© Guillermo Mendo
Lugar: Teatro de la Maestranza (Sevilla)
Evento: ópera
Programa: Roméo et Juliette, ópera en un prólogo y cinco actos de Charles Gounod
Intérpretes: Nina Minasyan, soprano; Santiago Ballerini, tenor; Riccardo Fassi, bajo; Maxim Listin, barítono; Zoltan Nagy, barítono; Mario Bahg, tenor; Anna-Doris Capitelli, mezzosoprano; Julien Van Mellaerts, barítono; Pablo Puértolas, tenor; Andrés Merino, bajo y Valery Guilmanov, bajo. Coro Teatro de la Maestranza. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Dirección musical de Sasha Yankevich.
Fecha: 31 de octubre de 2026
Autor: Alejandro Fernández
Dos décadas después de la última representación de la adaptación del drama shakespeariano que puso en música el francés Charles Gounod, Roméo et Juliette regresaba a las tablas del Teatro de la Maestranza para abrir su nueva Temporada Lírica, con producción musical del coliseo y escénica al cuidado del director de escena Luca di Fusco —director del Teatro dell’Opera di Roma—, estrenada en el Teatro Costanzi la pasada primavera.
La Maestranza apostaba por el equilibrio de voces de los protagonistas para dar continuidad a la propuesta de Luca di Fusco, que renuncia a cualquier elemento no imprescindible en la escena para concentrar la atención en los protagonistas. Visto así, al imponer Di Fusco la desnudez escénica, cabía esperar que el movimiento compensara esa ausencia, pero en esta ocasión resultó elemental. La propuesta de ensoñación hace aguas en este punto, ya que exige a solistas y coro un mayor compromiso actoral que el escenógrafo italiano no consiguió transmitir.
Con todo, el uso continuo del filtro en las constantes proyecciones, con el objeto de contextualizar las escenas, discurrió en ocasiones por la incertidumbre, cuando no por el esquematismo. A ello se suma un contexto histórico —los últimos estertores de la Italia de la Segunda Guerra Mundial— que Di Fusco también desaprovechó al no exprimir la idea de barbarie que rodea a los amantes, los únicos que aparecen en esta especie de film coloreado. En este sentido, la coreografía propuesta por Alessandra Panzavolta quedó reducida a lo anecdótico e insustancial, sin un sentido claro de qué expresar y cómo expresarlo.
Por tanto, la Maestranza estaba obligada a compensar la escena con un elenco vocal intencionado, la solidez del Coro Teatro de la Maestranza, la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla (ROSS) en el foso y la batuta del director ucraniano Sasha Yankevich, quien ya asumió la pasada temporada la dirección musical de la ópera Maria Padilla, de Donizetti, en este mismo foso, sustituyendo de forma imprevista al maestro italiano Riccardo Frizza.
Equilibrio y concreción vocal fue lo que aportaron las voces protagonistas de Nina Minasyan, como Juliette, y del tenor Santiago Ballerini —quien sustituyó en el último instante a Pavol Breslik—, como Roméo. Ambos cantantes aparecen desde un primer instante abocados hacia lo inevitable en el coro Vérone vit deux familles rivales, y en este sentido su capacidad actoral los presenta maduros, a excepción de la exuberante aria Je veux vivre dans ce rêve, que Minasyan firmó con notas altas brillantes, amplitud vocal, cuidado del fraseo y dicción, cualidad esta última apreciada también en la voz de Ballerini que, si bien de emisión menos grande, firmó algo más que un correcto Roméo. El tenor mantuvo una línea de canto coherente, apoyado en el acompañamiento que desde el foso propició en todo momento el maestro Yankevich, al frente de una ROSS sostenida por una dirección caracterizada por la agilidad y el juego de planos con el conjunto sinfónico, que aportó sentido dramático al desarrollo de la tragedia.
Nuevamente voces resueltas y con altura fueron las ofrecidas por el resto del elenco, comenzando por la rotundidad del Stéphano de Anna-Doris Capitelli y de la Gertrude de Ellena Maximova. Superando la austeridad de vestuario y caracterización, ambas cantantes aportaron altura técnica, en especial Capitelli en su Que fais-tu, blanche tourterelle?, sobresaliente por la carnalidad con la que la interpretó. Por su parte, Maximova hizo gala de proyección vocal y presencia escénica.
Riccardo Fassi defendió un Frère Laurent de gran presencia en la escena y convicción en lo canoro, distinguiéndose por el cuidado del fraseo y la emisión timbrada. Maxim Listin y Mario Bahg aportaron corrección y equilibrio al desarrollo del drama. Cabe anotar la amplitud y proyección de Zoltan Nagy frente a la fragilidad del Duque de Verona de Valery Guilmanov.
Sensaciones contrapuestas las que deja este primer título de temporada del Teatro de la Maestranza.
















