En un lugar de la Mancha…

Jun 26, 2026

Título: Última escala
Autora: Marta San Miguel
Editorial: Libros del Asteroide
ISBN: 9788410178400

Autor: Luis Suárez
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Marta San Miguel no se limita a ofrecer una novela histórica convencional. Destaca por fundir la crónica, el ensayo y la poesía sobre la figura del pianista, compositor y pedagogo, Enrique Granados. A diferencia de los ensayos que ya existen sobre el análisis de la obra del mismo, aquí se nos ofrece una obra delicada, rítmica y profundamente conmovedora, con la banda sonora sobre sus obras, ofrecidas en código QR en una estructura dual, narrando el pasado (desde su tierna infancia) y su destino fatal en el Canal de la Mancha, cuando estaba en el cénit de su carrera, alternando capítulos en tercera persona para la vida del músico con pasajes en primera persona donde ella misma expone sus dudas y hallazgos como investigadora. Busca un estilo cercano, haciendo que el ritmo de las frases imite las pulsaciones y silencios de una partitura, utilizando el silencio, la pausa y el crescendo lírico. Leer la novela produce el mismo efecto evocador que escuchar escalonadamente las obras de Granados. 

El origen del libro se remonta a la infancia de la autora, estudiante de música, como tantos/as en esa época, cuando escuchó una pieza de Granados y leyó su trágica historia en el folleto de un CD. El Canal de la Mancha fue el escenario del fatídico desenlace de la obra: el 24 de marzo de 1916 cuando el transatlántico Sussex en el que viajaba el matrimonio fue torpedeado por un submarino alemán. La esposa de Granados cayó al agua y él, pese a que no sabía nadar, se lanzó para intentar salvarla. Ambos murieron ahogados y abrazados por las olas. Su pieza más célebre es la Suite para piano Goyescas (1911), una de las cumbres de la literatura para el instrumento inspirada en los cuadros de Francisco de Goya. El éxito de su adaptación a la ópera lo llevó a actuar en el mismísimo Metropolitan Opera House de Nueva York, justo antes de emprender el viaje de regreso en el que perdería la vida.

A pesar de presentarse como una recreación literaria, el armazón del libro posee un rigor histórico extraordinario. San Miguel pasó años vaciando cartas personales, diarios y archivos oficiales custodiados en la Biblioteca de Catalunya y la Fundación Juan March, fundamentándose, asimismo, en investigaciones musicológicas de referencia, como los estudios de Miriam Perandones o la biografía canónica de Josep Maria Rebés. Hay un único vacío en la narrativa expuesta. Detrás de las famosas Escenas Románticas de Enrique Granados (1903) se esconde uno de los episodios más tormentosos, privados y novelescos de su biografía. Aunque en las ediciones comerciales no siempre aparece un nombre explícito —debido a la censura familiar—, el manuscrito original y las investigaciones biográficas confirman que la suite estuvo dedicada en secreto a María Oliveró, una alumna aventajada de su famosa Academia Marshall – Granados con la que el compositor mantuvo un intenso y apasionado romance extramatrimonial. Granados concibió esta obra musical como un reflejo directo de sus citas, de la pasión mutua y del dolor de su amor prohibido, especialmente en movimientos como el Lento con éxtasis o el Epílogo spianato. Cuando su esposa, Amparo Gal, descubrió el verdadero significado erótico y sentimental oculto en la partitura, así como la identidad de la musa, su reacción fue rotunda. Amparo obligó a Granados a echar a María Oliveró de la Academia Granados de Barcelona. Le exigió el firme compromiso de no volver a ver a su amante nunca más. Le prohibió terminantemente volver a tocar las Escenas Románticas, tanto en público como en el ámbito privado. Para Amparo, escuchar esas notas era revivir la traición en su propia casa. La paciencia de Amparo volvió a ponerse a prueba más adelante cuando Granados se encaprichó de otra mujer llamada Clotilde (a quien dedicó una pieza homónima). Con los años y ante la evidente inclinación del músico por buscar «musas externas», Amparo adoptó una postura más resignada pero firme. Según documentan los biógrafos, llegó a decirle que solo le pedía que regresara a casa a ver a sus hijos. A pesar de estas fuertes turbulencias matrimoniales causadas por el genio romántico del músico, el destino quiso que ambos murieran juntos y abrazados en el Canal de la Mancha en 1916. Marta San Miguel aborda las tensiones sentimentales de Enrique Granados huyendo del chisme plano o del melodrama escandaloso. La autora utiliza el conflicto matrimonial no para juzgar al genio, sino como un vehículo para explorar el proceso de la creación artística y el peso del sacrificio doméstico. La autora prepara el terreno para el clímax trágico y la narrativa del triángulo amoroso y las crisis matrimoniales se resignifica por completo al llegar al trágico desenlace en la Gran Guerra, mostrando a una Amparo serena en su último viaje (aliviada porque por fin el éxito en Nueva York les daría holgura financiera). Las infidelidades del pasado se diluyen ante el último y definitivo acto de devoción absoluta de Granados, quien prefirió ahogarse intentando rescatarla antes que salvarse solo. 

Marta San Miguel teje una brillante red de metáforas donde el agua actúa como el gran elemento conductor de la novela. En la obra, el agua tiene una doble dimensión: una simbólica/narrativa —dentro del texto— y otra histórica/crucial que afectó de forma asombrosa el futuro de la descendencia del músico. En la novela, el agua no es solo un decorado o el escenario de la tragedia: funciona como un personaje invisible y un motor poético. El músico padecía de hidrofobia y siempre intuyó que el mar sería su fin. La narración utiliza el agua como un elemento fatalista, un destino inevitable que acecha al compositor durante toda su vida. Para San Miguel el agua simboliza el tiempo que pasa y la memoria que diluye los recuerdos. Investigar la muerte de Granados es como intentar rescatar algo flotando a la deriva en alta mar. El aspecto más fascinante y real que resuena tras el cierre de la novela es cómo el agua transformó radicalmente el destino genético y profesional de los descendientes de Granados, funcionando como una respuesta directa e irónica al trauma. Pasa de «tumba romántica» a transformarse en la forma de vida y gloria de sus propios hijos y nietos. La estirpe de Granados no huyó del agua que mató al compositor: decidieron conquistarla. 

Como «epílogo» podemos afirmar que el libro supone una de las mejores puertas de entrada literarias al universo de Enrique Granados, no por acumular datos enciclopédicos, sino por su extraordinaria capacidad para capturar el alma y la psicología del compositor.

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