© Orquesta Ciudad de Granada
Lugar: Auditorio Manuel de Falla. Granada
Evento: Fundación la Caixa Conciertos participativos
Programa: El Mesias, de G. F. Haendel HWV56.
Intérpretes: Orquesta Ciudad de Granada y Coro de la Orquesta Ciudad de Granada que contó con la participación de una decena de formaciones corales de la ciudad. Solistas: Pilar Alva-Martín, soprano; Lucía Caihuela, mezzosoprano; Pablo García López, tenor y José Antonio López, barítono. Dirección: Aarón Zapico.
Fecha: 19 de diciembre de 2025
Autor: Alejandro Fernández
Pocas páginas en la historia del arte occidental poseen la fuerza de conmover con los destellos sonoros de aquella que George Frideric Haendel concibió en 1741, arrebatado por un vértigo de inspiración que cristalizó en El Mesías. Desde su estreno dublinés, esta obra ha fascinado a generaciones con una vitalidad arrolladora, atrayendo curiosidad, devoción y un sentimiento de pertenencia. Su espíritu es tan universal que admite lecturas audaces, como las versiones participativas, donde intérpretes y público se funden en un mismo pulso sonoro y el arte deja de ser representación para convertirse en emoción viva. En Granada, esa alquimia tuvo como artífice al Maestro Aarón Zapico, cuya batuta lúcida e incansable logró conjugar la precisión del discurso haendeliano con la emotividad del canto colectivo. Sin una dirección así, el riesgo de extravío sería inminente; con ella, El Mesías recuperó todo su sentido humanista y, sobre todo, compartido.
A ese destino incierto podría haberse aproximado la propuesta encabezada por Aarón Zapico, quien volvió a demostrar la experiencia que atesora en proyectos formativos instrumentales y corales. Su coordinación de una decena de formaciones reveló una labor pedagógica y musical que, por un instante, permitió a muchos vivir una experiencia profesional real en un espacio acústico que mostraba virtudes y exigencias con igual honestidad desde la butaca.
Si a ello se añade su indiscutible trayectoria en el repertorio antiguo y barroco, la curiosidad por llegar hasta Granada estaba más que justificada. Respaldado por los profesores de la Orquesta y el Coro Ciudad de Granada, junto con un cuarteto solista equilibrado, Zapico garantizaba que el oratorio fuera, en esencia, de todos y para todos: una celebración común de la música. En este contexto, las anotaciones deben entenderse a la luz de esa dimensión compartida, porque cada reto planteado por Zapico convierte al oyente en parte activa del proceso musical, y el programa participativo del pasado viernes diecinueve, en el Auditorio Manuel de Falla, fue ejemplo de ello.
En esta interpretación, la OCG se convirtió en el pincel con el que Haendel dibuja su oratorio. En los instantes a solo —la Sinfonía de apertura, la Pifa o el gran retablo del Aleluya y la fuga final del Amen— sonó una cuerda sólida y carnal, con densidad y empaste, reforzada por el debut de la nueva ayuda de concertino, la maestra Meri Khojayan. Su aporte acentuó la vitalidad de las cuerdas, unidas a la profundidad de los graves junto con el continuo. Las maderas y las dos trompetas completaron una plantilla reducida que, si bien se veía algo contenida en los tutti corales, mantuvo equilibrio gracias a la habilidad de Zapico para distinguir dos planos complementarios —la interpretación canónica y la participativa—, integrando ambas sin tensiones ni jerarquías.
En este oratorio convergen el lirismo italiano, la grandeza coral inglesa y el rigor del contrapunto alemán: un tejido perfecto para que el elenco solista jugara con la expresividad y los afectos. La soprano granadina Pilar Alva-Martín lució un instrumento cristalino y generoso, de fraseo medido, dicción clara y notable sentido dramático, como ya demostró en su recital del pasado Festival Internacional de Música de Granada.
La mezzosoprano Lucía Caihuela destacó por su dicción precisa y un rango medio amplio, capaz de volcar en el sentido dramático que Zapico subraya en su lectura de El Mesías. En este juego de contrastes se situaron las voces del tenor Pablo García-López y el barítono José Antonio López, ambos guiados por la línea emocional del oratorio, donde la narración se sustituye por la introspección teológica y la teatralidad nunca llega a fin último.
El instrumento vocal de García-López se mostró ideal para un repertorio poco habitual en él; precisamente esa novedad reveló a un músico convincente. La segunda parte del oratorio fue su momento decisivo, con una emisión intencionada y equilibrada. José Antonio López, por su parte, ofreció en The trumpet shall sound un ejercicio vocal de referencia, fruto del cuidado habitual que imprime a sus proyectos. No solo resolvió con solvencia, sino que traspasó y emocionó con su línea de canto. En un género poco frecuente en su carrera, entregó una versión de vocalidad aquilatada y sentido teatral, cerrando un Mesías de auténtico compromiso artístico y profundo valor participativo.





