Sara Baras del revés

Oct 26, 2026

© Dani Medina/Teatro Cervantes

Lugar: Teatro Cervantes de Málaga.
Evento: Danza
Título: INFINITA.
Dirección e interpretación principal: Sara Baras. Cuerpo de baile: Chula García, Cristina Aldón, Carmen Bejarano, Miriam Pérez, Elena Arias, María Guerrero, Irene Flores y Sara Baras (8 provincias). Dirección musical: Keko Baldomero. Voz en off: Antonio Banderas. Colaboración grabada interpretando un trilla: José Mercé.
Fecha: 24 de octubre de 2026.

Autor: Sergio García Moreno.

Hacer una crónica no es tarea sencilla. Resulta inevitable acudir a un espectáculo con una idea preconcebida de lo que esperamos encontrar; más aún cuando sabemos exactamente qué queremos ver. Existe, además, una liturgia tácita en el acto de acudir al teatro, un protocolo emocional del que apenas se habla y que condiciona nuestra manera de contemplar lo que sucede sobre el escenario. Ir al teatro es disponerse a sentir, viajar y permitir que la emoción palpite a ritmos ajenos a la cotidianidad. Si se trata de ver a Sara Baras en el Teatro Cervantes, las sensaciones se multiplican. Y si acudimos a contemplar a alguien con quien compartimos una etapa hermosa e irrepetible, que recordamos con cariño, la experiencia adquiere otra dimensión. 

Como en Entre dos aguas, de Paco de Lucía, hoy me descubro entre dos orillas: la admiración que permanece y el asombro que suscita un silencio inesperado tras contactar con su departamento de prensa. Me ha sorprendido comprobar que los recuerdos no siempre ocupan el mismo lugar en quienes un día los compartieron. Y, aun así, sigo mirándola con cariño, incapaz de disociar a la artista que admiro de la persona que mi memoria conserva. Tal vez ahí resida mi contradicción. Esta crónica se me antoja compleja: como si la habitación que siempre me pareció amplia conservara intactas sus dimensiones, aunque yo percibiera de otro modo sus límites. El espacio no ha cambiado. Quizá sea mi mirada la que ya no lo habita igual.

Hablemos de ese ayer que apenas dista unas horas, de aquello que sí puedo contarles y que consiguió que Málaga se hiciera infinita en su particular «Teatro Boquerón». La escena se abre con un cuerpo de baile de admirable armonía y excelencia ejecutora. Los movimientos se reproducen con precisión, las cabezas acentúan los golpes con ingenio y, aunque la propuesta no entraña una complejidad técnica extraordinaria, evidencia un dominio notable de la sincronía. Las pisadas, la colocación corporal, los vuelos del vestuario y las diagonales hacia los extremos del escenario componen un entramado visual muy coherente y sorpresivo. He advertido variaciones en la ejecución de Sara. Se mantiene el característico recogido del vestido: eje vertical firme, pies juntos y concentración previa al despliegue de su inconfundible percusión. Después, la fuerza se libera en golpes consecutivos que impulsan el movimiento con contundencia. Se incorporan, con acierto, quiebros de perfil, una mirada dirigida al público desde una posición baja, el puño cerrado y la rodilla contrapuesta. Son gestos de eficacia escénica incontestable: interpelan al espectador, provocan pequeños saltos en la butaca y nos hacen contener la respiración para liberarla cuando vuelve el compás. En esa manera de convocar al público hay una complicidad que trasciende la ejecución y convierte la contemplación en experiencia compartida.

Celebro también el regreso a una concepción escénica que remite a producciones anteriores, un lenguaje visual cuya recuperación considero necesaria para la danza y cuya ausencia he echado en falta en algunas propuestas recientes. El diseño lumínico destaca por su pulcritud. Sobre el escenario blanco, las proyecciones y la iluminación construyen atmósferas y materializan la fantasía del viaje. No se limitan a iluminar la acción: la acompañan y, por momentos, la engrandecen. La paleta cromática está concebida para evocar Andalucía y sus provincias. El vestuario merece atención: sus vuelos y cortes a capa prolongan el movimiento y aportan dinamismo y riqueza plástica. No obstante, habría puesto mayor énfasis en la dimensión folclórica de algunos pasajes o matizado la intensidad cromática para favorecer una lectura más cohesionada.

Mención especial merece el guiño a Málaga mediante unos verdiales de los Montes. Confieso que eché en falta la vara de alcalde, elemento que habría completado la evocación de esta tradición y que, en mi imaginario, habría hecho más persistente el aroma a migas. Es una apreciación personal, condicionada quizá por esa manera tan malagueña de vincular el folclore con aquello que nos pertenece. En ese pasaje, a diferencia del impecable comienzo, percibí una leve merma en la sincronía del cuerpo de baile: un desajuste menor, pero apreciable cuando el listón se ha situado tan alto. Las voces, las guitarras, el violín y la percusión constituyen una maravilla absoluta. La música sostiene la intensidad dramática y alimenta la relación entre cuerpo, ritmo y emoción. La inconfundible voz de Antonio Banderas, y la interpretación de la trilla de Mercé aportan peso a la escena, ambos desbordan solera sonora.

Hay excelencias que apenas necesitan explicación: basta con escucharlas. Levantar una producción así, sostener una compañía de semejante calibre y preservar un equipo solvente constituye una empresa de enorme exigencia. Mantener viva una estructura artística durante cerca de veintiocho años merece mi más absoluto respeto. Solo cabe decir: chapó. Se dice que hay personas que ganan en las distancias cortas. Sara siempre gana, pues también en las largas sabe imponerse. Esta noche, el Teatro Cervantes le ha brindado varias ovaciones, nacidas de una emoción que necesita hacerse audible. A ello se sumó un fin de fiesta en el que Triqui tuvo mucho que ver, estrechando los vínculos entre el escenario y el patio de butacas. 

Hasta aquí, la crónica de lo que vi y sentí. Pero existe otra lectura, menos visible: la que surge cuando la admiración artística convive con las preguntas de la experiencia personal; cuando el pasado permanece vivo, aunque no sepamos si continúa habitando del mismo modo al otro lado. Hoy no les invito únicamente a leer la crónica de un espectáculo, sino a mirar desde otra perspectiva. A descubrir lo que queda cuando conviven la belleza, la crítica, la memoria y el desconcierto. Les invito a leer Sara Baras del revés.

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