Arcadi Volodos: «A mí me gusta viajar dentro de la música»

Oct 9, 2026

Ainhoa Arteta durante la entrevista con Mediotono Editorial

©Daniel Díaz

© Cortesía AMC Music

  • Arcadi Volodos (San Petersburgo, 1972) es uno de los pianistas más singulares de su generación: virtuoso técnico, intérprete profundamente introspectivo y arreglista de obras orquestales para piano. Reside en Madrid y mantiene una carrera centrada casi exclusivamente en el recital solista.
  • Aprovechamos su visita a Málaga para conocer más en profundidad la personalidad artística y humana de este músico de referencia a nivel internacional. La cita viene de la mano de la Fundación Concurso Internacional de Piano Ciudad de Málaga en colaboración con el Teatro Cervantes en lo que pretende ser una cita más amplia próximamente de la mano de otros recitales de altura conformando ciclo propio.

Autor: Alejandro Fernández

Maestro antes que nada darle la bienvenida a Málaga y preguntarle si ha podido disfrutar de ella. Su formación inicial fue en canto y dirección, no en piano, y empezó a dedicarse seriamente al instrumento relativamente tarde. ¿De qué manera cree que esa experiencia «desde fuera» del piano ha moldeado su manera de escuchar, de frasear y, en cierto sentido, de trasladar la orquesta al teclado en sus recitales? 

Aquí quiero aclarar algo importante: nunca estudié canto solista a nivel profesional. De niño, como todos los alumnos de la Escuela Coral de la Capella, yo simplemente tenía que cantar en el coro de niños. Y cuando a un niño lo obligan a hacer algo a la fuerza, eso se convierte rápido en una rutina y provoca rechazo. Eso fue exactamente lo que me pasó: empecé a odiar el canto. Hoy de verdad me arrepiento de eso. Ahora escucho mucha música coral y disfruto muchísimo cómo suena. En cuanto a la dirección, la estudié poco tiempo porque después me cambié a piano profesional. Muchas veces la vida de los músicos termina siendo trágica, y lo peor es que todo empieza en la infancia. Básicamente, se sacrifica la vida del niño por el instrumento. Pero yo tuve suerte y conmigo no fue así. En realidad, los profesores no veían ningún talento especial en mí. Por eso nadie me presionaba, nadie esperaba milagros de mí y no tuve que sacrificar nada. No fue una decisión mía, simplemente fue cosa del destino. Y creo que eso fue lo mejor que me pudo pasar: tuve una infancia de lo más normal, como cualquier otro niño.

Ainhoa Arteta durante la entrevista con Mediotono Editorial

© Cortesía AMC Music

Ha decidido concentrarse casi exclusivamente en el recital solista, renunciando en gran medida a los conciertos con orquesta. Más allá de las razones prácticas, ¿cómo ha transformado esa elección su relación con el repertorio, con el riesgo en el escenario y con la complicidad del público? 

Dejar de tocar con orquesta y reducir mi actividad concertística fue una de las mejores decisiones de mi vida. Hoy todo se ha vuelto demasiado industrializado. Prácticamente ya no quedan oportunidades para establecer un verdadero entendimiento con el director y la orquesta. Todo se hace con prisas: hay que preparar el programa rápidamente, te convocan a las nueve de la mañana para «ajustarlo todo cuanto antes» y, de repente, al día siguiente ya tienes el concierto. Y mientras tanto, el director está pensando más bien en su sinfonía… ¡Esta no es mi manera de entender la música! A mí me gusta viajar dentro de la música. En un recital de piano tengo mucha más libertad para elegir colores, tempos, rubato; en definitiva, la libertad de expresión es incomparablemente mayor que cuando toco con una orquesta. 

Usted ha dicho que sus transcripciones están más cerca de la improvisación que de la composición y que prefiere no fijarlas en papel para poder cambiarlas en cada concierto. ¿Podría contarnos un caso concreto en el que una misma transcripción haya “cambiado de piel” entre dos recitales, y qué le llevó a tomar esas decisiones en el escenario?

Nunca he dicho que mis transcripciones estén más cerca de la improvisación que de la composición. Lo que quería decir es que lo que más me atrae de ellas es la posibilidad de presentar cada vez de una manera diferente el mismo material musical. Me gusta esa libertad de interpretación y la posibilidad de no tocar nunca exactamente de la misma manera un mismo material. Eso es precisamente lo que más me inspiraba y me atraía de las transcripciones. Aunque, debo reconocer, en los últimos años me han gustado mucho menos. Pero entiendo hasta qué punto gustan a la gente. Muchos de mis amigos vienen de distintos países, toman un avión expresamente para asistir a mi concierto, y yo veo el placer que sienten cuando toco mis transcripciones. Por eso siempre estoy dispuesto a tocarlas, ya no tanto por mi propio placer, sino por el placer de los demás. 

Ainhoa Arteta durante la entrevista con Mediotono Editorial

© Cortesía AMC Music

Ha criticado con contundencia el efecto de plataformas como TikTok sobre la capacidad de atención y la escucha profunda. Más allá de esa crítica, ¿qué medidas concretas cree que podrían adoptar salas de conciertos, festivales, medios y también los propios músicos para proteger y fomentar esa escucha pausada que exige la música clásica?

 Creo que aquí la cuestión no es tanto tomar determinadas medidas, sino, ante todo, la educación y el sistema educativo. Tiene que ser diferente. Es una cuestión fundamental, porque todo se forma en una persona desde los primeros años de vida. Y es de enorme importancia qué lugar damos al arte desde la infancia, qué consideramos verdadera música y qué significado damos, en general, a la música. Hoy escucho a mi alrededor una enorme cantidad de basura musical que ni siquiera puedo llamar música. Es simplemente una especie de ruido organizado que suena por todas partes: en los aeropuertos, en las tiendas, en los restaurantes. No me sale llamar a eso música. Y es muy importante que la gente comprenda por fin que la música no existe simplemente para gustar. La música es un esfuerzo espiritual, intelectual y emocional. Exige de la persona un trabajo interior. Y solo cuando la gente comprenda el verdadero significado de la música y su verdadero propósito cambiará también la actitud hacia el concierto. Una persona no debería ir a un concierto simplemente para obtener placer o relajarse. Debería ir para salir de los límites de su mundo cotidiano, elevarse a otro mundo y volver después del concierto siendo una persona diferente: más profunda, más limpia interiormente y enriquecida por dentro. 

Usted ha subrayado que «lo que perdura es la música, no el intérprete», en un momento en que la imagen del músico parece a veces tan importante como su arte. ¿Cómo vive esa tensión entre el deseo de discreción y las exigencias de visibilidad del mundo actual? 

Cuando digo que lo que permanece es la música y no el intérprete, me refiero a algo muy concreto. Después de un concierto, me resulta mucho más agradable que se acerquen a mí y no me digan «qué maravillosamente ha tocado» o «qué maravilloso ha sonado», sino, por ejemplo: «Qué música tan maravillosa la de Chopin». Para mí, ese es el mayor elogio y la mayor satisfacción que puedo recibir de un concierto. En cuanto a los jóvenes músicos de hoy, realmente me dan pena. Se ven obligados a estar constantemente inmersos en una especie de flujo continuo de acontecimientos: las redes sociales, la publicidad constante, la autopromoción, la necesidad de estar continuamente recordando que existen. Es una vida muy dura y, sobre todo, tiene muy poco que ver con el arte. Entiendo hasta qué punto en mi época todo era más sencillo. Y, mirando hacia atrás, puedo decir que habría sido un hombre muy feliz si hubiera podido vivir mi juventud exactamente como la viví: junto a mi mujer, con la que viajaba  y prácticamente no nos separamos durante muchos años. Fue maravilloso: sin redes sociales, sin toda esa necesidad constante de estar en el centro de atención. 

Ainhoa Arteta durante la entrevista con Mediotono Editorial

© Cortesía AMC Music

Maestro, estamos concluyendo la entrevista y quisiera aprovechar para preguntarle  que leyendo el programa del concierto da la impresión de estar dedicado íntegramente, a excepción de la página introductoria de F. Schubert, a Chopin, un compositor al que usted mismo ha descrito como quien «inició su amor por el piano». ¿Qué le lleva en este momento de su trayectoria a apostar por un programa chopiniano y qué busca revelar o redescubrir en su música que quizás no estaba tan presente en etapas anteriores?

Creo que mi concierto está dedicado por igual a Chopin y a Schubert. Son dos partes completamente iguales en importancia, dos partes plenas e independientes la una de la otra. En cuanto a Schubert, llevo toda la vida tocando esta sonata y la quiero muchísimo. Cada vez que vuelvo a ella, tengo la sensación de que se me revela algo nuevo, algo todavía más desconocido. Es una obra verdaderamente inagotable. En general, creo que este tipo de obras del último Schubert, y especialmente sus últimas sonatas, hay que tocarlas durante toda la vida. Para un músico son como la Biblia. Incluso ahora, a pesar de conocer esta sonata y de llevar toda la vida tocándola, descubro constantemente cosas nuevas en ella que antes simplemente no había percibido o no había comprendido. En cuanto a Chopin, lo toqué muchísimo en mi juventud, cuando comenzó mi amor por el piano. Interpreté muchas de sus obras. Aunque después, por razones que ni siquiera yo mismo conozco, durante muchos años dejé completamente de tocar su música. 

Y ahora, esta temporada, vuelvo a Chopin en mis conciertos con enorme placer y alegría. Y me hace muy feliz.

 

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