Muti y la Orchestra Luigi Cherubini: fidelidad verdiana y vanguardia

Jul 4, 2026

©Fermin Rodriguez ©Festival Internacional de Música y Danza de Granada

Lugar: Granada. Palacio de Carlos V
Evento: 75º Festival Internacional de Música y Danza de Granada. Concierto sinfónico 
Programa: «Sinfonía», de Nabucco y Le quattro stagioni, bailables de I vespri siciliani, de G. Verdi; El sombrero de tres picos (suite nº 2), de M. de Falla y Bolero, de M. Ravel.
Intérpretes: Orchestra Giovanile Luigi Cherubini, bajo la dirección de Riccardo Muti.
Fecha: 28 de junio de 2026

Por:  Alejandro Fernández

Coincidiendo con el ecuador de la 75ª edición del Festival Internacional de Música y Danza de Granada, y en el marco privilegiado del escenario del Palacio de Carlos V, la agenda del gran festival andaluz recayó en la visita de una de las jóvenes orquestas europeas más prestigiosas: la Orchestra Giovanile Luigi Cherubini. Este ambicioso proyecto formativo aspira, desde su creación en 2004,  a tender puentes entre el conservatorio y la vida profesional. Fundada por el maestro Riccardo Muti, la agrupación posee una doble sede entre Piacenza y Rávena, siendo en esta última su orquesta residente. Para esta cita, la agrupación y su fundador articularon una propuesta de indudable coherencia estética, donde la danza destacó como hilo conductor del programa.

Tanto la orquesta Luigi Cherubini como el maestro Muti fueron protagonistas de un interesante programa en los atriles conformado, en la primera parte, por el universo verdiano —en el que el director italiano es una autoridad indiscutible—, mientras que, tras el descanso, la atención se centró en el repertorio francés y español de la mano de Manuel de Falla y Maurice Ravel y como homenaje al 150 aniversario de Manuel de Falla. Un concierto imprescindible que permitió apreciar la relación entre la veteranía del maestro napolitano y la frescura de una orquesta siempre incipiente, en la que fue posible valorar la claridad expositiva y un absoluto rigor en las dinámicas y la agógica que no restó brillo a las distintas secciones ni a los atriles solistas.

El concierto como tal se abría, tras un caluroso recibimiento del auditorio que abarrotaba el Carlos V al maestro Muti, con la «Sinfonía» de Nabucco, obertura de la ópera del mismo título que supuso el primer gran éxito de G. Verdi. A pesar de su brevedad, la página sirvió para establecer la estrecha relación entre los músicos del conjunto y la batuta en términos de trabajo técnico y expresión artística. La sinfonía, que sirve de apertura al drama lírico, condensó en pocos minutos los contrastes que articulan esta ópera: desde la severidad casi religiosa de la introducción hasta el ímpetu rítmico que anticipa el célebre coro Va, pensiero.

Le quattro stagioni de G. Verdi fue uno de los platos fuertes del programa. Incluido dentro de la ópera I vespri siciliani, se trata de la única incursión del compositor de Busseto en la redacción desde el origen de un ballet, concebido como una convención necesaria para el estreno de la obra en la Ópera de París. Su extensión ha tentado históricamente a numerosos directores de escena y musicales a suprimir esta sección, una práctica frente a la cual el propio maestro Muti se ha erigido como leal defensor. Estructurada en cuatro tiempos más una introducción, la versión ofrecida por los intérpretes junto al maestro deambuló por la estilización, un atento control dinámico y un cuidado minucioso de los acentos, dejando para el final una coda enérgica y repleta de brillo.

Y tras el universo verdiano, la segunda parte se adentró en las vanguardias, nuevamente con el ballet como leitmotiv de la mano de Falla y Ravel. La Andalucía del siglo XVIII inspira El sombrero de tres picos, de la que la Orquesta Luigi Cherubini optó por la Suite n.º 2. Fue este un alarde de intención donde la música de Falla apareció muy cercana en expresión al Falla leído días antes en el mismo escenario por la Orquesta de la Comunidad Valenciana, si bien se mostró algo distante y menos acentuada, optando aquí por una versión más compacta.

Finalmente, otra página de ballet de la mano de Ravel y su icónico Bolero cerraba este programa redondo tanto en la propuesta como en la resolución artística. La obra sirvió para poner a prueba la tensión y el talento de las distintas secciones de la orquesta, de las cuales cabe destacar el desempeño de las maderas y de unas cuerdas especialmente inspiradas en las violas y los violonchelos.

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