Canto, escena y emoción. El Maestranza enciende una Lucrezia Borgia de alto voltaje lírico

Dic 11, 2025

© Guillermo Mendo – Teatro de la Maestranza

Lugar: Teatro de la Maestranza
Evento: Ópera 
Programa: Lucrezia Borgia, de Gaetano Donizetti
Intérpretes: Marina Rebeka, soprano; Krzysztof Baczyk, bajo; Duke Kim, tenor; Teresa Iervolino, mezzosoprano; Jorge Franco, tenor; Pablo Gálvez, barítono; Julien Van Mellaerts, barítono; Cristiano Olivieri, tenor; Matías Moncada, bajo; Moisés Marín, tenor y Alejandro López, bajo. Coro de la Maestranza. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla bajo la  dirección musical de Maurizio Benini. 
Fecha: 6 de diciembre de 2025

Autor: Alejandro Fernández

Más de setenta títulos líricos integran el extenso catálogo de Gaetano Donizetti, quien en 1833 cerró el año con cuatro nuevas óperas, entre ellas Lucrezia Borgia, compuesta sobre libreto de Felice Romani a partir de la novela de Victor Hugo. El Teatro de la Maestranza presentó una coproducción con el Auditorio de Tenerife, la Ópera de Oviedo y el Teatro Comunale de Bolonia, ambientada en la Italia fascista. La escenografía fija de Andrea Belli y el vestuario de Valeria Bettella crearon un entorno visual opresivo que Silvia Paoli aprovechó para potenciar los giros dramáticos del compositor, equilibrando acción y canto y dotando al drama romántico de coherencia formal. El marco escénico creado, oscilante entre Venecia y Ferrara, reforzó la atmósfera asfixiante de un mundo voluptuoso, intrigante y violento, donde la violencia, más insinuada que visible, se proyectó intensamente sobre el espectador.

En el ámbito musical, el maestro Maurizio Benini, especialista en bel canto, dirigió con gesto preciso a la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, convirtiéndola en un elemento vertebral del desarrollo dramático. Su lectura, ágil y controlada, alternó dinámicas vivas y tempi reposados, aportando densidad dramatúrgica y equilibrio entre teatralidad y lirismo. Destacó su capacidad para dar consistencia al débil libreto y coherencia a la visión escénica de Paoli.

El coro masculino, preparado por Iñigo Sampil, intervino estratégicamente en prólogo y actos, reforzando la tensión narrativa entre nobles y cortesanos y encarnando la crueldad del duque de Ferrara. Su emisión amplia y compacta encajó plenamente con la concepción musical de Benini, completando una propuesta de gran cohesión expresiva.

Gran apuesta del Teatro de la Maestranza en la idoneidad del elenco solista, encabezado por la experiencia donizettiana de la soprano Marina Rebeka en el rol de Lucrezia, que pese a lo polémico de la ambientación escénica —una especie de lúgubre matadero—, supo construir una perspectiva personal y creíble del personaje junto al bajo Krzysztof Baczyk como Don Alfonso, el revelador Gennaro de Duke Kim y la no menos decisiva Teresa Iervolino como Maffio Orsini, auténticos defensores de la meditada y en ocasiones quirúrgica línea de canto trazada por el compositor de Bérgamo. Se sumaron las voces de Moisés Marín, Alejandro López y el Gubetta de Matías Moncada.

De timbre sólido, gran expresividad y amplia emisión, M. Rebeka desplegó sabiduría y dominio vocal unidos a un profundo conocimiento del personaje. Lejos de recrear una figura tibia, ofreció una Lucrezia que sobrevive en un mundo violento del que es parte y víctima. Destacaron el aria introductoria Com’è bello, quale incanto del prólogo, elegante y contenida, y la conclusiva Era desso il figlio mio, de intensidad trágica, donde la soprano se mueve con seguridad entre delicados pianissimi y pasajes de intensa fuerza dramática.

Difícil disociar el oscuro Don Alfonso de la rotundidad del instrumento de Baczyk. Su seguridad vocal, proyección, dicción refinada y una helada distancia escénica revistieron de peso y oscuridad al personaje, especialmente en el dúo Guai se ti sfugge un moto junto a la Lucrezia de M. Rebeka.

La línea de canto firme y acerada del Gennaro de Duke Kim fue otro de los puntales de la función. Su voz, brillante en el plano alto, manejó ornamentación y coloratura con natural soltura, ofreciendo momentos precisos y expresivos, muy especialmente en el dúo Ciel! Che vegg’io? Entre los comprimarios destacó el tenor granadino Pablo Gálvez, junto al sólido Astolfo de Alejandro López. Mención aparte finalmente merecen Teresa Iervolino, excelente en el exigente papel travestido de Maffio Orsini, junto a un inspiradísimo Moisés Marín como Rustighello, ambos sostén del desarrollo dramático de esta inquietante producción con la que el Teatro de la Maestranza ha desarrollado esta singular puesta en escena.

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