sevillano mediante el alter ego de Don Giovanni: su fiel y oportunista criado Leporello.

El debut del director mexicano Mariano García Valladares fue uno de los atractivos de esta nueva producción. Mostró un conocimiento profundo de la partitura y dirigió con pulso firme, compartiendo podio con su maestro en la alternancia de las cinco funciones celebradas desde el pasado 4 de octubre. La Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, una vez más en excelente estado de forma, ofreció una lectura de gran calidad, con un sonido de cuerdas flexible y una madera de notable empaste. No obstante, García Valladares tendió en algunos pasajes a buscar una uniformidad algo etérea, menos atenta a la respiración y a la línea de canto de los solistas.

El elenco vocal se mostró equilibrado, especialmente en los dúos, tríos y concertantes, donde el diálogo entre las voces alcanzó momentos de verdadera homogeneidad. El barítono Jan Antem, en el rol titular, ofreció un Don Giovanni de sólida construcción escénica, combinando lirismo, agilidad y proyección. Su dúo con Zerlina, Là ci darem la mano, fue uno de los momentos más logrados de la velada. El bajo malagueño Luis López reafirmó su excelente momento vocal al encarnar al Comendador, un papel que, pese a quedar algo velado por la masa orquestal, resultó determinante en la escena final del segundo acto.

La soprano islandesa Bryndís Guðjónsdóttir (Donna Anna) mostró solvencia escénica y un control vocal estimable, con agudos bien colocados y gusto en los adornos, aunque con cierta irregularidad en la proyección. Por su parte, el tenor Pablo Martínez compuso un Don Ottavio de voz firme y timbre acerado, especialmente convincente en Dalla sua pace. La soprano Karen Gardeazabal elevó el nivel artístico de la función con una Donna Elvira de gran intensidad, coronando su intervención con una lectura de Mi tradì quell’alma ingrata llena de matices y sentido dramático.

En pocas ocasiones se encuentra un Leporello tan sólido y convincente como el interpretado por Daniel Noyola. Su voz, de emisión segura y bien apoyada, sirvió con inteligencia al desarrollo narrativo. Su Madamina, il catalogo è questo fue un ejemplo de canto expresivo y controlado. La soprano Montserrat Ser, como Zerlina, aportó frescura y precisión, combinando virtuosismo y flexibilidad en los agudos. El barítono Yoshihiko Miyashita, como Masetto, completó con acierto el reparto, resolviendo su parte con energía y buen gusto musical. 

El resultado global fue el de una versión equilibrada, contenida e intencionada, en la que se puso de relieve la coherencia del trabajo conjunto y el respeto por el texto mozartiano. Si bien la dirección musical podría haber favorecido mayor contraste dinámico y una respiración más orgánica en los recitativos y concertantes, la lectura escénica de Ligorio aportó una notable unidad visual y teatral. 

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